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KOSOVO, HOY: El Kosovo del crimen, obsequio de Norteamérica a Europa

Diana Johnstone en La Factoría

Los medios informativos han dedicado más atención a las acusaciones de oídas acerca de los encuentros sexuales de Julian Assange con dos locuaces mujeres suecas que a un informe oficial que acusa al primer ministro de Kosovo, Hashim Thaci, de dirigir una trama criminal que, además de casi todos los delitos del código, asesinó a prisioneros para vender sus órganos vitales en el mercado internacional. Diana Johnstone nos describe lo que ella llama “el Kosovo del crimen”.criminal


Los medios informativos norteamericanos le han dedicado más atención a las acusaciones de oídas acerca de los encuentros sexuales de Julian Assange con dos locuaces mujeres suecas que a un informe oficial que acusa al primer ministro de Kosovo, Hashim Thaci, de dirigir una trama criminal que, además de casi todos los delitos del código, asesinó a prisioneros para vender sus órganos vitales en el mercado internacional.

El informe del liberal suizo Dick Marty lo encargó hace dos años la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (APCE). No se confunda con la Unión Europea: el Consejo de Europa se fundó en 1949 para promover los derechos humanos, el imperio de la Ley y la democracia, y reúne a 47 miembros (contra 27 de la UE).

Mientras los expertos legales norteamericanos tratan febrilmente de fabricar acusaciones que puedan utilizar para pedir la extradición de Assange a los Estados Unidos, con el fin de que sea debidamente castigado por haber puesto en un brete al imperio, el portavoz del Departamento de Estado norteamericano Phillip Crowley reaccionó de forma santurrona a las alegaciones del Consejo de Europa, al declarar que los EE.UU. seguirán trabajando con Thaci, puesto que “en cualquier parte del mundo, un individuo es inocente mientras no se demuestre lo contrario”.

Todo el mundo, claro está, salvo Bradley Manning, entre otros, que se encuentra recluido en régimen de aislamiento, aunque no ha sido declarado culpable de nada. Todos los presos de Guantánamo fueron considerados culpables de algo, punto. Los Estados Unidos aplican diariamente la pena de muerte a hombres, mujeres y niños de Afganistán y Pakistán a los que se considera inocentes hasta que se demuestra que están muertos.

Los apurados partidarios del pequeño Estado autoproclamado de Thaci desestiman las acusaciones afirmando que el Informe Marty no prueba su culpabilidad.

Pues claro que no: no puede. Es un informe, no un juicio. El informe lo encargó la APCE justamente debido a que las autoridades judiciales estaban ignorando las pruebas de graves delitos. En sus memorias de 2008, escritas en italiano, La caccia.. Io e i criminali di guerra (La caza. Yo y los criminales de guerra), la antigua fiscal del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY) en la Haya, Carla del Ponte, se quejaba de que se le había impedido realizar una investigación concienzuda sobre las informaciones acerca de la extracción de órganos de prisioneros serbios y de otros llevada a cabo por el “Ejército de Liberación de Kosovo” (ELK) en Albania. Desde luego, los rumores e informaciones sobre estas atrocidades, que habrían tenido lugar en los meses siguientes a la ocupación de Kosovo por fuerzas de ocupación bajo mando de la OTAN, han sido aplicadamente ignorados por todas las autoridades judiciales pertinentes.

El Informe Marty afirma haber descubierto pruebas que lo corroboran, entre las que se cuenta el testimonio de testigos cuya vida correría peligro de revelarse su identidad. La conclusión del informe no es y no podría ser un veredicto, sino una demanda a las autoridades competentes de que se entable un juicio capaz de oír todas las pruebas y emitir un veredicto.

 

