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Cualquier día pondrás la bandera ahí arriba

Pello Salaburu en Diario Vasco

Serán los nuevos tiempos, y el comienzo desde cero. El caso es que la odiada enseña campa ahora a sus anchas en las instituciones gobernadas por Bildu

Eran los tiempos en los que en las ikastolas se discutía si se aceptaba el proceso de publificación según la propuesta que realizara el consejero Fernando Buesa, asesinado por ETA. La prehistoria para algunos, me temo. Muchos de los que han salido a manifestarse y a romper autobuses durante estos últimos años desconocen por completo en qué consistió aquello. No es de extrañar, porque también estuvimos sumidos en la confusión quienes lo vivimos en primera línea. La ikastola a la que llevábamos nuestros hijos decidió, tras un largo debate, apostar por lo que siempre se había defendido en las ikastolas, desde su creación, por la integración en la red pública. Otros centros optaron por el camino contrario y eligieron la privatización.
El caso es que un día de aquellos, en plena refriega entre quienes defendían una opción y los que querían la contraria, uno de los niños, alumno de la ikastola, desenchufó el micrófono para que quien en aquel momento defendía la necesidad de integrarse en la red pública no pudiera ser oído. Nos quedamos patidifusos, porque su padre casi le aplaudió como si fuera un pequeño gudari en ciernes. Fue el mismo día en que otro defensor de una ‘enseñanza pública, de calidad y gratuita’, pero que votaba siempre por la privatización, le largó a un padre, fuera de sí y señalándole con un dedo, una frase que se me quedó grabada: «Tu pondrás cualquier día la bandera española ahí arriba». Fue el grito perfecto de un energúmeno.
Pues ya ven: son precisamente los sucesores de aquel, sus colegas actuales, quienes hacen que la bandera española ondee con orgullo en el Ayuntamiento de San Sebastian, en el de Lizartza y en algunos más. Sabíamos que este era un pueblo de esforzados harrijasotzailes, de bertsolaris, de científicos, de grandes empresarios y banqueros, de escritores o profesores, de comerciantes y cocineros. Sabíamos que era un pueblo de asesinos y de chivatos. Ahora sabemos también que es un pueblo de hipócritas, o quizás de cobardes. No merecen otro adjetivo quienes han organizado unas broncas fenomenales en cada fiesta, quienes han apedreado los ayuntamientos de Bilbao y San Sebastian, quienes convertían la tranquilidad de las fiestas en una batalla campal para que la bandera española no ondease jamás de los jamases. «No hay voluntad», decían. Y vaya. Parece que no es exactamente así. Serán los nuevos tiempos, y el comienzo desde cero. El caso es que la odiada bandera campa ahora por sus anchas en las instituciones gobernadas por Bildu.
No se qué esperan, si solo es, como afirmaban sin rubor, cuestión de voluntad. Ahora que mandan, y podrían mandar quitarla, prefieren rendirle pleitesía. ¿O será el tema central de debate que plantearán en el año que reclaman para fijar mecanismos de participación?¿Será que ahora puede ir uno por la Gran Vía, el Boulevard, la calle Dato o la Plaza del Castillo con una bandera como la que diseñara Federico Trillo sin que nadie le diga nada? ¿Podrá poner una bandera española en la cazuela en el concurso de paellas de Haizerrota? ¿O en el campeonato de bertsolaris sin que le partan la cara? ¿Qué tal bajo la foto de un preso?
Todos tenemos nuestras contradicciones, grandes y pequeñas. Solo había un sector inmune a ellas, movido siempre por ideales puros y reglas propias. Pero son también unos inconsistentes, cuán gran lástima. Ese mundo ha denunciado por vez primera en público el destrozo de los monolitos erigidos en recuerdo de los asesinados Juan Mari Jauregi y Fernando Múgica, aunque no haya denunciado aún sus muertes y se haya referido de seguido a un militante caído en un enfrentamiento con la policía hace casi quince años. También se queja de lo de Hipercor, hay que ser selectivo. Así que todos iguales. Es el revisionismo de nuestra propia historia. Esa historia que quieren que comience en el cero que marquen ellos. Igualando a parientes de violadores y a violados, a asesinos y víctimas, a etarras y antifranquistas (como si ETA no hubiera matado a ningún antifranquista), a quien sufre sin saber por qué y al que sufre por haber elegido el camino del enfrentamiento con la sociedad.
A los que han perdido un hijo o una hija con una bomba lapa, y al que tiene a su hijo asesino en la cárcel, sin que ninguno de estos últimos tenga todavía la más mínima consideración con los primeros. Con decir que todos sufren (lo cual es cierto) quieren arreglar el mundo. ‘Todos juntos, todos los colores, todos los sufrimientos’ es el nuevo mantra. Constructores de la nueva historia, se ocupan de los cimientos: cerrad los ojos, tapaos la nariz y cubríos las orejas, que nosotros nos hemos dejado nuestras capuchas de Caperucita en casa. Y cuando hayáis hecho todo eso, amaos los unos a los otros así como yo os he jodido. Todo debe ser concordia, qué pena que se nos haya hecho sufrir tanto. La nueva ideología del amor sin condiciones previas.
Me temo que no va a colar. Igual que con la bandera que ahora les vigila desde arriba, tendrán que echar marcha atrás también en esto si no quieren acabar perdiendo algunos de los votos prestados. Y asumir su propia historia: esa que les impide tanto -¿por qué será, si no tenían nada que ver con los terroristas?- condenar a ETA, reconocer a las víctimas y asumir el inmenso daño que han hecho. Unos incomprendidos, no hay más que verlo.

agosto 31, 2011 - Posted by | Pello Salaburu | , , , , , ,

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