Nabaizaleok / Iritzia

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Una cierta anarquía.

Colectivamente hemos llegado a la conclusión de que en España cualquier cosa es posible

Dan ganas de salir a la calle con una pancarta y pedir que alguien dirija esto, por favor. Por lo menos, que lo aclare. Que alguien marque unas reglas de juego, porque no se puede tener a un país como lo tienen: de sobresalto en sobresalto. Se asustó al ciudadano con la cotización a la Seguridad Social. Se alarmó a millones de funcionarios con la sugerencia de la congelación salarial. Y lo último es esa idea, felizmente retirada, del contrato juvenil que alguien llamó con razón “contrato de esclavitud”. Me refiero a ese plan surgido de la CEOE donde se quiere a jóvenes con menos del salario mínimo, sin cotizaciones, ni protección; lo que se llama un avance en justicia social.

Unas cosas han salido del Gobierno, que ofrece todos los síntomas de busca desesperada de una salida; la última, de un dirigente patronal, quizá contagiado del clima avinagrado que se vive en su sector, pues no hay nada más deprimente que una conversación con un empresario. Nada las une, salvo un detalle: este parece el país de los globos sonda, que se lanzan al aire a ver si alguien pica. Nada las vincula, salvo una evidencia: ya no se puede uno fiar de nada ni de nadie. No sabemos con qué intenciones se habla y se propone. Estamos en la anarquía de las propuestas.

Así asistimos a una carrera donde a las famosas improvisaciones del Gobierno se unen las alegrías dialécticas de los demás. Es la enfermedad de estos meses. Los temas serios, como el frenazo que supondrá el aumento del IVA, se quedan en la gresca de los partidos, sin nadie que lo lleve al Parlamento a un debate riguroso, con números y proyecciones. El lugar de ese debate es ocupado por las ocurrencias, que acaban dominando la escena nacional, en un clima periodístico propicio para atrapar al lector con lo estrambótico y lo surrealista.

Y lo peor no es eso. Lo peor es que vivimos en tal desbarajuste de ideas y propuestas, que todo resulta creíble. Si mañana alguien con cierto peso dice (tras tomar unas copas) que la comisión de Salgado, Blanco y Sebastián sugiere anular el Estado de las autonomías para corregir el déficit, adquiere carácter de gran noticia, se abre un debate, y la oposición encuentra un nuevo argumento de asedio al Gobierno. ¿Cuántas veces ha ocurrido algo así en esta legislatura? En un país normal, el oponente llama al gobierno y pregunta si es verdad. Aquí, como ni se hablan ni se creen, prefieren utilizar el infundio como arma de ataque.

Y miren ustedes: en todos los tiempos hubo ocurrencias más o menos ingeniosas, pero irrealizables; pero pocas veces se han convertido en el eje de la vida pública. ¿Y saben por qué ocurre? ¿Sólo porque este país está lleno de espontáneos? ¿Sólo porque nos gusta lo esperpéntico? No. Es que no existen puntos de referencia, de crédito y de respeto. Colectivamente hemos llegado a la convicción de que en España cualquier cosa es posible. Y la experiencia dice que lo es.

Fernando Ónega en La Vanguardia.

marzo 4, 2010 - Posted by | Uncategorized | , , ,

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