Escepticismo sobre las atrocidades

Siempre resulta prudente mostrarse escéptico ante las historias de atrocidades que circulan en tiempos de guerra. La historia muestra muchos ejemplos de atrocidades completamente inventadas que se utilizaron para agitar el odio contra el enemigo en el transcurso de un conflicto, como las informaciones tan ampliamente difundidas de que los alemanes “les cortaban las manos a los niños belgas”. Los periodistas y políticas occidentales abandonaron todo prudente escepticismo respecto a las disparatadas historias de atrocidades serbias difundidas para justificar el bombardeo de Serbia por parte de la OTAN en 1999. Personalmente, mi escepticismo se extiende a todo ese tipo de historias, independientemente de la identidad de los presuntos perpetradores, y si me he abstenido durante años de escribir sobre las historias de transplantes de órganos en Albania ha sido por esa razón. Nunca consideré a Carla del Ponte una fuente fiable sino más bien una mujer crédula y jactanciosa que fue seleccionada por los patrocinadores norteamericanos del TPIY porque pensaron que podrían manipularla. Sin duda los patrocinadores del tribunal para el que estaba trabajando, que fue establecido por y para los EE. UU. y los aliados de la OTAN con el fin de justificar su elección de un bando en las guerras civiles yugoslavas, le habrían puesto fin antes de que ella se hubiera desviado del camino marcado para meter las narices en los crímenes cometidos por los protegidos albaneses de Norteamérica. Pero eso no prueba que se cometieran realmente los presuntos crímenes.

Sin embargo, el Informe Marty va más allá de vagos rumores para hacer imputaciones contra el “grupo de Drenica” del ELK dirigido por Hashim Thaci. Pese a la negativa de colaborar por parte de las autoridades albanesas, existen numerosas pruebas de que de que el ELA operaba con una cadena de “casas seguras” en territorio albanés durante y después de la guerra de la OTAN contra Serbia en 1999, utilizándolas para retener, interrogar, torturar y a veces asesinar a prisioneros. Una de estas casas seguras, propiedad de una familia identificada por la inicial “K”, fue la citada por Carla del Ponte e informaciones de los medios como “la casa amarilla” (pintada desde entonces de blanco). Por citar el Informe Marty (párrafo 147):

“Existen elementos substanciales prueban que un pequeño número de cautivos del ELK, entre los que se cuentan algunos de los de etnia serbia secuestrados, encontraron la muerte en Rripe, dentro o en las cercanías de la casa de los K. Hemos tenido noticias de estas muertes no sólo a través de los testimonios de los antiguos soldados del ELK que dijeron que habían participado en la detención y transporte de los cautivos mientras estaban vivos, sino también gracias a los testimonios de personas que de forma independiente fueron testigos del entierro, exhumación, movimiento y reinhumación de los cadáveres de los cautivos (…)”.

Un número indeterminado pero aparentemente pequeño de prisioneros fue trasladado en furgonetas y camiones hasta un emplazamiento de operaciones cerca del aeropuerto internacional de Tirana, desde donde se podían transportar por vía aérea los órganos recién extraídos hasta sus receptores.

“Los conductores de estas furgonetas y camiones – varios de los cuales se convertirían en testigos cruciales del modo de maltrato descrito – vieron y oyeron el enorme sufrimiento de los prisioneros durante su transporte, debido sobre todo a la falta de aire respirable en el compartimento del vehículo, o al tormento psicológico del destino que suponían les esperaba” (párrafo 155).

Los prisioneros descritos en el informe como “víctimas del crimen organizado” incluían a “personas que según hemos descubierto fueron trasladadas al centro de Albania para extraerles los riñones en centros quirúrgicos improvisados” (párrafo 156).

Estos cautivos “soportaron sin duda una terrible experiencia a manos de sus captores del ELK . De acuerdo con los testimonios de estas fuentes, a los cautivos ‘filtrados’ para este subconjunto final se les mantuvo vivos, se les alimentó bien, se les permitió dormir y fueron tratados de manera relativamente comedida por los guardias y secuaces del ELK que, en otro caso, les habrían golpeado indiscriminadamente” (párrafo 157).

“Los testimonios sobre los que se basaron nuestros hallazgos hablaban de modo creíble y consistente de una metodología mediante la cual se asesinaba a los prisioneros, generalmente de un tiro en la cabeza, antes de operarles para extraerles uno o más de sus órganos. Pudimos saber que se trataba principalmente de tráfico de “riñones de cadáveres‟, es decir, que los riñones se extraían póstumamente de los cadáveres; no se trataba de un conjunto de procedimientos quirúrgicos avanzados que exigieran condiciones de control clínico y, por ejemplo, un amplio uso de anestesia” (párrafo 162).

