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2011, pendientes de la paz

Jorge Sainz en Diario Vasco

La posibilidad de abrir un escenario definitivo de fin del terrorismo y el reto de consolidarlo marcarán 2011. La gran cita política serán las elecciones forales y municipales, con la incógnita de si Batasuna podrá volver a las urnas

La posibilidad de la apertura de un escenario definitivo del final del terrorismo de ETA ha marcado el cambio de año en Euskadi. Su consolidación es el principal reto político del 2011 que acaba de nacer. Un camino que irá paralelo a la otra gran cita política de estos próximos doce meses, las elecciones municipales y forales del 22 de mayo. Los comicios se presentan con la incógnita de saber si los movimientos de ETA serán suficientes para que Batasuna vuelva a las urnas. Las elecciones aclararán además el mapa vasco y permitirán comprobar si el pacto PSE-PP en Euskadi está lo suficientemente blindado ante los intentos del PNV de mantener el poder en las tres diputaciones forales.
2010 se ha cerrado sin el largamente esperado comunicado de ETA anunciando una tregua unilateral, permanente y bajo verificación internacional, como le pide la izquierda abertzale y los mediadores articulados en torno al abogado sudafricano Brian Currin . Y con ello, persiste la incógnita de si esa tregua tiene carácter de irreversibilidad y permite alumbrar un horizonte optimista. Hubiera sido el colofón a doce meses en los que la ilegalizada izquierda abertzale ha ido avanzando por etapas en su apuesta por las vías sólo políticas. No obstante, el mundo de Batasuna y el resto de los firmantes del Acuerdo de Gernika (EA, Aralar, Alternatiba y LAB) confían en que en estos primeros días de enero la organización armada realice el esperado gesto, antes de la manifestación del próximo sábado por los presos.
Se desconoce exactamente qué dirá ETA, pero el Gobierno español ya ha adelantado que considera insuficiente un comunicado en los términos en los que se prevé. La desconfianza sobre las verdaderas intenciones de la banda ha aumentado estos días tras el robo, el pasado día 20 en Francia, de material informático y para falsificar documentos, atribuido a un comando de tres etarras encapuchados.
La esperada declaración de alto el fuego bajo verificación internacional afianzaría el cese de acciones armadas y ofensivas decretado el pasado 5 de septiembre. Aquel anuncio, efectuado un domingo por la mañana a través de la BBC, dio oxígeno a la estrategia política iniciada por Batasuna siete meses antes. El 15 de febrero, la ilegalizada izquierda abertzale anunciaba el final de su debate interno con la apuesta por un proceso político sin violencia respaldado por sus bases.
ETA llevaba entonces medio año sin atentados y había decretado hacia ese mes de febrero una tregua de facto, interrumpida con el asesinato en un tiroteo a las afueras de París del brigadier-jefe Jean Serge Nérin, el mes de marzo, el último crimen cometido por la organización terrorista.
Declaración de Bruselas
Desde entonces, el camino para el final de la violencia ha ido avanzando. Desde la Declaración de Bruselas en marzo, a cargo de los mediadores de Brian Currin, pasando por el acuerdo Batasuna-EA en Bilbao el 20 de junio, hasta la Declaración de Gernika, el 25 de septiembre, en el que los partidos abertzales, excepto PNV y H1!, pedían a ETA la tregua verificable con voluntad de ser definitiva.
Desde ese día, las informaciones que apuntaban a un posible comunicado de la organización terrorista respondiendo positivamente a ese emplazamiento han sido constantes. Unos rumores que se han intensificado con la llegada de Navidad, período señalado por el presidente del PSE-EE, Jesús Eguiguren, y Currin.
No obstante, más allá de lo que digan las palabras y de la eficacia que pueda tener una verificación del abandono de las armas, la clave va a residir en que en el seno de ETA haya una voluntad real de dejarlo definitivamente, y que así lo plasme en el comunicado. E igual de importante será la actitud de Batasuna en su voluntad de seguir su propio camino de manera autónoma, después de que estos últimos meses haya venido insistiendo en su apuesta pacífica, como lo han verbalizado sus dos rostros más significativos, Arnaldo Otegi -actualmente preso- y Rufi Etxeberria. La formación proscrita ha desarrollado una intensa labor política este año, con encuentros con todos los partidos. Los más importantes fueron las reuniones en verano con el PNV y el encuentro secreto en septiembre con dos miembros del PSE-EE, desvelado por este periódico a finales de octubre. La celebración de esta reunión, confirmada por fuentes solventes de distinto signo, estuvo a punto de desencadenar una crisis de gobierno con el PP vasco, que finalmente se dio por satisfecho con el desmentido socialista.
