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Giro catalán a un nacionalismo previsible… y a la derecha

Ramón Zallo en Deia

El independentismo social crece, pero el independentismo partidario no lo hace, en Catalunya ha ganado la opción propensa a renegociar la “relación” con España de un país decepcionado pero no tan descreído como parece. Se trata de un mapa provisional


Con una participación suficiente (60%), se ha abierto un nuevo ciclo, tras el experimento de gobierno tripartito de izquierdas de siete años. El electorado ha votado, lo primero de todo, contra el gobierno. Bajan todos. Y lo ha hecho desde la referencia de país y para lograr un liderazgo estable y posibilista. Le ha dado casi todo el poder a CIU.

En la agenda de estas elecciones se barajaban, al menos, cuatro temáticas: la identidad, la relación política y económica con España, el bolsillo en relación con la redistribución social interna y, finalmente, la gestión institucional. La Catalunya mayoritaria, ha votado de manera meridiana. Ha votado, en primer lugar, identidad e identidad nacional (el voto nacionalista más el federalista se mantienen cerca del 80%) y, dentro de ello, por los nacionalismos catalanistas. En efecto, CIU, ERC, SI de Joan Laporta y RI.cat de Joan Carretero, en conjunto, han pasado del 45,5 al 50 %, mientras que el voto nacionalista español (PP y Ciutadans) a pesar del éxito del PP, sólo gana dos puntos de 13,6% a 15,7%. Pierde el federalismo ideológico. También les ha ido bien a las pequeñas apuestas ganadoras y de signo contrario: el independentismo económico, populista y poco elaborado -propuesta de proclamación parlamentaria de la independencia- del SI Laporta y el españolismo resentido de Ciutadans, que repite y mejora un poco. Sigue leyendo

diciembre 3, 2010 Posted by | Ramón Zallo | , , , , , , , , , , | Deja un comentario

¿Fractura social catalana?

Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

De buena fe o tratando de crear alarma, se relaciona el crecimiento del independentismo con el riesgo de fractura social en Catalunya. Este verano, algunas personalidades, entre ellas el presidente de la Generalitat, han hecho referencia a ello. Unos reflexionan seriamente sobre el impacto que puede tener en la cohesión civil un aumento del número de partidarios de un Estado catalán y otros utilizan el fantasma de la ruptura interna como freno. Joan Majó, ex ministro de Industria y voz sensata dentro del campo socialista, escribía lo siguiente, pocos días después de la manifestación del 10 de julio: “Tal vez la imbecilidad de algunos agresores de fuera lo puede acelerar, pero no creo que el independentismo nos resuelva nada a corto plazo y, sin mayoría, podría conducir a la fractura social”.

El condicional que usa Majó señala un punto de cautela intelectual imprescindible cuando hablamos de un fenómeno en marcha, que presenta muchos prismas nuevos y poco comparables con otras épocas y otros territorios. Lo paradójico y revelador es que, en el mismo artículo, Majó describe, sin decirlo, una de las claves del crecimiento independentista de los últimos tiempos: “Estoy dispuesto a ser español siempre que no se me obligue a ser menos catalán de lo que soy y mientras el Estado me defienda a mí, mi nación, mi lengua, el futuro de mis nietos y todo aquello con lo que me identifico. Ahora no veo que sea así”. Son palabras escritas serenamente por un ex ministro de España. Para muchos, el problema no es el independentismo, sino el diagnóstico que formula Majó. Un diagnóstico que es la antesala del nuevo independentismo social, al margen de siglas, capitostes y pugnas personalistas, ciertamente ridículas. Lo nuevo de este momento es que el diagnóstico de Majó, con estas u otras palabras, es asumido por sectores que siempre habían imaginado Catalunya en España. Sigue leyendo

septiembre 9, 2010 Posted by | Francesc-Marc Álvaro | , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario