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Del plan… al contrato

Xabier Lapitz en Grupo Noticias

No somos vascos, ni siquiera ciudadanos vascos, ahora resulta que somos entes que conforman algo llamado “ciudadanía”, colectivo amorfo suma de miles de identidades, tantos como ciudadanos vagando por estas tierras, más de millón y medio, una masa que podría disolverse mañana como un azucarillo porque no existe una identidad propia que la compacte. No somos tampoco pueblo, según quienes nos gobiernan que prometen su cargo eliminando el término de su fórmula; ni somos nación, por supuesto, porque no lo autoriza el Tribunal Constitucional. ¿Qué somos entonces?

Juan Ignacio Pérez Iglesias dijo el otro día en Onda Vasca que los actuales gobernantes de la CAV nos tratan como seres “inodoros, incoloros e insípidos”. Pero iba más allá cuando subrayaba que allí donde nosotros somos ciudadanía, ellos sí ejercen de pueblo. Un compañero de profesión más veterano y más sabio solía referirse a esta dualidad de una manera muy gráfica: “se creen que mean colonia”.

Si la memoria (y la hemeroteca) no me falla el primero que acuñó el término “orgía nacionalista” para referirse a un partido de la selección de Euskadi fue Nicolás Redondo Terreros, la versión menos pulida de Patxi López al frente del PSE. Pero el espíritu de la boda que ofició en el Kursaal donostiarra Savater entre Redondo y Mayor Oreja, alimenta hoy la entente López-Basagoiti.

El espíritu viste de rojigualda y está estos días crecido, a la espera de lo que pase esta tarde en Johannesburgo. Resulta que un partido no oficial de Euskadi con llenazo en San Mamés es una “orgía” y lo suyo, este empacho patriótico, no lo es. Lo suyo es ciudadano y lo nuestro es tribal, incivilizado. Sentirse parte de un pueblo, el español, permite determinadas manifestaciones que nos están vetadas a los que nos sentimos parte de otro pueblo, el vasco.

Allá donde ellos echan cohetes celebrando sus triunfos, nosotros tenemos que estar calladitos; porque si gritamos, bailamos y sacamos nuestra bandera, entonces nos convertimos en orgiásticos nacionalistas. Y además, somos los que creamos problemas artificiales que no preocupan a la gente, cosas del pasado. Los moderno siempre es la españolidad; el atraso es la vasquidad.

Y en este ambiente habrá que enmarcar la nueva vuelta de tuerca del Gobierno del PSE que va a llegar a donde nunca llegó el PP. A eliminar, sin consulta previa, todas las referencias que ligan cultura con identidad propia. No es casualidad que el “Plan Vasco de la Cultura” sea rebautizado por Contrato Ciudadano por las Culturas”.

Donde había un “plan” ahora hay un “contrato”. Según la RAE hemos pasado de un “modelo sistemático de una actuación pública o privada, que se elabora anticipadamente para dirigirla y encauzarla” a un “pacto o convenio, oral o escrito, entre partes que se obligan sobre materia o cosa determinada, y a cuyo cumplimiento pueden ser compelidas”. Hay un problema que no se cómo va a superar la rectora del desaguisado: ¿con qué ciudadanos va a pactar? ¿Con todos uno a uno? A mi no me han preguntado y no pienso suscribir nada con un Gobierno del que espero un plan, no un contrato.

El plan era “vasco” y el contrato es “ciudadano”. Y la cultura pasa a ser un plural. Pues o el olfato y la semántica me confunden o huele a disolución; es la versión cultural del ridículo mapa del tiempo que impuso el nuevo Gobierno en EiTB: lo ampliamos todo mucho para ver si no se nota que existe un pueblo con una cultura propia. Si ya no tenemos una cultura, sino miles; si ya no hay pueblo, sino ciudadanos, se acabó la vaina nacionalista (la vasca, porque la española echa cohetes).

Por supuesto, ese contrato que propone la consejera Urgell se ha hecho sin consulta previa al Consejo Vasco de la Cultura, donde se alumbró el anterior plan. Pero los Consejos no parecen ser el fuerte de este Gobierno.

El martes se cumplirán dos años de la constitución del Consejo Vasco de Ciencia, Tecnología e Innovación. El decreto que lo regula y que no ha sido aún “cepillado” establece que es el “órgano superior de participación, asesoramiento y liderazgo de la política científica, tecnológica, de investigación e innovación” y que se reunirá al menos dos veces al año. Desde que López llegó a Ajuria Enea no se ha reunido. Otro incumplimiento.

Afortunadamente, la iniciativa privada tiene más capacidad de trabajo que este Gobierno vasco, pero es verdad que sin el apoyo público difícilmente pueden alcanzarse los ambiciosos objetivos que en esta materia estratégica para nuestro bienestar se marcaron. Y ahí están, entre aletargados y moribundos, proyectos como el de la Fuente Europea de Neutrones por Espalación convertido en un marco para las fotos y las firmas sin que termine de llegar la inversión. Eso sí, que no falte la cámara de turno para sacar a la consejera de cabecera, ni la declaración tan pomposa como vacía.

Idoia Mendia ha resumido muy bien lo que está consiguiendo su Gobierno con esta política de palo y tentetieso. Según su versión, con la que coincido plenamente, sólo se molestan con la inclusión de Euskadi en la campaña “I need Spain” quienes quieren desengancharse de España. Va a ser que tiene razón. Y con esos, sospecho, pocos contratos podrán alcanzar quienes ni son capaces de escuchar sus propios consejos.

julio 13, 2010 - Posted by | Xabier Lapitz | , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

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