 

Escepticismo acerca de la “liberación”

El Informe Marty recuerda asimismo algo que es bien sabido en Europa, a saber, que Hashim Thaci y su  “Grupo de Drenica” son delincuentes notorios. Mientras el Kosovo “liberado” se hunde aún más en la pobreza, ellos han amasado fortunas en diversos sectores de tráfico ilícito, particularmente en el secuestro de mujeres destinadas a la prostitución y el control de narcóticos ilegales en Europa. Se hace notar que en informes confidenciales que abarcan más de una década las agencias dedicadas a combatir el contrabando de droga en al menos cinco países han proporcionado los nombres de Hashim Thaci y otros miembros de su “Grupo de Drenica” como responsables de haber ejercido un violento control sobre el comercio de heroína y otros narcóticos” (párrafo 66).

“De modo semejante, los analistas de inteligencia que trabajaban para la OTAN, así como quienes estaban al servicio de al menos cuatro gobiernos extranjeros independientes realizaron hallazgos concluyentes gracias a la recogida de datos de inteligencia relativos al periodo inmediatamente posterior al conflicto de 1999. Por lo común, se identificó a Thaci, citándosele en los informes secretos de inteligencia, como el más peligroso de los   ‘jefes criminales’ del ELK” (párrafo 67).

 

Independencia versus crimen

Los izquierdistas que se tragaron el anzuelo, con caña y todo, de la propaganda de la “guerra para rescatar a los kosovares del genocidio” que justificara el estreno de la OTAN como agresiva bombardera/invasora en 1999 aceptaron de buena gana la identificación del “Ejército de Liberación de Kosovo” con un ejército de liberación nacional que merecía su apoyo. ¿Acaso no es parte de la leyenda romántica de los revolucionarios robar bancos por la causa? Los izquierdistas asumen que esas actividades criminales constituyen simplemente un medio para el fin de la independencia política. Pero, ¿qué sucede si la independencia política es en realidad un medio para crear un santuario para actividades criminales?

Asesinar a policías, especialidad del ELK antes de que la OTAN les otorgara Kosovo, constituye una actividad ambigua. El objetivo, ¿se entiende en términos de “opresión política”, tal como se afirma, o simplemente de hacer respetar su ley?

¿Qué han hecho Thaci y compañía con su “liberación”? En primer lugar, permitieron a sus patrocinadores norteamericanos construir una enorme base militar, Camp Bondsteel, en territorio de Kosovo sin pedir permiso a nadie. Luego, tras una cortina de humo que hablaba de edificar la democracia, aterrorizaron a las minorías étnicas, eliminaron a sus rivales políticos, promovieron una delincuencia y corrupción rampantes, se vieron envueltos en fraudes electorales y se enriquecieron de manera ostentosa gracias a las actividades criminales que constituyen la economía real.

El Informe Marty Report recuerda lo que sucedió cuando el presidente yugoslavo Slobodan Milosevic, bajo amenaza de la OTAN de borrar a su país del mapa, se avino a retirarse de Kosovo y permitió a una fuerza de las Naciones Unidas denominada KFOR (que la OTAN tomó rápidamente a su cargo) ocupar Kosovo.

“En primer lugar, con la retirada de las fuerzas serbias de Kosovo encargadas de la seguridad, ésta quedó en manos de varios grupos escindidos del ELK, entre los que se contaba el “Grupo de Drenica” de Thaci, que controlaban de modo efectivo un área territorial en la que podían llevar a cabo diversas formas de contrabando y tráfico” (párrafo 84).

“La KFOR y la UNMIK fueron incapaces de administrar en Kosovo el respeto a la ley, el movimiento de personas o el control fronterizo en el periodo posterior al bombardeo de la OTAN de 1999. Las facciones del ELK y los grupos escindidos del mismo que mantenían el control sobre distintas áreas de Kosovo (aldeas, tramos de carreteras, a veces incluso edificios determinados) eran capaces de gestionar empresas criminales  organizadas casi a voluntad, y ello incluía el disponer de los trofeos de lo que consideraban su victoria sobre los serbios” (párrafo 85).

“En segundo lugar, al adquirir Thaci un mayor grado de autoridad política (habiéndose nombrado a sí mismo Primer ministro del Gobierno Provisional de Kosovo), ello había envalentonado aparentemente al “Grupo de Drenica” para emprenderla aún más agresivamente contra todos aquellos vistos como rivales, traidores y personas sospechosas de ser “colaboradores” con  los serbios” (párrafo 86).

