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“Mi vecina vive en un burka”

Diario de Navarra

Sumaya tiene 18 años y vive bajo un burka en Navarra. Llegó a Villafranca hace seis meses. Su presencia en las calles del pueblo, vestida bajo el burka, ha desatado la preocupación entre los vecinos, que temen que pueda ir a más.

El burka negro oculta el rostro de una joven marroquí, de 18 años, llamada Sumaya. En sus brazos duerme Sohaib. Su bebé. Nació en Tudela, el miércoles 22 de septiembre, a las cinco de la tarde. A la derecha de Sumaya, se encuentra Rachid Benaomar, de 33 años, su marido. Rachid no ha dudado en entrevistarse con este periódico y explicar el motivo por el que su mujer tiene que vivir bajo un burka.

El sábado 25 de septiembre, Said, de 12 años, y su hermano Hamsa, de 7, esperaban impacientes junto a la puerta metálica que custodia la mezquita del pueblo. Según explica Said, los fines de semana, los niños y niñas musulmanes del pueblo y de la comarca acuden para estudiar el Corán y aprender a leer árabe. Aunque Said nació en Marruecos, se expresa con un marcado acento ribero. “¿Que eres periodista? ¿Para qué quieres entrevistar al imán Mustafa?” Said pregunta y responde a un ritmo frenético. “Mi padre trabaja en la obra. Yo quiero ser policía”. Hamsa se impacienta ante el retraso del imán y comienza a lanzar piedras contra la verja. “Se estará duchando”, aclara Said. “No puede oír porque la mezquita es muy grande, tiene cinco puertas”, disculpa al imán. Pasan los minutos. Said se suma al lanzamiento. Esta vez, las piedras caen dentro, a un patio.

El interior es una nave habilitada con dos salas enmoquetadas: en la más grande rezan los hombres; en la otra, la mujeres. Los vecinos de Villafranca creen que es una de las mezquitas más grandes del norte de España. Al otro lado de los tabiques, están los pupitres y el encerado, donde estudian los pequeños. “¡Hace frío!”, expresa Hamsa. Transcurren los minutos. El imán no hace acto de presencia. En ese momento, aparece un marroquí. Mohamed avisa a los chicos de que el imán se encuentra de viaje en Marruecos, dice que está gestionando los papeles de su mujer para traerla. Said y Hamsa escuchan atentos y traducen. Acto seguido, se alejan jugando hacia un canal de riego. El periodista aprovecha la ocasión y pregunta al recién llegado por Rachid Benaomar y su mujer. “Vive frente al cuartel de la Guardia Civil”, indica Mohamed, “pero él no es el imán”, corrige.

“Esa mujer vive en una cárcel”

El desasosiego entre los vecinos de este pueblo ribero de tres mil habitantes comenzó en abril. Los lugareños no se lo podían creer. Se acababan de cruzar en la calle con el paso silencioso “de una mujer sin rostro”. Y de la inquietud pasaron al temor y a la preocupación. El propio teniente alcalde de Villafranca, Enrique Marín San Miguel, reconoce que les sorprendió. “Nunca antes se ha dado un caso parecido y eso que la población musulmana en la zona se ha incrementado hasta alcanzar un 22%”, apunta. “Nos preocupa. No sabemos si esto va a ir a más. Esa mujer vive en una cárcel. No se le ven los ojos. Los ayuntamientos no podemos prohibir el uso del burka. Si se prohíbe debe ser cosa del Gobierno foral”.

Los vecinos consultados en el pueblo aseguran que impresiona cruzarse con ella en la calle. “Parece que camina dentro de una jaula”, la describen unos. “¿Cómo puede haber en Navarra una mujer con burka?”, se lamentan otros. Todos coinciden en que no se deja ver mucho. Y cuando hace acto de presencia, es acompañada por su marido y al atardecer”. También declaran que el único día que se dejó ver algo más fue durante una mañana de junio. Rachid y su mujer acudieron a una de las oficinas bancarias del centro del pueblo para solicitar un aval para comprar una casa. Después, se dirigieron a la notaría para firmar los papeles. Allí, dicen los testigos, Sumaya tuvo que descubrirse el rostro e identificarse con el carné. No pusieron ningún impedimento.

