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Una persona, un millar de votos. La clientecracia

Sixto Jiménez en Ekoberri

En la economía de mercado en que estamos inmersos, cada producto o servicio comprado es un voto.

Ese voto contribuye a decidir qué empresa sobrevivirá a la crisis: la de aquí o la de allá, la multinacional o la pyme, la que hace publicidad alienante o la que trata de transmitir valores, etc.

La creciente sensibilidad empresarial a la responsabilidad social corporativa es la respuesta al hecho de que los votos de los consumidores eluden, en alguna medida, las ofertas de empresas con mala imagen o favorecen a los que demuestran estar en sintonía con los valores de la sociedad-mercado a cuya demanda apelan.

Nuestras decisiones de compra son mucho más eficaces para producir cambio social que los votos políticos. La presión del mercado es más disuasoria de malas conductas que las propias leyes en muchos casos. La ley puede hacer poco para promover buenas conductas proactivas como las que están implementándose en los programas de RSC (responsabilidad social corporativa). De hecho, está comprobado que el nivel de dureza de las leyes no guarda relación con la frecuencia de hechos criminales en una sociedad, aunque, lamentablemente, sí con el nivel de publicidad de tales hechos por la rentabilidad del morbo que suscitan y la consecuente alarma social.

Los votos de cada día de consumidores consecuentes con su visión social en el acto de la compra, dirigen a la Sociedad desde las entrañas del sistema económico. Las empresas pueden influir en las normativas locales o sortearlas gracias a la globalización,  pero siguen siendo vulnerables a las decisiones de sus clientes si estos deciden incorporar criterios sociales a sus decisiones de compra y más aún si optan por coordinar sus acciones o hacerlas públicas.

El sistema de mercado es una excelente herramienta en muchos aspectos. Pero contiene también un claro peligro de creación de monopolios, de marginalización de los ciudadanos que carezcan de poder de compra, o de dejar en el olvido aquellos factores que siendo relevantes para la Sociedad carecen de influencia sobre su cuenta de resultados. Al ser el mercado una red compleja con innumerables nodos, es además susceptible de tormentas de congestión como la que se ha producido en el sistema financiero recientemente,  alterando todo el sistema con especial perjuicio de sus actores más débiles. Muchos de estos peligros pueden conjurarse influyendo sobre la cuenta de resultados de las empresas con nuestra decisión de compra y nuestra capacidad de persuadir a otros consumidores en el mismo sentido.

Cuando compramos un determinado periódico estamos votando a favor de una particular visión política y cultural, y más en estos tiempos de prensa militante cuando no panfletaria y torticera. Nuestras vacaciones en destino local o en país pobre suman votos a favor del desarrollo autóctono o foráneo, y de la acumulación de riqueza en el norte o salida de la pobreza de los países del sur. El consumo de agua embotellada o de productos con más embalaje que contenido, equivale a votar contra las próximas generaciones por su coste ecológico. No es lo mismo ahorrar en una entidad financiera con o sin programa de fines sociales, ni invertir en hedge funds, que hacerlo en fondos éticos o simplemente desconocer en que se invierte nuestro dinero.

Nuestra compra de productos locales tiene ventajas ecológicas y crea riqueza en proximidad, lo que de una u otra forma nos resulta finalmente favorable a nosotros mismos y debe ser por tanto un factor a tener en cuenta, aunque no el único ni necesariamente el prioritario.

Muchas personas con deseos de contribuir a la mejora del mundo, sienten la frustración de no poder hacer más que emitir un voto cada cuatro años. Están equivocadas. Tenemos muchos votos en nuestras manos y mucha capacidad de persuasión de otras personas, en especial desde que existen las comunidades de internet. La información y la opinión ya no viajan solo verticalmente sino también horizontalmente por la red. Casi nunca podemos decidir con nuestro voto político una elección, pero ese voto sigue siendo importante aritmética y testimonialmente. En el caso de nuestros votos de compra su valor es aún más evidente y su mensaje más directo, especialmente si hacemos saber a la empresa los motivos de nuestra elección a favor o en contra, cosa que deberíamos hacer más a menudo.

diciembre 27, 2010 - Posted by | Sixto Jiménez | , , , , , ,

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