Resumiendo: la OTAN expulsó a la policía que existía hasta entonces, entregando la provincia de Kosovo a rufianes violentos. Pero esto no fue un accidente. Hashim Thaci no era sólo un gángster que se aprovechara de la situación. Lo habían escogido cuidadosamente para el puesto la Secretaria de Estado norteamericana, Madeleine Albright, y su mano derecha, James Rubin.

 

“Deberías hacer cine…”

Hasta febrero de 1999, la única razón por la que podía destacar Hashim Thaci se encontraba en los archivos de la policía serbia, donde se le buscaba por diversos crímenes con violencia. Luego, de repente, se convirtió en centro de la atención mundial en el castillo francés conocido como Rambouillet gracias a sus manipuladores norteamericanos. Se trata de uno de los giros más estrafalarios de toda la tragicómica saga de Kosovo.

La señora Albright estaba ansiosa por utilizar el conflicto de Kosovo para llevar a cabo un despliegue de poderío militar bombardeando a los serbios, con el fin de reafirmar el dominio norteamericano sobre Europa por medio de la OTAN. Pero algunos líderes de países europeos de la OTAN creían políticamente necesario crear al menos la impresión de que se intentaba buscar una solución negociada al problema de Kosovo antes de recurrir a los bombardeos. Y así se puso en escena una falsa  “negociación” en Rambouillet, diseñada por los Estados Unidos para lograr que los serbios rechazaran un ultimátum imposible, con el fin de poder afirmar que el humanitario Occidente no tenía otra elección que dejar caer las bombas.

Para ello necesitaban un Kosovo albanés que se aviniera a su juego.

Belgrado envió una nutrida delegación multiétnica a Rambouillet, dispuesta a proponer un acuerdo que otorgara a Kosovo una amplia autonomía. Del otro lado se encontraba una delegación albanesa étnicamente pura de Kosovo, que incluía a varios destacados intelectuales de la región con experiencia en esa clase de negociaciones, entre ellos Ibrahim Rugova, dirigente de fama internacional del movimiento separatista albanés que se presumía encabezaría la delegación “kosovar”.

Pero para general sorpresa de los observadores, se echó a un lado a los avezados intelectuales y la jefatura de la delegación quedó en manos de un joven, Hashim Thaci, conocido en los círculos que debían hacer cumplir la ley como “la Serpiente”.

Los directores de escena norteamericanos escogieron a Thaci por razones obvias.

Mientras con los albanokosovares de más edad se corría el riesgo de negociar de verdad con los serbios, y con ello a alcanzar un acuerdo que impidiera la guerra, Thaci se lo debía todo a los Estados Unidos, y haría lo que le dijeran. Además, poner a un criminal “buscado” al frente de la delegación suponía una afrenta a los serbios que ayudaría a hacer naufragar las negociaciones. Y por último, la imagen de Thaci resultaba atractiva para la idea de lo que debía parecer un “luchador por la libertad”.

El asistente más cercano a Albright, James Rubin, hizo de cazatalentos, entusiasmado con la apostura de  Thaci, a quien le decía que era tan guapo que debía irse a Hollywood. Desde luego, Thaci no daba el tipo de gángster de Hollywood, al estilo de Edward G. Robinson sino el de pulcro con un vago parecido al actor Robert Stack. [1] Se dice que Joe Biden se quejó de que Madeleine Albright estaba “enamorada” de Thaci. La imagen lo es todo, al fin y al cabo, especialmente cuando los EE. UU. preparan el reparto de su propia producción del Pentágono, “Salvar a los kosovares”, con el fin de remodelar los Balcanes con sus estados satélites  “independientes”.

El pretexto para la guerra de 1999 fue “salvar a los kosovares” (el nombre asumido por la población albanesa de esa provincia Serbia para dar la impresión de que se trataba de un país del que eran los legítimos habitantes) de una imaginaria amenaza de “genocidio”. La posición oficial norteamericana consistía en respetar la integridad territorial de Yugoslavia. Pero siempre fue bastante evidente que, entre bastidores, los EE. UU. habían llegado a un acuerdo con Thaci para entregarle Kosovo como parte de la destrucción de Yugoslavia y la paralización de Serbia. El caos que siguió a la retirada de las fuerzas de seguridad yugoslava permitió a las bandas del ELK quedar al mando y a los EE. UU. levantar Camp Bondsteel.

