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El péndulo de EA

Miriam Vazquez en el Grupo Noticias

Desde su nacimiento en 1986, el partido ha pasado de la coalición con el PNV al “polo soberanista”

Algo más de 65 kilómetros de distancia y 24 años de historia. Esas cifras son las que marcan el trecho entre la fundación de EA, el 4 de septiembre de 1986 en los salones del Hotel Gasteiz, y la presentación el pasado domingo de la confluencia soberanista en el Palacio Euskalduna de Bilbao. Casi un cuarto de siglo que ha asistido al nacimiento de la formación como escisión del PNV, y como tercer espacio entre jeltzales e izquierda abertzale histórica. Una postura intermedia que ha sido gestionada sellando coaliciones con sus ex compañeros en coyunturas puntuales como la aprobación de la consulta propuesta por Ibarretxe, o al objeto de combatir la entente constitucionalista de Nicolás Redondo y Jaime Mayor Oreja. Alianzas circunstanciales que han sido contrapesadas por sus siglas abogando por marcar perfil y mantener postulados como la apuesta por la modificación de la Ley de Territorios Históricos.

Sin embargo, en su periplo como tercera fuerza entre dos aguas, la formación ha experimentado en los dos últimos años un viraje a la hora de escoger a su compañero de baile, alejándose del PNV -al que acusó de abandonar el soberanismo- entre el fuego cruzado de parte de sus filas, que auguraba el suicidio político de su partido tras romper la coalición. Tras el bajón electoral de 2009, sigue mirando al horizonte de la confluencia soberanista, lejos de bajar el periscopio ante las críticas del PP tras su acercamiento a la izquierda abertzale. El Gobierno español, por su parte, ha calmado la aguas esta semana: cree que la trayectoria democrática de EA es “impecable”.

LTH, el detonante

Hasta recalar en el puerto actual, Eusko Alkartasuna ha recorrido varias leguas desde su nacimiento en 1986. En aquellos momentos, la elaboración de la Ley de Territorios Históricos terminó por sembrar la discordia hasta conducir a la escisión del PNV. Una ruptura que tocó incluso al lehendakari, Carlos Garaikoetxea, que pasaría a liderar las filas del nuevo partido tras su dimisión. Para EA, el reparto competencial entre Gobierno vasco y diputaciones -símbolo de las particularidades del sistema institucional vasco- ahondaría en la división de un país ya fragmentado entre la CAV, Nafarroa e Iparralde.

El 4 de septiembre de 1986, Manuel Ibarrondo -que encabezó las nuevas siglas hasta 1987, cuando fue elegido Garaikoetxea-, Koldo Amezketa y Sabin Zubiri, acompañados de otros militantes, sentaron las bases de EA en el Hotel Gasteiz de la capital arabarra. Las tres premisas que habrían de guiar su camino pasaban por apostar por el derecho a la autodeterminación, por defender un proyecto socialdemócrata, y por dejar clara su oposición a la violencia. En su vigésimo aniversario, el partido aseguraba en su revista que su espacio político era “un vacío que había que cubrir”.

Alianzas del “tercer espacio”

Su debut electoral ese mismo año, azotado por la intensa actividad de ETA y con un Parlamento joven tras la dictadura, arrojó unos resultados positivos para la formación, que obtuvo 13 escaños, frente a los 17 del PNV -en los anteriores comicios, habían obtenido 32 asientos-. Su éxito se extendió a la cita de las forales de 1987, con el logro de 35 junteros; y a las municipales, como lo atestiguaron sus 442 concejales.

Los primeros pasos de la nueva formación se encaminaron a poner en relieve su triple perfil abertzale, progresista y pacifista. En este sentido, el año 1990 asistió a seis meses de fugaz Gobierno tripartito con PNV y EE, “que precisamente se frustró porque, en ciertas instituciones municipales, EA presentó mociones por el derecho a la autodeterminación, y eso ocasionó que el lehendakari Ardanza nos echase del Ejecutivo”, asegura el secretario de Política Económica del partido, Rafa Larreina, en declaraciones a DEIA.

