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Las políticas activas, una oportunidad para cambiar el modelo

Imanol Pradales en Ekoberri


A partir del próximo uno de enero, y tras 31 años de espera, afortunadamente la Comunidad Autónoma de Euskadi contará con la competencia de las políticas activas de empleo, siguiendo el espíritu y la letra del aún incompleto e incumplido Estatuto de Gernika. Esta nueva responsabilidad de autogobierno, no obstante, debe completarse aún con otras competencias previstas en el Estatuto, como las políticas pasivas de empleo, la inspección del trabajo, la gestión del régimen económico de la seguridad social, o los fondos para la salud y seguridad laboral, para poder cerrar así el paquete sociolaboral pactado en 1979.

Estas últimas semanas la transferencia, su contenido y cuantía han sido motivo de profundo debate político y mediático. Sin embargo, muy poco se ha escuchado en torno al modelo de políticas activas de empleo que se pretende promover desde el actual Gobierno vasco, que es a quien principalmente compete su desarrollo. Y, sin embargo, es en este punto en donde se decidirá el ejercicio positivo o negativo de la competencia transferida para iniciar la necesaria transformación y modernización del modelo vasco de relaciones laborales.

Las políticas activas integran tres grandes campos de actuación que ofrecen a su vez tres grandes oportunidades de mejora e innovación: intermediación, orientación y formación laboral.

En relación con la intermediación laboral, se debe asumir que en la actualidad el sistema no funciona. El porcentaje de contratos que se celebran gracias a los mecanismos de intermediación laboral públicos (INEM o Lanbide), apenas alcanza un 10% del total. El sistema no está cumpliendo su función intermediadora ya que le falta permeabilidad empresarial y social. La consecuencia es que el número y calidad de las ofertas de trabajo que están en el sistema es escasa y excesivamente centrada en determinados ámbitos.

Es cierto que el mercado laboral se caracteriza por una “información asimétrica” que dificulta que fluya la información sobre las vacantes de empleo y sus potenciales demandantes. Por esta razón hay que repensar el modo de acceder a la misma, buscando la participación de todos los agentes que participan en la intermediación, sean públicos o privados y, paralelamente, corresponsabilizando e integrando al demandante de empleo en la búsqueda activa del mismo. Existen experiencias interesantes en Europa en las que se han articulado mecanismos sectoriales y zonales de notable éxito que, superando esquemas clásicos, son hoy un buen referente. En Euskadi, la dimensión y conocimiento del entorno y tejido productivo local que poseen los municipios y las mancomunidades, puede constituirse en una ventaja para abordar esta cuestión.

La orientación laboral debe integrarse con mayor énfasis en la circulación del sistema. Pero una apuesta de este tipo exige no sólo profesionalizar y ampliar los recursos para la orientación laboral y profesional, sino trabajar desde un enfoque educativo integral implicando a las familias, los centros académicos y las empresas, tal como ocurre en los países con mejores resultados desde un punto de vista social y económico.  El sistema educativo es un gran ausente de las políticas de empleo. Deben superarse las visiones departamentales y desplegar estrategias transversales en las que exista una labor de orientación laboral también desde la escuela, los centros de FP o la universidad. En este ámbito queda todo un camino por explorar y recorrer.

Esta misma visión es la que debiera favorecerse en el ámbito de la formación laboral, tanto ocupacional como continua. Un potente sistema de formación orientado a las demandas de la empresa y el aumento de la productividad, en el que participen activamente los centros de Formación Profesional y los centros de excelencia universitaria, es la única garantía para mejorar la empleabilidad real de las personas. Las recientes noticias que se han publicado sobre los recortes de programas formativos que el departamento de empleo del Gobierno vasco aplicará en Hobetuz, así como la ausencia de una estrategia integradora entre industria, educación y empleo, van en la dirección contraria a la necesaria para avanzar positivamente.

Un reciclaje efectivo, de calidad e íntimamente ligado a necesidades presentes y futuras de la empresa es la mejor fórmula en el corto plazo para reincorporar al trabajo de modo sostenible al colectivo parado. Pero además, nuestro país se enfrenta a una corriente demográfica de fondo en la que, pasada la crisis actual, aflorará un déficit de profesionales y técnicos muy acusado. Esto significa que va a ser necesario establecer políticas y estrategias relativas a los nuevos inmigrantes, la necesaria incorporación de la mujer al mundo laboral, las edades de entrada y salida en la actividad, o la mejora de la empleabilidad de todas las personas en edad de trabajar.

En este gran objetivo comunitario por transformar y mejorar el modelo socioeconómico, la educación integral es la pieza nuclear, pues constituye la base del desarrollo sociocultural, el crecimiento económico y, sin duda, es el factor más determinante para innovar y mejorar el sistema productivo.

octubre 13, 2010 - Posted by | Imanol Pradales | , , , , , , , , , , , , , ,

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