Animado por el virulento grupo de presión albanés en los EE. UU., Washington desafió el Derecho internacional, violó sus propios compromisos  (el acuerdo que puso fin a la guerra de 1999 pedía a Serbia que patrullara las fronteras de Kosovo, lo que nunca se permitió), e ignoró las débiles objeciones de los aliados europeos, patrocinando la transformación de la empobrecida provincia serbia en un “Estado independiente” étnicamente albanés. Desde la declaración unilateral de independencia en febrero de 2008, ese Estado fallido ha sido reconocido por 72 de los 192 miembros de las Naciones Unidas, entre ellos 22 de los 27 miembros de la Unión Europea.

 

La EULEX contra la lealtad del clan

Pocos meses más tarde, la Unión Europea creó la EULEX (“European Union Rule of Law Mission in Kosovo” / Misión de Imposición de la Ley en Kosovo de la Unión Europea) con la intención de hacerse cargo de la autoridad judicial en la provincia recibida de manos de la UNMIK (United Nations Mission in Kosovo / Misión de las Naciones Unidas en Kosovo). El establecimiento mismo de la EULEX era prueba de que el reconocimiento de Kosovo por parte de la UE era injustificado y deshonesto. Era reconocer que Kosovo, tras haber sido entregado a las bandas del ELK (en guerras algunas de ellas con otras) era incapaz de proporcionar siquiera una apariencia de ley y orden, no se encontraba en modo alguno preparado para convertirse en “Estado independiente”.

Por supuesto, Occidente nunca llegará a reconocer esto, pero fueron las quejas de la minoría serbia en la década de 1980 de que no podían contar con la protección de la policía o los tribunales, administrados por el partido comunista de mayoría étnica albanesa, lo que condujo a la limitación de la autonomía de Kosovo por parte del gobierno serbio, que se presentó en Occidente como una persecución gratuita motivada por un odio racial de proporciones hitlerianas.

Las dificultades de obtener justicia en Kosovo son hoy básicamente las mismas que eran entonces, con la diferencia de que la policía serbia conocía el idioma albanés, mientras que los miembros internacionales de la UNMIK y la EULEX dependen casi por entero de intérpretes albaneses locales, cuya veracidad no pueden comprobar.

El Informe Marty relata las dificultades de la investigación criminal en Kosovo:

“La estructura de la sociedad albanokosovar, todavía muy orientada hacia el clan, y la ausencia de una verdadera sociedad civil han convertido en algo extremadamente difícil establecer contactos con fuentes locales. Esto se ve exacerbado por el miedo, que a menudo llega al extremo de un auténtico terror, lo cual hemos observado en algunos de nuestros informantes en el momento en que se aborda el objeto de nuestra investigación”.

“El arraigado sentido de lealtad al propio clan, así como el concepto del honor (…) dejaron a la mayoría de los testigos de etnia albanesa fuera de nuestro alcance. Después de ver cómo dos importantes acciones judiciales emprendidas por el TPIY han conducido a la muerte de tantos testigos, y en última instancia a la incapacidad de hacer justicia, un Relator de la Asamblea Parlamentaria provisto comparativamente de magros recursos mal podía dar la vuelta a una situación en la que los testigos no pueden declarar directamente ante nosotros”.

“Numerosas personas que han trabajado durante muchos años en Kosovo y figuran entre los comentaristas más respetados en la región en cuestiones judiciales, dictaminaron que las redes criminales organizadas de los albaneses (la mafia albanesa) en la misma Albania, en territorios vecinos entre los que se cuenta Kosovo y la antigua República Yugoslava de Macedonia y en la diáspora, eran probablemente más difíciles de penetrar que la Cosa Nostra; hasta los elementos de sus estratos inferiores  preferirían penas de cárcel de décadas antes que traicionar a la gente de su clan”.

Un segundo informe entregado este mes de enero de 2011 al Consejo de Europa por el relator Jean-Charles Gardetto sobre protección de testigos en los juicios por crímenes de guerra en la antigua Yugoslavia hace notar que no existe en Kosovo ley de protección de testigos y, lo que es más grave, no hay modo de proteger a los testigos que pudieran prestar declaración contra sus paisanos de etnia albanesa.

“En los casos más graves, los testigos han podido testificar gracias al anonimato. Sin embargo, le quedó claro al relator que estas medidas son inútiles mientras el testigo se encuentre físicamente en Kosovo, donde todo el mundo conoce a todo el mundo. La mayoría de los testigos son inmediatamente reconocidos por la defensa cuando prestan testimonio, pese a todas las medidas destinadas a proteger su anonimato”.

