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¿Un nuevo proceso constituyente?

Xabier Lapitz en Grupo Noticias

Este Gobierno (vasco) es bipolar. O le entra la euforia vía “Teleberri” y demás corte mediática, o se calla hasta que pueda jugar a “Pasapalabra”.

Si a un catedrático de Derecho Constitucional de acreditado prestigio como Javier Pérez Royo la sentencia del TC sobre el Estatut le deja “perplejo”, no es difícil imaginar cómo está buena parte del público sin la capacidad de discernir en estas cuestiones de la que hace gala el profesor. Pero de la perplejidad se pasó al enfado y de ahí, quién sabe, si a la ilusión de volver a empezar, esta vez con más fundamento, lo que se negoció en condiciones extremas a finales de los setenta. Sí, desde el desconocimiento académico, parece que el catedrático de Sevilla dice algo muy sensato al advertir que un partido acaba no cuando lo decide el ganador, sino cuando el perdedor asume la derrota y la interioriza. Eso no ha ocurrido ni en Catalunya, ni en Euskadi. No sé si queda partido, pero la Liga es larga. Llevamos tres décadas escuchando en boca de los que ahora han rescatado el concepto de Estado-nación que los nacionalistas (se supone que vascos y catalanes) son “insaciables” y que la solución (a veces hasta admiten que es un problema) no está en llegar a un acuerdo, porque siempre tratarán de desbordarlo.

Ese razonamiento político ha tenido su versión judicial en la reciente sentencia cuando hace referencia a que no se puede hablar de “bilateralidad”. El texto es farragoso como pocos, pero se entiende bien en algunos extractos cuando declara inconstitucional “la referencia a una dualidad imposible entre el Estado español y la Comunidad Autónoma de Cataluña”. Afortunadamente un grupo de magistrados nunca pueden dictar, por mucho que estén investidos de autoridad y autoestima, qué es o no imposible. Como mucho podrían decir qué es legal de acuerdo a las actuales leyes, pero no qué es imposible. Por eso entiendo a Montilla cuando dice que la sentencia contiene ofensas gratuitas. Las ansias de una mayoría no pueden ser imposibles si además son democráticas y respetan principios básicos de la democracia.

¿Y López? ¡Toc, toc! ¿Vive alguien en Ajuria Enea? ¿Sabemos algo más de su inquilino desde que pronóstico el 3-0 de España a Paraguay? Este Gobierno, este sí, es bipolar: o le entra la euforia vía Teleberri y demás corte mediática, o se calla hasta que pueda jugar a Pasapalabra. Si hacemos caso a lo que dice su portavoz, sacamos una conclusión y la contraria: le parece bien la sentencia y también le parece bien lo que dice Montilla.

De la sentencia se desprende, vía negación a Catalunya, que los territorios vascos cuentan con unos derechos históricos recogidos en la disposición adicional primera de la Constitución. A ello se refería Josu Erkoreka cuando hizo mención a que este fallo del TC no cierra para todos por igual la puerta. Puede ser, pero habría que hacer una enorme profesión de fe en la generosidad “española” para poder abrir esa puerta. Al fin y al cabo ha estado cerrada 30 años y no parece que tengan intención de abrirla.

El propio Zapatero, en varias de sus intervenciones en el debate del Congreso, expuso cuál es su talante: “Nación no hay más que una, la española” o “podríamos taparle la boca a los nacionalismos, pero eso parece que está mal en democracia, así que es mejor atenerse a los límites jurídicos que marca la sentencia” (contestando a la nueva adalid del nacionalismo español, Rosa Díez). Bien es cierto que Zapatero, el hombre cambiante, contesta a cada uno con argumentos que parecen dispares, porque a uno les promete tratar de solucionar el problema nacional catalán y a otros, que ya ha hablado el Tribunal. Existe un problema para abrir algo parecido a un nuevo proceso constituyente que redefina el Estado español: que en España nunca ha habido un reconocimiento de los derechos de quienes no se sienten españoles, ni siquiera siendo mayoritarios en su ámbito territorial.

Tanto para UCD primero, como para la primera etapa del PSOE después, como luego para el PP y ahora para Zapatero, no se trata de una negociación que obliga a las partes de igual manera. Cualquier transferencia se ve como una “cesión” del Estado que tiene una suerte de derecho eterno a retener el poder cueste lo que cueste. Esta percepción de las cosas explica que el goteo de transferencias pendientes del Estatuto de Gernika hayan sido “arrancadas” en negociaciones presupuestarias cuando los Gobiernos españoles de turno estaban apurados.

Y toca hablar de los cerca de 1.000 comentarios a mi artículo España sale del armario. Estoy sorprendido. Dejo a un margen los insultos cruzados y extraigo alguna conclusión. Primero, el asunto de marras ni tiene que ver con el fútbol ni “nos la trae floja”. Desde luego que no a nosotros, pero tampoco a estos aprendices de fascistas que ultrajan a la mínima que pueden a sus vecinos vascos. Y aquí una aclaración porque parece que ha suscitado algunas dudas: a mí los españoles que salieron a celebrar el triunfo de su selección también me parecen vascos, faltaba más. Lo que he querido decir es que otros vecinos sólo nos sentimos vascos y nunca españoles. Cuando hablo de “salir del armario” estoy constatando que no eran visibles hasta ahora porque alguien les persigue a bomba y tiro limpio. Para ellos, mi solidaridad. Espero que ellos tengan más respeto la siguiente vez.


julio 19, 2010 - Posted by | Xabier Lapitz | , , , , , , , , , , ,

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