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El Partit de Catalunya (II)

Enric Juliana en La Vanguardia

Los derechos de autor del Partit de Catalunya  son de la doctora Paola Lo Cascio (Roma, 1975), autora de un espléndido estudio sobre la evolución del catalanismo entre 1980 y el 2003. Formada en la cultura política italiana, Lo Cascio emplea la expresión el partido de Catalunya para referirse a la percepción que de Convergència i Unió tenían muchos de sus electores. “CiU -escribe en el libro Nacionalisme i autogovern- actuó con una destacada capacidad para integrar en su acción de gobierno impulsos e intereses ajenos a sus planteamientos iniciales y a su bloque social de referencia”.

Los italianos tienen una gran aptitud para entender la dinámica de las cosas. En la mente del italiano todo se halla en movimiento. Berlusconi, por ejemplo, no está acabado. Berlusconi -te dicen estos días desde Roma- ha entrado en parábola descendente. Todo se mueve. Debe de ser un reflejo de su historia. Siendo una de las sociedades más antiguas de Europa, Italia no cristalizó como Estado nacional unificado hasta 1860. Durante siglos fue un mosaico sometido a cambios constantes e imprevistos. Hoy nacías bajo los austriacos y mañana eras piamontés. Hoy moría el Papa y vete a saber qué familia de la aristocracia romana ganaría el cónclave. Y en Sicilia hubo un día en que todo debió cambiar para que todo siguiese igual.

Antes de leer a la doctora Lo Cascio, ya había oído hablar de il partito catalano en Italia. Esta expresión la puso de moda, a finales de los noventa, el filósofo Massimo Cacciari, entonces en su primera etapa de alcalde de Venecia. Cacciari, buen lector de Nietzsche, defendía la creación en la Italia septentrional de un partido similar a Convergència i Unió para hacer frente al auge populista de la Liga Norte. En Roma no le hicieron caso y la Liga no tardó en iniciar un proceso de decantación hacia el fermento berlusconiano. Decantación: movimiento lento pero constante que, al final, se traduce en algo nuevo.

Sostengo, por tanto, que en las elecciones del pasado domingo ganó el Partit de Catalunya, entendido como decantación.

Una agregación de viejos y nuevos impulsos, con intereses y perspectivas diferentes -incluso contrapuestas-, que han visto en CiU la herramienta adecuada. Nada nuevo, dirá el lector, vuelve el pal de paller pujoliano. Sí y no. La imagen era muy buena hace veinte años, cuando Jordi Pujol trabajaba para atraer a su proyecto a unas clases medias despolitizadas por el franquismo y todavía familiarizadas con el lenguaje agrario. ¿La Casa Gran del Catalanisme? ¡Uf!, un símil inmobiliario puede tener hoy resonancias un poco siniestras.

El Partit de Catalunya tiene un problema de traducción. En su literalidad presenta una antipática connotación totalizante -es evidente que CiU no representa a toda la sociedad catalana-, pero leído a la italiana manera expresa bien la dinámica del 28-N. Catalanes de derechas, de centro y de izquierdas han votado a CiU por fe, por convencimiento, por simpatía, por hartazgo del tripartito, como mal menor, como dique de contención, por eficacia, por orgullo, para defenderse de la caricatura y el escarnio, para apretar las tuercas sin romper… En una época en la que los niños tienen dificultades para identificar a una gallina, el pal de paller ya no aguanta como metáfora. Nada es hoy estático. El Partit de Catalunya es, necesariamente, una síntesis líquida.

diciembre 5, 2010 - Posted by | Enric Juliana | , , , , ,

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