“Hay muchas limitaciones para las disposiciones de protección actualmente disponibles, y no es la menor entre ellas el que Kosovo tenga una población de menos de dos millones en comunidades que tienen lazos muy estrechos. A menudo, los testigos son considerados traidores a su comunidad cuando prestan testimonio, lo que inhibe a posibles testigos a la hora de colaborar. Además, mucha gente no cree que exista un deber moral o legal de testificar como testigos en casos criminales”.

“Por otro lado, cuando aparece un testigo, existe una amenaza real de represalia. Puede que eso no le ponga directamente en peligro, con la pérdida de su empleo, por ejemplo, pero hay también ejemplos de testigos clave que han sido asesinados. El proceso de Ramush Haradinaj, antiguo dirigente del Ejército de Liberación de Kosovo, ilustra bien este punto. El señor Haradinaj fue procesado por el TPIY por crímenes cometidos durante la guerra en Kosovo, siendo posteriormente absuelto. Durante su juicio, el Tribunal resaltó las dificultades habidas para conseguir testimonios de prueba de los 100 testigos de cargo de la fiscalía. A 34 de ellos se les otorgaron medidas de protección y 18 fueron convocados mediante citación. Una serie de testigos que iban a prestar testimonio durante el juicio fueron asesinados. Entre ellos estaban Sadik y Vesel Muriqi, que estaban incluidos ambos en un programa de protección del TPIY”.

 

El dilema de Europa

Naturalmente, los cómplices europeos a la hora de poner a la banda de Thaci a cargo de Kosovo se han apresurado a desestimar el Informe Marty. Dennis McShane, apologista de Blair y antiguo ministro laborista, escribió en el diario británico The Independent que “No hay un solo nombre o testigo para las alegaciones de que Thaci estuviera implicado en la extracción de órganos humanos de las víctimas asesinadas”.

Para alguien que no esté familiarizado con las circunstancias o con el informe, eso puede sonar como una objeción válida. Pero Marty ha dejado claro que puede proporcionar nombres de testigos a las autoridades judiciales competentes. El mismo Thaci reconoció que existían cuando declaró que publicaría los nombres de los testigos de Marty, una declaración que, para quienes conocen el ambiente de Prístina, se entiende equivale a una amenaza de muerte.

Uno de los europeos más renombrados entre quienes esperan que el Informe Marty acabe por evaporarse es el mediático humanitario Bernard Kouchner, hasta hace poco, ministro de Exteriores de Sarkozy, que rigió oficialmente Kosovo como primer jefe de la UNMIK tras la ocupación de la OTAN. Contrariamente a las protestas de ignorancia de Kouchner, el jefe de policía de la UNMIK entre 2000 y 2001, el capitán canadiense Stu Kellock, ha considerado “imposible” que Kouchner no estuviera al tanto de la delincuencia organizada en Kosovo.

La primera vez que un reportero inquirió a Kouchner sobre las acusaciones de transplantes de órganos, hace unos meses, Kouchner respondió con una risotada de caballo, para informar después al periodista de que se hiciera mirar la cabeza. Tras el Informe Marty, Kouchner repitió simplemente su “escepticismo”, y pidió una investigación por parte de la… EULEX.

Otros defensores de la OTAN han adoptado la misma línea. Una investigación exige otra, y así sucesivamente. Investigar las acusaciones contra el ELK comienza a parecerse al proceso de paz de Oriente Medio.

El mismo Informe Marty concluye con un claro llamamiento a la EULEX a que “persevere en su labor investigadora, sin tomar en cuenta los cargos que puedan desempeñar los posibles sospechosos o el origen de las víctimas, haciendo todo lo posible por arrojar luz sobre las desapariciones criminales, los indicios de tráfico de órganos, la corrupción y la colusión entre grupos criminales organizados y círculos políticosde, que, tan a menudo, tantas quejas producen” y “a adoptar todas las medidas necesarias para garantizar una protección efectiva para los testigos y conseguir su confianza”.

Es mucho pedir, considerando que la EULEX depende en última instancia de gobiernos profundamente implicados en ignorar la delincuencia albanokosovar por lo menos durante una década. Con todo, algunas de las personalidades más implicadas, tales como Kouchner, se acercan al final de su carrera, y hay muchos europeos que consideran que las cosas han ido demasiado lejos y que es necesario limpiar el pozo negro de Kosovo.

