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Agendas distintas

Alberto Ayala en El Correo

ETA y Batasuna marcan una precampaña en la que sólo se habla de gestión, y poco, en Álava y Vizcaya

Faltan 139 días para que nuestros representantes públicos municipales (alcaldes y concejales) y forales (diputados generales y junteros) se sometan al veredicto de los ciudadanos en las urnas. El 22 de mayo será el momento de premiar una buena gestión -o una constructiva labor de oposición-, y de castigar lo contrario. Pues bien, a poco más de cuatro meses para la cita, ETA y la izquierda abertzale ilegalizada han conseguido, una vez más, marcar en gran medida el debate político. De gestión, de decisiones y proyectos tangibles, apenas se habla. Y sólo en Álava y Vizcaya. En Guipúzcoa, salvo contadas excepciones, ni eso.
El lehendakari, Patxi López, anunció que uno de los objetivos de su Gobierno del cambio, avalado por el PP, era lograr que el día a día en Euskadi dejara de girar en torno al debate identitario, para hacerlo sobre los problemas que realmente ocupan a los ciudadanos. En el último Pleno parlamentario de política general volvió a dejar claro que su estilo de gobernar no pasa por tratar de sacar cíclicamente conejos de la chistera, sino por volcarse en la gestión.
Cuando el Ejecutivo socialista enfila ya hacia el ecuador de la legislatura, puede decirse que este objetivo, en gran medida, se ha cumplido. Aún más, que ello ha aportado una desconocida dosis de sosiego a la política vasca. Un clima que es percibido positivamente por los ciudadanos, según las encuestas. Que saludan el PSE y el PP. Pero que no termina de agradar, al contrario, al nacionalismo, en especial al soberanista.
Entra dentro de toda lógica que la esperanza de un próximo final del terrorismo ocupe y preocupe a la política, y a los políticos. Que se aguarde con expectación si ETA, en su esperado comunicado, además de anunciar una tregua permanente y verificable, comunica al menos su renuncia a seguir con la extorsión a los empresarios como expresión de su voluntad de abandonar definitivamente las armas. Pero parece mucho menos comprensible que la izquierda abertzale ilegalizada vaya imponiendo poco a poco su agenda -sus prisas por volver a las instituciones- en la política vasca.
Escenario atenuado
Puede que este escenario se atenúe conforme se aproxime la cita con las urnas. Que planes, recortes y proyectos cobren protagonismo. PSE y PP, previsiblemente, así lo intentarán. El PNV, parece que sólo en Vizcaya y en Álava.
Pasados los primeros meses de desconcierto tras la pérdida de Ajuria Enea, el partido de Urkullu consiguió cerrar el año con la sensación de haber recuperado la centralidad en la política vasca. A ello contribuyó de manera determinante el pacto de estabilidad alcanzado con Zapatero, al que el PSE se vio obligado a contribuir tragando en disciplinado silencio el enorme sapo del ninguneo al lehendakari López. Pero este deslumbrante barniz apenas puede ocultar la creciente brecha existente entre el EBB y el aparato vizcaíno, de un lado, y la organización guipuzcoana de Joseba Egibar.
Mientras Iñaki Azkuna habla de planes para la capital vizcaína; José Luis Bilbao, de cómo sostener los servicios sociales del territorio; y Xabier Agirre hace otro tanto en Álava, el PNV guipuzcoano sigue instalado en su proyecto ‘Batu Gaitezen’. Es decir, en la acumulación de fuerzas en favor del derecho a decidir.
El PNV vizcaíno espera mantener sus actuales cotas de poder tras los comicios de mayo solo o con la ayuda de Aralar. En Álava, los jeltzales vuelven la mirada hacia el PSE para intentar escrutar su futuro. Al margen del discurso oficial de que PSE y PP extenderán su alianza, confían en que un buen resultado propio y la animadversión existente en la provincia entre socialistas y populares les permita repartirse el poder con el partido de Txarli Prieto.
Pero en Guipúzcoa, Joseba Egibar y Markel Olano han sido transparentes en su rechazo a la transversalidad. Están convencidos de que el PNV repetirá liderazgo en la Diputación mediante una fórmula estable de colaboración con otras fuerzas abertzales. La política y la Justicia, los dos, decidirán el futuro electoral de la izquierda abertzale ilegalizada. Y luego, claro, habrá que esperar al recuento de votos. Pero, consciente de la historia electoral del territorio, Egibar parece tener muy presente en su estrategia de futuro no sólo a Aralar, sino también a la ilegalizada Batasuna.
La bicefalia -desaparecida con la pérdida del poder autonómico-, el discurso de las dos almas y ahora la doble agenda preelectoral le han funcionado al PNV durante tres décadas. Con dos chispazos no precisamente menores: la salida de Garaikoetxea y los suyos que dio origen a esa EA a punto de ser fagocitada por Batasuna, y el adiós de Josu Jon Imaz para evitar la fractura. La precipitada sucesión de acontecimientos de los últimos meses y la que se vaticina para los próximos parecen ser el preludio de una clarificación de espacios. ¿También en el PNV? ¿A qué precio?

enero 3, 2011 - Posted by | Alberto Ayala | , , , , , , , , , , , , , , ,

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