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De mediadores y facilitadores

Jose Luis Zubizarreta en Diario Vasco

Se dan a veces, por originales y auténticas, renuncias a la violencia que no son sino la repetición de pronunciamientos tan antiguos como ambiguos

Si no fuera, por su propia naturaleza, dramático, esto que hemos dado en llamar «fase terminal de la violencia» estaría adoptando caracteres ridículos. Verdad es que el terrorismo y el sistema democrático siempre han tenido una relación difícil. Son como dos esferas que sólo logran tener en común, cuando pretenden comunicarse, el punto de tangencia por el que ambas se ponen en contacto. Por ello, incluso cuando utilizan las mismas palabras, cada una transmite con su lenguaje significados que solo son entendidos de manera unívoca por aquellos que pertenecen al mismo universo del hablante, teniendo para los del otro mundo un sentido distinto y hasta contrario. Se crean de este modo dos universos herméticamente cerrados desde el punto de vista semántico, entre los que la comunicación se hace de todo punto imposible. Cada uno entiende las palabras en el sentido que les ha conferido el uso que de ellas ha hecho su propio universo. Piénsese, por ejemplo, en qué significan para uno u otro mundo términos como «libertad», «democracia», «imposición», «sufrimiento», «secuestro» o «víctima», por citar sólo algunos de los muchos posibles.
Pero, siendo esto así o, mejor aún, por ser esto así, habría cabido esperar que esta «fase terminal de la violencia» habría consistido en un acercamiento o, mejor aún, en una penetración de una esfera en la otra, de modo que el espacio de coincidencia entre ambas hubiera terminado haciéndose cada vez más amplio que el original punto de tangencia y la posibilidad de comunicación, mucho más sencilla y completa. Que las palabras hubieran adquirido, en suma, el mismo significado para ambos universos. Resulta, sin embargo, que, por lo que estamos viendo, en vez de compenetrarse las esferas, está acentuándose su impermeabilidad hasta el punto de que los universos que en ellas se encierran parecen cada vez más aislados e incomunicados.
A este proceso de progresivo aislamiento está contribuyendo de manera muy notable quien dice haber asumido, no se sabe bien por cuenta de quién, la función paradójica de facilitador o mediador: el ya famoso entre nosotros abogado sudafricano Brian Currin. Y es que, mientras este autotitulado facilitador se prodiga en los medios de comunicación impartiendo recetas sobre cómo habría de desarrollarse el proceso de acercamiento y realizando predicciones sobre cuándo van a tener lugar las diversas fases de que aquel se compone, el otro mundo concernido, el Gobierno español, marca claramente las distancias y afirma, por boca de su Ministro del Interior, que «no necesitamos mediadores para nada, ni al señor Currin ni a nadie», toda vez que «ni hay diálogo con ETA ni lo va a haber». Y, si, en un contexto normalizado, una situación tan paradójica como ésta se zanjaría a favor de quien tiene la autoridad para zanjarla, es decir, a favor, en este caso, del Ministro del Interior, y acabaría, en consecuencia, diluyéndose en la nada, en un ambiente como el nuestro, en el que tan consolidados se encuentran los universos cerrados que se han descrito más arriba, cada uno se atiene a lo que le dice quien le habla desde su propio mundo, acentuándose, en consecuencia, las distancias y la incomunicación con el otro.
Ocurre, en efecto, que el señor Currin, en vez de trasladar a aquellos con los que habla el sentido que tienen las palabras que se pronuncian en este otro universo nuestro, les repite los mismos términos -y con el mismo sentido- que ellos siempre han escuchado, encerrándolos cada vez más herméticamente en el mundo en que viven aislados. Así, en lugar de llevarlos a la reflexión y ayudarlos a producir el único cambio que de ellos se espera, les regala los oídos con palabras, como «resolución del conflicto» o «mesa de partidos», que los del otro universo hemos dejado hace ya tiempo de pronunciar o utilizamos sólo en sentido muy distinto. Nos encontramos, de este modo, con que el mundo al que el citado facilitador se dirige engendra y alimenta esperanzas que nunca van a verse cumplidas.
El resultado de todo esto está siendo el previsible. Se hacen exigencias a ETA que resultan, a estas alturas, del todo insuficientes; se dan por originales y buenas renuncias genéricas a la violencia que no son en realidad más que la repetición de pronunciamientos tan antiguos como ambiguos; se pospone la toma de decisiones que son ya urgentes e imprescindibles; y se genera un estado general de confusión en el que nadie sabe a qué atenerse. Y es que, llegadas las cosas al punto al que han llegado, todo el mundo sabe qué papel le corresponde desempeñar en el drama sin que un mediador o facilitador se lo sople al oído. Es la ventaja de haberlo ensayado ya en tantas otras ocasiones.

noviembre 14, 2010 - Posted by | Jose Luis Zubizarreta | , , , , , , , , , , ,

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