La EULEX ya ha comenzado el procesamiento de una red de tráfico de órganos en Kosovo. En noviembre de 2008, un joven turco al que acababan de extirpar un riñón se derrumbó en el aeropuerto de Prístina, lo que llevó a la policía a efectuar una redada en la cercana clínica Medicus, en la que un israelí de 74 años convalecía de la implantación del riñón del joven mencionado. El israelí había pagado presuntamente 90.000 por el implante ilegal, mientras que al joven turco, como a otros extranjeros desesperadamente pobres atraídos a Prístina con falsas promesas, le engañaron respecto al dinero prometido. El juicio se está desarrollando en la actualidad en Prístina con siete acusados imputados por tomar parte en la red ilegal de tráfico de órganos Medicus, en la que se encuentran miembros importantes de la profesión médica albanokosovar. Huidos de la justicia se hallan  todavía el doctor Yusuf Sonmez, un conocido traficante internacional de órganos, y Moshe Harel, israelí de origen turco acusado de organizar el comercio internacional ilícito de órganos. Se sabe que Israel es uno de los mercados principales, debido a que las restricciones religiosas judías limitan severamente el número de donantes israelíes.

El Informe Marty hace notar que la información obtenida “parece describir una conjura criminal más amplia y más compleja para procurar órganos humanos destinados a transplantes ilícitos, en la que estaban implicados conspiradores de al menos tres países extranjeros distintos además de Kosovo, y que se ha desarrollado durante más de una década. En particular, encontramos una serie de indicios creíbles y convergentes de que los responsables de tráfico de órganos en las detenciones posteriores al conflicto descrito en nuestro informe están estrechamente relacionados con el caso contemporáneo de la Clínica Medicus, en particular destacadas personalidades albanokosovares e internacionales que figuran como cómplices en ambos casos”.

Pero el procesamiento por parte de la EULEX del caso Medicus no significa automáticamente que las autoridades judiciales europeas de Kosovo persigan el tráfico de órganos aún más criminal denunciado en el Informe Marty. Un obstáculo para ello es que los presuntos delitos se produjeron en territorio albanés, y hasta ahora las autoridades de Albania no han cooperado, y eso por decir algo. Un segundo elemento inhibitorio es que el temor de que el intento de perseguir judicialmente a figuras de importancia del ELK cause turbulencia. De hecho, el 9 de enero, varios cientos de albaneses que portaban banderas albanesas (y no la enseña de Kosovo impuesta por Occidente) se manifestaron en Mitrovica contra el Informe Marty al grito de “UCK, UCK” (siglas del ELK en  albanés). Con todo, la EULEX ha procesado a dos antiguos comandantes por crímenes de guerra cometidos en territorio albanés en 1999 cuando torturaron presuntamente a prisioneros albaneses de Kosovo por ser sospechosos de “colaborar” con las autoridades legales o porque eran oponentes políticos del ELK.

Un hecho político llamativo y significativo que se desprende del Informe Marty es que: “La realidad es que las actividades operativas más relevantes emprendidas por el ELK, antes, durante y en el periodo inmediatamente posterior al conflicto, tuvieron lugar en el territorio de Albania, donde nunca se desplegaron las fuerzas serbias de seguridad” (párrafo 36).

Así pues, en grandísima medida, la provincia serbia de Kosovo fue objeto de una invasión extranjera a través de su frontera por parte de nacionalistas albaneses entusiastas de la creación de una “Gran Albania” y ayudados en esta empresa por los grupos de presión de la diáspora y, de forma decisiva, por los bombardeos de la OTAN. Lejos de ser un “agresor” de su propia provincial histórica, Serbia fue víctima de una considerable invasión extranjera provista de dos puntas.

 

Las marionetas de usar y tirar de Norteamérica

La OTAN no podría haber librado una guerra terrestre contra fuerzas serbias sin sufrir bajas. De modo que libró una guerra aérea de 78 días, devastando la infraestructura de Serbia. Para salvar a su país de la amenaza de aniquilación, Milosevic cedió. Como fuerza terrestre, los EE. UU. escogieron al ELK. El ELK no era rival para las fuerzas serbias sobre el terreno, pero ayudó a los EE. UU./OTAN de manera peculiar.