No fue difícil localizar a Rachid y Sumaya en Villafranca. Fue el lunes 27 de septiembre, Rachid abría la puerta de su casa y escuchaba atento al extraño. “Tengo turno de noche en la fábrica y por la mañana quiero dormir. ¿Puedes venir mañana a las seis de la tarde y hablamos?”. Al día siguiente, el periodista se acercó a Villafranca con puntualidad alemana y llamó de nuevo. Dentro se escuchaba un extraño alborozo de niños jugando. Al escuchar el timbre, se hizo el silencio. Unos segundos después, se abría la puerta.

¿Está Rachid?

No está -dice uno de los pequeños con un buen castellano y acento ribero-.

¿Cuándo volverá?

No sé. Está trabajando -del interior de la vivienda se oyen unas palabras en árabe, parecen de mujer-. Viene en seguida -dice ahora el chico-.

Unos minutos después, llega Rachid en coche. Va sentado en el asiento del copiloto. Conduce Mohamed, un amigo. Sin bajarse, pide al periodista que entre al coche y se siente detrás. Le pide disculpas por el retraso. “No tengo mucho tiempo”, dice con la palma de la mano en el pecho.

Los vecinos de Villafranca dicen que le conocen desde hace años.

Sí, llegué a España hace 12 años. En Navarra llevo desde 2001. Sumaya vino en abril.

¿Cómo llegó usted?

En patera.

¿Aseguran que ha cambiado?

Sí. Era un chico joven que vino a Europa para mejorar la vida. Aquí he experimentado con casi todo, lo que normalmente hacen los jóvenes, algo que queda entre Alá y yo -confiesa-. Buscaba la felicidad y la verdad. ¿A ver dónde la encuentro?, preguntaba. No la encontraba. Estuve en muchos lugares de España. Trabajaba en el campo, tenía algo de dinero, coche, casa, mujeres, pero mi corazón no vivía tranquilo. No era feliz. Estaba vacío. Salía mucho de noche. Llegué a Navarra en 2001. Ese año vinieron unos amigos a visitarme y me dijeron que era un buen chico, que debía respetar la religión. Y lo puse en práctica. Los primeros días rezaba y lloraba de felicidad. Me sentía bien con todo el mundo. Estaba en paz conmigo mismo.

Hablando de paz… Su religión se relaciona con el terrorismo

En mi religión se prohíbe matar a ninguna persona.

¿Por qué viste de esta manera Sumaya?

Mi mujer vestía con burka antes de casarse conmigo. Además, lo dice el Corán, nuestro libro sagrado. Hay dos o tres páginas en el que se habla del derecho de las mujeres. Las mujeres deben ir tapadas para salir a la calle.

¿La gente piensa que usted le obliga a vestir bajo el burka?

Ella viste así porque lo dice el Corán. Que yo la obligue a vestirse así no serviría de nada. Sería algo falso. Ella es la que tiene que querer esto. Yo respeto mucho la cultura española, tengo muchos amigos y amigas españolas. ¿Por qué la gente piensa que nosotros obligamos a taparse la cara? No es serio.

Pero, el Corán no dice nada sobre el burka. Según la Sunna o tradición islámica (segunda fuente del Islam) fue el profeta quien impuso a las mujeres de su harén el velo como seña de identidad.

Sí lo dice el Corán -interrumpe Mohamed-.

El profeta explica lo que dice el Corán. No sé cómo explicarlo – empieza a soltar versículos del Corán-. Hay que cubrir el cuello de la mujer, las tetas… Cuando pasa una mujer lo primero que miramos es la cara, los ojos. Por eso, hay que tapar la cara.

¿Qué es más importante para usted el corazón o el físico?

El corazón. Pero primero siempre miras la carne de la mujer. Luego es el corazón el que manda.

Entonces, ¿cómo se puede enamorar un hombre de una mujer que está oculta por un burka?