En 1994, bajo el liderazgo de Ardanza, volvió a compartir Gobierno con los jeltzales, pero también con los socialistas. Larreina fundamenta esa decisión en que, a la luz de las tres premisas fundacionales, en ese momento consideraron importante asegurar determinados elementos para la construcción nacional del país, como la educación. “El Departamento de Educación, en manos de los socialistas, con Fernando Buesa como consejero, era un tema fundamental, porque se abordaba una época básica con la elaboración del mapa escolar. Había que tener en cuenta los modelos lingüísticos para promocionar el euskera”, explica.

En cuanto a la segunda vertiente de su ideario, referente a la visión progresista del modelo socioeconómico, considera que “ahí EA tuvo un papel importante”. “Estando en un Gobierno con PNV y PSE, EA se desmarcó de los dos socios y posibilitó que se pusiera en marcha todo el sistema de renta básica y el salario social. Hemos tomado posturas incómodas, plantándonos ante dos socios y ante un Gobierno”, dice.

La etapa de la consulta

Los años pasaron y las instituciones vascas fueron madurando, al tiempo que la acción de ETA y la asignatura pendiente de la pacificación cobraban un protagonismo clave. Con esos mimbres se franqueó la barrera psicológica de los años noventa, dejando atrás los años de mayor actividad armada y abriendo nuevas posibilidades de diálogo. Un año antes del relevo de Garaikoetxea en el partido y de la recogida del testigo por parte de Begoña Errazti, mientras una eventual resolución dialogada del conflicto copaba portadas, EA formó parte de las 23 organizaciones políticas, sociales y sindicales que suscribieron el Pacto de Lizarra el 12 de septiembre de 1998.

El acuerdo, que promulgaba como modelo el proceso irlandés, era acompañado cuatro días después por la declaración de un alto el fuego. Las fallidas negociaciones de 1999 entre la organización y el Gobierno español en Zurich abortaban el proceso, al tiempo que ponían fin al pacto de legislatura entre PNV, EA y HB. Al mismo tiempo, PP y PSE comenzaban a cargar baterías contra los partidos abertzales, a los que acusaban de haberles excluido de las negociaciones. El socialismo, lejos de las posturas que habían guiado su actuación durante los gobiernos de coalición con el PNV, estrechaba manos con los populares. Así llegaban las elecciones de 2001, presididas por la entente de Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros.

Ese escenario asistió al nacimiento de la coalición electoral PNV-EA, con el propósito de contrarrestar la alianza. Y así lo hizo. Los ciudadanos de la CAV castigaron el frentismo en las urnas y premiaron a los abertzales con 604.222 votos y 33 parlamentarios. Incluso EA, sumida en su particular declive, logró un escaño más, hasta llegar a 7. En ese momento, las palabras de Garaikoetxea en 1987 sobre la separación del PNV adquirían tintes proféticos: “Este desdoblamiento debe ser positivo si, superados traumas recientes, somos capaces de unir en el futuro nuestros esfuerzos al servicio de nuestra causa nacional común”. Catorce años después, se cumplió.

Así comenzaba una colaboración que se tornó más estrecha tras la presentación por parte del lehendakari Ibarretxe de iniciativas como el proyecto de Nuevo Estatuto Político -refrendado por la Cámara vasca el 31 de diciembre de 2004, pero rechazado, sin entrar a debatirlo, por el Congreso español- y la consulta popular a favor del derecho a decidir, avalada por el Parlamento de Gasteiz el 28 de junio de 2008, pero tumbada por el Tribunal Constitucional, y recurrida en Estrasburgo por todos los que la apoyaron, incluida EA.

El factor cohesionador, sin embargo, pasó a ser el detonante de un nuevo desencuentro. Tras la apuesta de Errazti por recurrir a la desobediencia, su formación acusó a los jeltzales de emprender una senda “errática” en defensa del derecho a decidir. Una vez materializado el relevo en la cúpula de EA en la persona de Unai Ziarreta, la formación hacía pública su intención de no reeditar la coalición con el PNV el 10 de noviembre de 2008. “El derecho a decidir no es simplemente un principio para tener guardado en la vitrina, sino para ejercerlo. El PNV no le dejó al lehendakari Ibarretxe llevar adelante la consulta”, cree Larreina.