El 27 de noviembre la izquierda abertzale anunció en Pamplona la creación de un nuevo partido que cumpliría la Ley de Partidos y arrancará el nuevo año registrándolo y presentándolo oficialmente, con la expectativa de que esa formalización venga precedida del anuncio de tregua verificable por parte de ETA.
El Gobierno español observa con una mezcla de expectación y escepticismo la situación. Pese a las dudas iniciales, alimentadas por el rebrote en agosto de la kale borroka, el 20 de octubre el presidente Zapatero se permitió un ‘guiño’ al asegurar que los movimientos de Batasuna no serán «en balde». Lo dijo el día en que remodeló su Gabinete para darle impulso frente a la crisis y, con el ascenso a ‘número dos’ del Ejecutivo de Alfredo Pérez Rubalcaba, para afrontar el final de la violencia.
Prudencia en el Gobierno
El Gobierno, estrechamente marcado por el PP, ha adoptado una actitud de prudencia, aunque está informado de los movimientos en el MLNV. La Policía ha seguido actuando, con la detención del presunto jefe de ETA, Mikel Karrera, en mayo, como principal hito. En Euskadi, el Gobierno Vasco y su presidente han seguido una línea similar. Sin embargo, Patxi López está empezando a combinar la firmeza en los principios con una posición más flexible en sus valoraciones de los pasos de Batasuna y en el diálogo con los partidos; combinación inducida en buena parte por Eguiguren, que desde junio ha venido reclamando una mayor proactividad del lehendakari y líder del PSE.
Tampoco anda lejos de esta postura el PNV, que quiere liderar la futura normalización política vasca de la mano de los acuerdos Zapatero-Urkullu, aunque mantenga su exigencia de que se legalice a la izquierda abertzale. En este contexto, salir de la clandestinidad constituye también el objetivo prioritario que se marca la izquierda aber-tzale en estos meses para volver a los ayuntamientos y juntas generales. En ese empeño podría contar con el apoyo de EA, incluso en una futura coalición electoral si Batasuna vuelve a ser legal, que disputará al PNV la hegemonía del abertzalismo.
En lo que sí pondrán empeño las distintas formaciones es en resguardar el papel de las víctimas del terrorismo, que observan con recelo este proceso de final de la violencia. Hubo dificultades en mayo entre Gobierno y PNV para consensuar en el Parlamento Vasco el plan de Educación para la paz, que empezará a aplicarse en las aulas este año. Por el contrario, ha habido acuerdo en establecer el 10 de noviembre como Día de la Memoria y profundizar en el reconocimiento de las víctimas de actuaciones policiales. Uno de los episodios más polémicos del año se vivió el 11 de marzo, con la aparición en Toulouse del cadáver del miembro de ETA Jon Anza, tras casi un año desaparecido en circunstancias no aclaradas.
Los avances en pacificación y el futuro de Batasuna pueden ir parejos en este nuevo año. La presencia o no de la izquierda abertzale ilegalizada marcará las elecciones forales y municipales de mayo, en las que el PNV tratará de conservar el poder en las tres diputaciones. La plaza que se presenta a priori más disputada es Álava, donde el PP espera que el PSE facilite su vuelta al poder, en pago a su apoyo en el Gobierno Vasco. Vizcaya parece el territorio donde menos problemas puede tener la formación de Urkullu, porque en Gipuzkoa, los jeltzales tendrán una dura pugna con socialistas y el hipotético polo soberanista.
Para ello, el GBB de Joseba Egibar se ha embarcado desde octubre en la iniciativa Batu Gaitezen, que combina la defensa de los derechos humanos y el derecho a decidir. La carrera foral hacia el sillón de la plaza de Gipuzkoa, a la espera del futuro de Batasuna, contará con los mismos protagonistas de 2007: Markel Olano (PNV) y Miguel Buen (PSE), repescado por su partido para intentar repetir la victoria de hace cuatro años.
Partidos como Aralar tratarán de mantener su ascendente tendencia electoral, mientras EB intentará salir indemne de las luchas internas vividas este año entre el sector oficial y el de su ex líder, Javier Madrazo. Por su parte, Hamaikabat ha consumido buena parte del año negociando con el PNV para intentar una coalición electoral que parece imposible. A la espera de aclarar su futuro electoral con el PNV, el partido de Iñaki Galdos está ya eligiendo candidatos, entre ellos él mismo en Donostia, para intentar seguir presente en el escenario vasco.
Precisamente, San Sebastián vivirá la principal batalla electoral municipal. El socialista Odón Elorza aspira a repetir una sexta legislatura en la Alcaldía, aunque ni PP ni PNV se lo van a poner fácil. La respuesta a todas estas incógnitas la darán las urnas el 22 de mayo a eso de las diez de la noche.

enero 3, 2011 - Posted by | Jorge Sainz | , , , , , ,

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