Los EE. UU. suministraron a los combatientes del ELK sobre el terreno instrumentos GPS y teléfonos por satélite que les permitieran localizar blancos serbios a fin de bombardearlos (de manera muy ineficaz, pues las bombas de la OTAN erraron casi todos sus objetivos militares). El ELK ordenó en algunos lugares de Kosovo a la gente que huyera a Albania por la frontera o a zonas étnicamente albanesas de Macedonia, en la que les esperaban los fotógrafos para enriquecer la imaginería de una población perseguida por la “limpieza étnica” serbia, un enorme éxito propagandístico. Y de forma crucial, antes de los bombardeos de la OTAN, el ELK puso en práctica una estrategia de provocación, asesinando a policías y civiles, sin olvidar a los albaneses que no se mostraran obedientes, destinada a cometer actos de represión que pudieran utilizarse como pretexto para una intervención de la OTAN. Thaci se jactó incluso posteriormente del éxito de esta estrategia.

Thaci ha desempeñado el papel que le asignó el imperio. Con todo, considerando el historial de Norteamérica en lo tocante a deshacerse de colaboradores que han sobrevivido a su utilidad (Ngo Dinh Diem, Noriega, Sadam Hussein…), tiene razones para sentirse incómodo.

La incomodidad de Thaci podría haberse visto agudizada por un reciente viaje a la región de William Walker, el agente norteamericano que creó en 1999 el pretexto principal para la campaña de bombardeos de la OTAN al inflar la cifra de víctimas de una batalla entre la policía serbia y los combatientes del ELK en la aldea Racak, convertida en una masacre de civiles, “un crimen contra la humanidad” perpetrado por “gente que no da valor a la vida humana”. Walker, cuya principal experiencia profesional proviene de América Central durante la época de la sangrienta lucha de la administración de Reagan contra los movimientos revolucionarios de Nicaragua y El Salvador, había sido impuesto por los EE. UU. como jefe de una misión europea ostensiblemente encargada de supervisar un alto el fuego entre las fuerzas serbias y el ELK. Pero de hecho él y su segundo británico utilizaron la misión para establecer estrechos contactos con el ELK como preparación de la guerra conjunta contra los serbios. El agradecido régimen de rufianes le ha dado su nombre a una calle de Pristina.

 

Albin Kurti, ¿el nuevo favorito?

Entre la concesión de una condecoración en Kosovo y la ciudadanía honoraria en Albania, Walker adoptó posiciones políticas que podían poner nerviosos tanto a Thaci como a la EULEX. Walker expresó su apoyo a  Albin Kurti, el joven dirigente del movimiento nacionalista radical de “autodeterminación” (Vetëvendosje), que va ganando apoyos gracias a que aboga por la independencia de la gobernación de la UE, así como a favor de una “Albania natural”, por lo que se entiende una Gran Albania compuesta por Albania, Kosovo y partes de Serbia meridional, buena parte de Macedonia, un pedazo de Montenegro y hasta el norte de Grecia. ¿Iba Walker en misión de cazatalentos con vistas a sustituir a un Thaci cada vez más caído en desgracia? Si Kurti es el nuevo favorito, un recambio escogido por los EE. UU., podría causar aún más problemas en los atribulados Balcanes.

Occidente, es decir, los Estados Unidos, la Unión Europea y la OTAN pueden ponerse de acuerdo en una actitud al estilo del “caiga la maldición sobre ambas casas”, concluyendo que los serbios que persiguieron y los albaneses a los que ayudaron son todos unos bárbaros, indignos de su benevolente intervención. Lo que no reconocerán nunca es que eligieron, y en buena medida crearon, el bando equivocado en una guerra en la que tienen una responsabilidad criminal y cuyas devastadoras consecuencias continúan soportando los infortunados habitantes de la región, cualquiera que sea su identidad lingüística y cultural.

 

Diana Johnstone.
Miembro del Consejo Editorial de SinPermiso, es autora de Fools’ Crusade: Yugoslavia, NATO and Western Delusions [La cruzada de los locos: Yugoslavia, la OTAN y los delirios de Occidente].

Traducción para http://www.sinpermiso.info de Lucas Antón.

Nota del traductor:
[1] Robert Stack interpretaba el papel de Elliot Ness, jefe del grupo de policías de Chicago que combatía a Al Capone y su banda mafiosa, en una célebre serie de televisión de los años 60.

marzo 25, 2011 - Posted by | Diana Johnstone | , , , , , , , ,

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