Del auge al declive

A pesar de que sus primeros encuentros ante las urnas arrojaran unos datos positivos, EA no logró mantener el tirón. Tras la bajada de 1990, el descenso ha pasado a convertirse en la nota predominante. De contar con 7 escaños y disponer de tres Consejerías, la formación vio reducida su representación a un solo asiento tras la cita del 1 de marzo de 2009. Su candidato a lehendakari, Unai Ziarreta, muñidor del pacto soberanista, quedó asimismo fuera de la institución.

Por alejarse del PNV o por acercarse a la izquierda abertzale histórica. Las interpretaciones sobre el fracaso no tardaron en llegar, y se vieron secundadas por la escisión de su corriente crítica el 1 de junio. Liderada por Iñaki Galdos, y adscrita fundamentalmente a Gipuzkoa, conformó Alkarbide, que pasaría a denominarse Hamaikabat, y que criticó severamente la decisión de sus ex compañeros de filas de acudir en solitario a las urnas. Una separación que llegaba tras la dimisión de Ziarreta. Otro estoque para la formación. Sin embargo, no supuso enterrar la propuesta de la confluencia abertzale, rescatada por su sucesor, Pello Urizar. Así lo ratificó el partido el 22 de noviembre de 2009 a través de su documento Propuesta de base para la activación de un acuerdo soberanista a favor de la independencia de Euskal Herria.

Larreina se opone a las voces que sitúan la propuesta como artífice del declive del partido: “No tiene nada que ver. Ha habido una serie de personas que pensaba que su único punto de referencia tenía que ser el PNV, mientras en EA defendíamos que el partido tenía su modelo propio. Ha sido un abandono muy, muy minoritario. La cuestión no es si estamos reforzando un espacio soberanista, sino la ubicación en una postura más cómoda a la sombra del PNV”.

Un nuevo compañero

A pesar de que ya hubiera coincidido con ANV desde 2007 al frente de Azpeitia y Zumaia, y de que en el último Aberri Eguna ambas sensibilidades secundaran la convocatoria de Independentistak, pensar en su trabajo conjunto resultaba una entelequia en tiempos pasados. O “un tópico y una simplificación”, según recalcaba Garaikoetxea en una entrevista de 2008 con El Confidencial. Así ponía el acento en las “fronteras infranqueables” y en el “profundo rechazo hacia cualquier formación política que no sea clara” en defensa de los Derechos Humanos. Forma parte de la hemeroteca, también, la crítica de Errazti a la “amenaza” de los ediles de ANV, que perseguiría que PNV y EA dejaran sus escaños en los municipios.

Entre sus alianzas electorales más recientes, no se cuenta ninguna con la izquierda abertzale oficial. Así, en Nafarroa, ha participado de la mano de NaBai, mientras en Iparralde se desligó del voto protesta de Batasuna y Abertzaleen Batasuna para optar por Europe Écologie. Tras impulsar el Foro de Debate Nacional -creado en 2003 para la construcción de Euskal Herria-, decidió, además, ausentarse a su cita de noviembre por entender que “no define claramente” la apuesta por las vías pacíficas. Un tira y afloja que también ha caracterizado su acercamiento a la izquierda abertzale tradicional, que no ha sido volcado al papel hasta su declaración de Iruñea a favor de las vías exclusivamente políticas.

Larreina zanja la polémica. “La Historia avanza. EA ha influido de forma decisiva en el panorama político, llevando al PNV a posturas claramente nacionalistas. Ahora, estamos jugando un papel decisivo que es conseguir que, al final, todas las fuerzas abertzales se comprometan exclusivamente a hacer política. Con perspectiva histórica, se verá que es otra de las grandes aportaciones de EA a

junio 28, 2010 - Posted by | Grupo Noticias | ,

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