Fui a visitar a mi familia a una ciudad cerca de Melilla y Sumaya estaba allí, en la casa, cubierta con el burka. Mi hermana me preguntó que si me quería casar con ella. En mi país el amor no entiende de diferencia de edad. Durante un año, sólo hablábamos. Todo iba bien. Todo lo que quería yo lo quería ella.

¿Durante un año estuvo sin ver el rostro de su mujer?

La religión dice que el primer día puedes ver las manos y la cara de tu futura mujer, después no puedes salir con ella hasta que no te casas, está prohibido. Volví a España a trabajar. Hasta la noche de la boda no la vi.

¿En casa también lo lleva?

Si está con familiares directos de ella se lo puede quitar.

¿Quiere a su mujer?

La quiero mucho. Soy feliz junto a ella.

¿Es ella feliz?

Por supuesto. Siempre ha vivido tapada.

¿Le gusta a su mujer vivir en Navarra? ¿Qué vida hace aquí?

(Se queda en silencio) Ella es religiosa. Le gusta leer mucho el Corán. Vamos juntos a la mezquita. Tengo hermanos aquí que vienen a ayudarla. Está conmigo.

¿Qué aficiones tiene Sumaya?

Le gusta cocinar, sobretodo el pescado y la tortilla.

¿Y la música?

No… no puede escuchar música. Está prohibida porque la mayoría de las canciones expresan palabras malas.

¿Pasean juntos por la calle?

Cuando estaba embarazada casi todos los días. Sí, agarrados del brazo.

¿Sumaya no echa en falta sentir la naturaleza con todos los sentidos? Por ejemplo, el aire fresco en la cara…

– El burka tiene agujeros pequeños. Entra el aire. Por ejemplo, si estamos en el campo solos, ella se retrasa y se descubre.

¿Puede salir sola a la calle o viajar?

(Duda unos segundos). Si necesita comprar algo, claro que puede, pero para viajar tiene que ir acompañada por su marido, padre o hijo. El que manda es el marido. Somos los que buscamos la vida. En nuestra religión todos tenemos nuestro trabajo. Y el de nuestras mujeres es el de estar en casa. Es la responsable de explicar a nuestros hijos la religión. Por eso dejamos a nuestras mujeres en casa.

¿Cree que el burka o el velo permite que los musulmanes se integren en Europa?

He viajado mucho. Conozco y respeto todas las culturas del mundo. Respeto que una mujer quiera salir sin ropa, pero también se debe comprender que una mujer quiera ir cubierta. Hasta ahora, en Navarra nos respetan. Estamos tranquilos.

¿Qué le parece que se prohíba el burka ?

Va contra el derecho de las mujeres.

¿Y si un día lo prohibiesen en Navarra?

Nos iríamos en seguida. Volveríamos a nuestro país.

¿Si su mujer decide un día descubrirse?

Yo no se lo prohibiría. Ella hace esto hacia dios no hacia mí. Yo sólo soy su marido. La respeto.

El Corán también permite la poligamia.

El Corán permite muchas cosas pero no puedo…

Rachid da por finalizada la entrevista. Tiene que cortar el pelo a su hijo Sohaib, así lo marca el Corán cuando nace un bebé. También debe sacrificar un par de corderos en su honor. El martes los matará. Llega el momento de la fotografía. Al principio, Rachib lo desaprueba. Hay gente en su casa. Lo piensa unos segundos. Accede. “Espera un momento”. Entra en la casa. Sale. “Ya puedes”. El alborozo ha desaparecido. “¿Dónde están los niños?”. En la sala no queda nadie. El burka es negro. Le cubre todo el cuerpo. Las manos también están ocultas por unos guantes negros. Sumaya no pronuncia una sola palabra.

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octubre 4, 2010 - Posted by | Diario de Navarra | , , , ,

2 comentarios »

  1. es una buen entrevista me agrada escuchar este tipo de temas como es la cultura de cada pais y la fidelidad a una religion

    Comentario por inock skaat lendero | abril 19, 2013

  2. Cada cultura merece respeto mientras permanezcan en paz

    Comentario por Anónimo | marzo 20, 2015


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