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¿”White trash”? Cuidado con el fuego

Antoni Puigverd en La Vanguardia


El fracaso del PSC encuentra inquietante correlato en una esquina ultraliberal de CDC

Mientras el PSC, según la encuesta que publicábamos ayer, se desploma y coquetea con la hecatombe, CiU rompe su progresión hacia la mayoría absoluta. Pronto sabremos si la pérdida de gas de CiU equivale al respiro que se regala el alpinista cuando ya divisa la cumbre o si se trata de lo que en ciclismo se llama una pájara: una irreparable pérdida de glucosa en el momento de la verdad.

El PSC se desangra, víctima de su éxito. Un éxito paradójico. El poder que ha acumulado en los últimos años es colosal. Ningún partido ha tenido tanto poder en la Catalunya contemporánea. Sin olvidar su conexión preferente con el mundo cultural, mediático y universitario, tradicionales fábricas de ideología. Y sin embargo, su discurso ha quedado siempre eclipsado por el nacionalismo catalán (y, en menor medida, por el español). Sea cual sea el resultado de las elecciones, puede ya afirmarse sin temor a exagerar que el PSC ha fracasado en su intento de responder a los retos que se impuso en el congreso de la unidad socialista de 1978. Como el haz y envés de una hoja, aquellos retos carecen de sentido el uno sin el otro. Este era el haz: articular la relación entre Catalunya y España en términos de un federalismo que hoy llamamos asimétrico: conseguir para Catalunya el tipo de relación que el PSC mantiene con el PSOE. El envés del reto del PSC se formularía así: la sociedad catalana, dividida en dos al inicio de la democracia por razón de lengua u origen, debe tejer una síntesis para devenir un solo pueblo.

Mucho se ha hablado durante la penosa aventura del Estatut de la incapacidad del PSC para influir en el PSOE. Pero muy poco del fracaso de su propuesta de síntesis o fusión catalana. La ha conseguido, sí, en su interior, en su entorno de simpatizantes y beneficiarios (y en este sentido, es inaudito que el periodismo bien informado siga hablando de sector catalanista: ¿las corrientes dependen acaso del apellido?). Pero la síntesis cultural, social y política que el PSC ha conseguido en su organización apenas ha penetrado en sus votantes. Unos votantes que, por razón de las corrientes migratorias del siglo XX, coinciden con la gran masa de castellanohablantes de Catalunya. Tales votantes son muy fieles cuando el líder del PSOE encabeza el cartel, pero se abstienen cuando se trata de política catalana. ¿Están en contra de la línea oficial del PSC, como sostienen de continuo intelectuales de izquierda en Madrid y la izquierda babélica catalana? No lo parece.

Han tenido muchas oportunidades de manifestar claramente su malestar (podían votar en contra del Estatut en el referéndum, si tan hartos estaban; o a favor de Ciutadans, que raspó un justo 3%, que ahora, en la mejor de las previsiones, repite). No, los sectores castellanohablantes de Catalunya no están mayoritariamente en contra del catalanismo. Dejan hacer. Pero no se implican. El reto de conseguir una fusión era hercúleo. Bastará, para calibrar su enorme dificultad, observar lo que está sucediendo en Francia. Incluso la formidable izquierda cultural francesa fracasa en el intento de articular a los descendientes de la añeja clase obrera.

¿Qué ha hecho el nacionalismo catalán para penetrar en este sector tan importante? Responde Pujol: “És català qui viu i treballa a Catalunya”. La declaración (y la política socialcristiana del pujolismo) convergían con el objetivo del PSC: “Un sol poble”. De ahí procede asimismo la opción estratégica de ERC por el tripartito. Esta ha sido la mejor herencia de la Assemblea de Catalunya. Pero si el PSC no pudo continuar los deberes que inició el viejo PSUC (fusionar las dos comunidades), CiU apenas penetra en los barrios y ciudades del cinturón barcelonés.

El fracaso ideológico del PSC encuentra en los últimos tiempos un inquietante correlato en una esquina ultraliberal de CDC. Mientras el PSC responde con miedo táctico al independentismo que ha desatado la sentencia (“¡Que Catalunya no se rompa!”), cierto extremoso escritor ha puesto nombre al desprecio: ¡Qué va a romperse! “Ellos” no son más que white trash (basura blanca: despreciable manera con que en EE.UU. se refieren a los blancos sin futuro). ¿Responde este lenguaje a la evolución ideológica de CDC? No, pero de vez en cuando lo parece. Artur Mas ayer, ante nuevos inmigrantes, insistió en la tradicional doctrina integradora de Jordi Pujol. Hará bien en profundizar una y mil veces en tal línea si quiere conseguir no ya una clara victoria, sino la dirección moral del país. El PSC dejará unos deberes imprescindibles por hacer. Dar por supuesto que el soberanismo ocupa todo el espacio y que pueden orillarse otras vivencias y sensibilidades internas sería igual que construir una gran falla de cartón piedra y, en la nit del foc, dejar que las llamas salten a los edificios.

septiembre 9, 2010 - Posted by | Sin categoría | , , , , , , , , , , , , , , ,

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