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Recuento de Año Nuevo

Miguel Sánchez-Ostiz en DNN

No recuerdo dónde leí que en el día de fin de año era costumbre quemar trastos viejos -todavía he llegado a ver quemado algún colchón en una encrucijada, pero ésta es otra historia-. Lo cierto es que, el otro día, último del año, las nubes de humo apenas lograban levantar el vuelo y quedaban como una neblina extendiéndose por las zonas húmedas del valle… Ay, pero no están los tiempos como para echarse poesías a lo Francis Jammes quien, por cierto, vivió aquí cerca, en Hasparren. Quemar trastos viejos, dejar el viejo pellejo a un lado, meterse en uno nuevo, hacer propósitos sobre esa parte de ti mismo con la que no estás de acuerdo, vencer a lo que sucede por puro azar, a la climatología adversa… Fantasías. Date con un canto en los dientes si al mirar para atrás compruebas que, en ese año que acaba de terminar, las cosas no te han ido a peor, y siéntete por ello afortunado. Esté o no amañada la ruleta de este casino, a más no estoy muy seguro de que podamos aspirar.

Estos días me he fijado en que la conversación favorita es el recuento de desastres, de salud, sí, pero también de descalabros monetarios, propios y ajenos que dan mucho juego para convenir que las cosas están muy mal, pero van a estar peor y que algunos afortunados se salvan, con sueldos y bicocas que quitan el hipo, y aún tienen el cuajo de echar discursos de fin de año con la boca llena. Es tan demagógico como cierto decir que para esta gente, profesionales de la cosa pública, la política ha sido un pingüe negocio en el que han sacado lo que jamás habrían podido sacar por sí mismos en sus profesiones y en sus funcionariatos de bajo perfil. Lo han sabido hacer. Están a salvo de las contingencias funestas habidas y por haber.

El día de los inocentes se hizo pública la sentencia del caso de Nagore Laffage. Un mal trago para la familia desde luego y una triste historia para todos los que hemos seguido con indignación el curso del proceso. Deja algo más que un regusto amargo: las cuestiones de procedimiento, los distigos famosos, el casuismo, el matiz, la cosa, y sobre todo esa venosa institución del jurado cuyo carácter democrático es una engañifa de primera, se han llevado por delante la justicia. Lo dice Cicerón, no yo, eh, Cicerón. No por nada, sino porque hasta el más tonto y peor documentado se da cuenta de que ahí hay un gato encerrado (gato técnico, gato procesal, gato jurisprudencial incluso, pero gato con un poder que para sí quisieran los hidraúlicos). Lo saben los jueces y supongo que también los jurados del caso que habrán brindado por el nuevo año con champán, como todo el mundo, porque eso es precisamente lo que les debe caracterizar: ser “señor todo el mundo”. La ciudadanía, al margen de sospecha que se encuentra ante una burla y no logra explicarse las sutilezas jurídicas que hacen que un crimen como en el que resultó muerta Nagore Laffage, cuando concurren las circunstancias que han concurrido en él, sea homicidio y no asesinato. Y no, no es cuestión de presión mediática alguna, sino de buena fe. Asco. Y no por espíritu de venganza oscura, ese que alienta el de la justicia, sino porque parece de verdad desproporcionado llevarse por delante una vida, en esas circunstancias, y acabar en la calle a la vuelta de dos días (como quien dice, porque en realidad son muchos más). La gente, el público, observa, asiste al espectáculo y piensa que la justicia no es igual para todos y en ese convencimiento vive o vivimos. La gente es muy libre de pensar lo que quiera y eso de “respetar las decisiones judiciales” son palabras vacías, cuando, por ejemplo, hay abusos policiales, tan comunes, tanto, de por medio, en los que la palabra del ciudadano no vale nada frente a las mentiras habituales policiales. No nos queda más remedio que humillar la cerviz en señal de respeto. Y menos mal que estos julas no tienen la recortada del desacato para soltarnos una de postas con el plomo del articulado y la pólvora de la doctrina. Asco. Mucho.

Y para no salir de la sala de audiencia en la que vivimos, el año se cerró con otro acontecimiento judicial. Hubo condena en el caso de las torturas padecidas por los etarras Portu y Sarasola, y la sentencia -muy bien analizada por este periódico en su editorial del día 31- sirvió para comprobar que, entre otras cosas, en su momento, Rubalcaba mintió con descaro a la ciudadanía. ¿Importa? No o muy poco, en la medida en que va a seguir mintiendo, es decir, dando versiones oficiales de todas los abusos de poder que, demasiado flagrantes, caigan en el dominio público y produzcan, ay qué risa, alarma social. Versiones oficiales que son creídas por sus secuaces, porque sí, por espíritu de cuerpo, y por quien cree que lo que se nos diga desde portavoces gubernamentales, por el hecho de serlo, es cierto. No, no lo es, ahora lo sabemos. Las cosas no serán ni verdad ni mentira, sino como les convenga. La mentira es el mayor engrudo de la vida social. Lo escribimos hace mucho y no descubríamos nada.

Se les llena la boca diciendo que eso demuestra que la justicia es igual para todos. Mentira. Otra. Esperemos a ver qué dice el Tribunal Supremo sobre la sentencia condenatoria en el caso de las torturas padecidas por Portu y Sarasola, que como ha sucedido en otras ocasiones, puede rebajar las penas a niveles ridículos y burlescos.

Esa condena me ha recordado lo que sucedió hace unos años con el espantoso crimen de Almería (mírenlo en Wikipedia por favor si tienen estómago) perpetrado por miembros de la Guardia Civil y lo que luego sucedió con el cumplimiento de las penas a las que fueron condenados sus autores. Está todo en Internet, que dicen que es la mayor garantía frente al poder y sus abusos… Sólo que al poder, en la práctica, se la bufa internet, los internautas y los disidentes y los rebeldes y los okupas… Ahí siguen, atrapados con las manos en la masa, a expensas de que les recuerden lo que han hecho ayer mismo sin que nadie descomponga el gesto. Ahí seguirán. Haciendo lo que les dé la real gana. ¿Descrédito de la clase política y de la clase judicial, porque de clase y hasta de castas estamos hablando…? Es poco… E la nave va, y de qué modo, a toda máquina para ellos.

enero 3, 2011 - Posted by | Miguel Sánchez-Ostiz | , , ,

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