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¿Se apaga la luz en la casa de Kagame?

Ramón Arozarena en DNN

La campaña electoral para las elecciones presidenciales en Ruanda comenzó oficialmente el 20 de julio. El presidente en funciones, Paul Kagame, viaja por todo el país y está omnipresente en todos los medios de comunicación para proclamar sus méritos y, sobre todo, para explicar que no existe alternativa. Efectivamente, tiene razón. Los partidos que deseaban enfrentarse a él no han sido legalizados. El régimen ha utilizado su control de la prensa para diabolizar a los adversarios. Los líderes, cuadros y militantes de la oposición han sido sometidos a presiones verbales y físicas y han sido acusados de divisionismo y de difusión de la ideología genocida. Estas categorías están definidas vagamente en la ley y son utilizadas para eliminar a cualquier persona que no comparte la lectura oficial de la historia reciente o que no suscribe la política del régimen. El resultado es que la oposición no ha podido inscribir a sus candidatos. Kagame será elegido sin tener enfrente a adversarios reales ya que los candidatos que han podido inscribirse pertenecen a partidos satélites del FPR del presidente, con el único objetivo de crear la impresión de que Ruanda tiene de verdad un sistema multipartidista.

Cabe señalar que el lanzamiento de la campaña electoral del presidente saliente comenzó sin embargo el 19 de junio en Joanesburgo, donde el general ruandés Faustin Kayumba, antiguo jefe de estado mayor del Ejército, fue tiroteado. Este militar había sido apartado de la política interior por Kagame y enviado como embajador a la India. En desacuerdo con el régimen, huyó a Sudáfrica, donde se unió a otro general, Patrick Karegeya, en su día jefe de los servicios secretos y director del Congo Desk, órgano a través del cual la cúpula militar ruandesa coordinó la ocupación y el pillaje de los recursos naturales del Congo.

Desde la huida de Kayumba, no se observa más que un régimen que se defiende brutalmente de sus adversarios y se debate contra su propia desintegración. Varios pilares del mismo han huido o han sido detenidos, y el Ejército, espina dorsal del sistema Kagame, se ha convertido en su talón de Aquiles. Desde hace 20 años, Kagame dirige el FPR, y desde 1994 es el hombre fuerte del país. Pero después de dos decenios, ya no queda más que un pequeño resto de las personas con las que empezó el maquis, y ahora este hombre empieza a no saber con quién contar. La violencia con la que actúa (asesinatos, detenciones, encarcelamientos) no hace sino expresar hasta qué punto está nervioso.

Desdichadamente, las tensiones más visibles en el seno del régimen no provienen de la pugna entre dictadores demócratas, sino exclusivamente de luchas por el control del poder. Una nueva generación, enriquecida con el pillaje de los minerales del Congo, desea tomar el relevo y ve que Kagame es un baobab que acapara tanta luz que nada crece bajo él. Es también evidente que las órdenes de arresto internacional emitidas por jueces españoles y franceses pesan sobre el régimen, gran parte de cuya cúpula está acusada de crímenes contra la humanidad. El plantón protagonizado en Madrid por el presidente Zapatero ha influido sin duda en el creciente desprestigio del régimen de Kagame.

Durante estos largos años, algunos países occidentales, sobre todo el Reino Unido y EEUU, impresionados por el crecimiento económico que expresaban las cifras macroeconómicas de Ruanda, han dado carta blanca al régimen ruandés en su política dictatorial en el interior y agresiva en el exterior (Congo). Sería el precio que pagar por realizaciones que permitirían sacar al país de la miseria y de la violencia. Una reflexión nada correcta. La elegante y engañosa fachada de la capital no puede ocultar la realidad a quien quiera verla de verdad: el país funciona a dos velocidades, las desigualdades se han profundizado y las políticas impulsadas, que dejan en la cuneta a millones de campesinos, no tienen como objetivo la lucha contra la pobreza generalizada. El crecimiento ruandés es una bomba de relojería que puede estallar en el futuro.

Por otra parte, los traumatismos del pasado son abordados de manera unilateral: los crímenes cometidos contra los tutsi son perseguidos sin piedad mientras pesa un tabú sobre los cometidos contra los hutu. Este desequilibrio hace imposible curar los desgarros y heridas que existen en la comunidad. Se logra, quizás, ocultarlos en tanto los mecanismos de la represión y control son lo suficientemente fuertes.

Es de todo punto indispensable para Ruanda que la comunidad internacional adopte posiciones muy críticas frente al régimen de Kagame; tan indispensable como el establecimiento de un diálogo político permanente entre ruandeses. Un camino alejado del emprendido por Kagame, que en vez de ensanchar las bases sociales de su régimen, se está aislando incluso en los entornos internos e internacionales que le han considerado un líder indiscutible. Se trata más bien de un déspota iluminado y cruel en cuya casa empieza a apagarse la luz.

agosto 16, 2010 - Posted by | Ramón Arozarena | , , , , , , , , , , , , , , , , ,

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