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Aspirina para el dolor de pobreza

Manuel Millera en DNN

Escrito por Klaus Werner / Hans Weiss y editado hace seis años por Debate, El libro negro de las marcas sigue pleno de vigor, escalofriante. En él se destapan los trapos sucios de las grandes multinacionales que diariamente nos acompañan como perrito faldero, en su afán de enriquecerse a costa de la salud y los perjuicios al género humano. Mercedes, Adidas, Coca-Cola, Siemens y McDonalds son como de la familia, marcas preocupadas por nuestro bienestar para ofrecernos la chispa de la vida y un soplo de libertad. En su organigrama conjugan de manera muy curiosa el presente de indicativo del verbo vender: Yo me corrompo, tú publicitas, él consume, nosotros nos enriquecemos, vosotros transportáis, ellos enferman o mueren. Mantenimiento y complicidad con dictaduras sangrientas, financiación de paramilitares contra sindicalistas, explotación laboral infantil, saqueo de recursos naturales incluso en áreas protegidas, expulsión de poblaciones indígenas de sus ancestrales territorios, masivo deterioro medioambiental, desprecio absoluto por cualquier legislación fiscal o laboral, además de la salud humana, son sus prácticas habituales. Todo ello sin oposición, cuando una marca es fuerte es una diosa, y su caída provocaría según los gobiernos, demasiado ruido y polvo. Debemos mantenerlas. Códigos de barras no convertidos en barras de cárcel.

Por ejemplo, la fabricación de semillas transgénicas está controlada por seis empresas (Monsanto, Syngenta, DuPont, Dow, Bayer y Basf) y supone un grave peligro, pues controlan el mercado agrícola mediante la venta de semillas casadas con los herbicidas e insecticidas que ellas fabrican, aparte de legalizar la apropiación privada de la vida. 42.200 millones de dólares ganaron sólo en 2007. Parecemos condenados a consumir productos cancerígenos para que ellos se enriquezcan; una práctica que bien podría llamarse terrorismo alimentario. Dow ya tenía un antecedente genocida. Fabricó especialmente el Napalm usado en Vietnam y comparte con Monsanto el privilegio de haber fabricado además el agente naranja, que hasta hoy sigue produciendo malformaciones en los nietos de las víctimas, con 4 millones de personas afectadas. Un verdadero crimen ecológico, ambiental y sanitario, jamás reconocido y mucho menos indemnizado, debido a la herencia y la huella que deja EEUU allá por donde pasa. Después se ha usado una versión corregida y mejorada con uranio empobrecido, en Serbia, Afganistán, Irak, Gaza y Líbano. También enfrenta pleito por el Nemagón (DBCP) que provoca esterilidad y deformaciones congénitas en muchos países latinoamericanos. Obtienen ganancias supermillonarias gracias a los consumidores del primer mundo, mediante la explotación sin piedad de los países pobres donde instalan su producción, habiendo cerrado antes sus fábricas principales de dichos países ricos. Sus prácticas antisociales no merecen las crónicas occidentales, ya que los atentados se producen en los rincones más olvidados del planeta, además de que su presencia como accionistas en dichos medios les permite impunidad a la hora de exhibir su verdad. Desde mediados de los años 50, fundaciones dependientes de Ford y Rockefeller han impulsado y facilitado criterios estadounidenses en políticas agrícolas de países como la India, hecho que ha conllevado graves males a su país, según indica la escritora Vandana Shiva, entre ellos el suicidio en masa de miles de agricultores.

El listado de marcas infames estaba liderado por la farmacéutica Bayer, la petrolera Total Fina Elf y el entrañable McDonalds, pero en posterior edición les acompañan Exxon Mobil (Rockefeller) y Mattel (las muñecas Barbie) Hay fuerte lucha por el podium. Bayer fabrica algunos supuestos medicamentos que han producido querellas criminales, como el antihipertensivo llamado nitrendipina, el antibiótico veterinario Baytril, y los herbicidas Baysiston (utilizado en el cultivo del café), Gaucho (girasol) y el peligrosísimo nematicida fenamifos (Nemacur). Bayer asimismo demandó en 2001 al gobierno sudafricano por aprobar una ley en 1997 que permitía tratar a los enfermos de sida con medicamentos baratos o genéricos. Tiene responsabilidad directa en la guerra del Congo por la compra del coltan, metal fundamental en el desarrollo de las nuevas tecnologías, incluidos los móviles. Se habla de 3 a 4 millones de muertos. En 1925 se llamaba IG Farben y produjo el gas Zyklon B, que exterminó a millones de personas. Después de la 2ª GM se fragmentó en tres para eludir su maldito nombre y sus responsabilidades civiles: Bayer, Hoechst y Basf, ninguna de las tres ha realizado una indemnización adecuada a las víctimas. Como tampoco Monsanto o Dow Chemical. Es conocida la sentencia reciente por la catástrofe de Bhopal en 1984 con más de 25.000 muertos por la fuga de un gas tóxico y otros 500.000 con secuelas permanentes. 26 años después, ocho directivos de Unión Carbide de la India han sido condenados a una multa de 1.750 euros y dos años de cárcel. La vida de una persona en el tercer mundo vale menos de 10 céntimos, mientras Warren Anderson y los directivos estadounidenses se carcajean de la justicia exhibiendo Rolex de oro en su isla privada. Roban el agua de los acuíferos naturales, la madera, los minerales o el petróleo con invasiones injustificadas. Los autores demuestran en su libro la corrupción de la clase médica en algunos países al realizar ensayos clínicos prohibidos con pacientes por encargo de empresas farmacéuticas. Una escapatoria habitual para barnizar sus malas prácticas es realizar supuestas acciones sociales. Nike promociona campus de fútbol en Soweto. El presidente de Mercedes habla de responsabilidad social, al tiempo que fabrica minas antipersonas prohibidas. Siemens construye unos campamentos de verano para huérfanos alemanes o checos mientras millones de personas del Tercer Mundo son desplazadas por la construcción de presas o siembran el territorio ajeno de centrales nucleares. Nestlé, la empresa que endulza la leche con cacao, debería tener un amplio historial delictivo. Hasta Al Capone estuvo en la cárcel por evasión de impuestos ¿No hay posibilidad de acusación contra unas marcas que nos provocan tan fuerte dolor de cabeza y luego se enriquecen para quitarlo? Mienten de forma habitual por lo que dicen y por lo que no dicen, como los directivos de Philip Morris o Reynolds cuando afirmaron en los 50 que el tabaco no era nocivo. Michelin cuenta con un muerto en Vitoria por amianto. Qué pena que Pinocho sea un cuento, les crecería la nariz hasta el suelo y les podría en dificultades para salir de casa. Mientras tanto, Comercio Justo y Consumo Responsable, podría ser una opción, ¿no creen? Entiendo que Klaus Werner y Hans Weiss han hecho un buen trabajo. Nadie les ha desautorizado hasta hoy.

julio 25, 2010 - Posted by | Manuel Millera | , , , , , , , , , , ,

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