Nabaizaleok / Iritzia

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‘Mobilis in mobili’

El viernes tendrá lugar en Barcelona el primer foro hispano-portugués fuera de Madrid y lejos de la frontera.

En la ciudad con la luz más bella de Europa el asunto de moda se llama Cara Oscura. Las intrigas periodísticas del Gobierno socialista portugués han sido desveladas (lo de siempre, el intento de controlar la prensa con los recursos del Estado) y en Lisboa no se habla de otra cosa que del caso Face Escura. Mejor dicho, no se hablaba de otra cosa hasta que las lluvias torrenciales asolaron la isla de Madeira y las televisiones fueron reclamadas con urgencia por el inesperado paseo de la Muerte por el Jardín del Atlántico. Movimiento en el interior del movimiento.

Face Escura no es una broma. Puede llevarse por delante al primer ministro José Sócrates, el Zapatero portugués, el líder simpático que hasta hace unos meses parecía capaz de absorber y sintetizar las contradicciones de un país en crisis; un país modesto, honrado y cautelosamente seducido por el activismo de un hombre con buena presencia, seguro de sí mismo, sin un gran currículo universitario y entregado a la causa del optimismo televisivo. Una izquierda en estado vaporoso súbitamente obligada a gestionar el volantazo más bestia que ha dado Occidente en los últimos cincuenta años. ¿Les suena?

Puesto que en Portugal todavía reverbera el golpe democrático de 1974 –tenuemente, como un eco que se pierde cada día un poco más en las inmensidades del Atlántico–, la gente observa con cierta admiración que el primer ministro y los directores de los principales medios de comunicación hayan sido llamados a declarar ante el Parlamento. Portugal aún se toma en serio a sí mismo. Si sus bomberos fuesen llamados a testificar ante una comisión de la Asamblea Nacional por un incendio mal controlado, no es fácil de imaginar que un oficial perdiese el respeto a los diputados, como acaba de ocurrir en el Parlament de Catalunya. No hay nación sin un mínimo imperio de las formas. Y en Portugal la gente aún conserva la costumbre de tratarse de usted.

Las diabluras del Atlántico han bañado estos días Lisboa con una lluvia casi tan fina como la garúa limeña, racheada por un insolente viento tropical. Alguna cosa rara debe de estar pasando en las praderas del océano. Despeinada, Lisboa aún parece más melancólica. Se detecta pesimismo en la ciudad. Más incertidumbre que hace seis meses, pese a que el país ya ha salido técnicamente de la recesión –sólo por unas décimas–. El déficit y el paro no son tan altos como en España, pero, con una pesada deuda pública, Portugal adolece de falta de masa crítica una vez perdida la soberanía monetaria. Hay inquietud y quizá va camino de cumplirse una de las profecías de Antonio de Oliveira Salazar, el dictador taciturno y contable: “El día que el capitalismo haya ganado la guerra fría y ya no tengamos las colonias, Portugal sufrirá”. El comercio con Brasil y Angola actúa de paliativo. Angola, en acelerada competición con Sudáfrica, es el nuevo mito portugués. Angola aparece cada cinco minutos en todas las conversaciones. Pero no basta. Si España va mal, Portugal empeora. La península Ibérica actúa como sistema. Y hoy es uno de los eslabones más débiles de la cadena europea, a su vez castigada por el enloquecido engranaje mundial. Movimiento en el interior del movimiento líquido del capital. (Mobilis in mobili, ese era el lema del misterioso capitán Nemo).

Los portugueses van a ensayar esta semana en Barcelona una nueva visión del poliedro ibérico. Dedicado a la energía, el viernes tendrá lugar en la capital de Catalunya el primer encuentro hispano-portugués que se celebra fuera de Madrid y de las inmediaciones de la frontera. Inaugurará las sesiones el doctor Aníbal Cavaco Silva, presidente de la República. Es un hito interesante. Es un sutil movimiento en el interior del movimiento,

Previo acuerdo con la Generalitat de Catalunya y con la Cambra de Comerç de Barcelona, las autoridades portuguesas han querido ubicar este nuevo foro permanente lo más lejos posible de la frontera. La insistencia española en el diálogo transfronterizo (iniciativa que la Junta de Extremadura lidera con verdadero tesón) hace que los portugueses se sientan Región, lo cual –en excesivas dosis– no les hace mucha gracia. Tan poca gracia, que hace unos años rechazaron en referéndum la regionalización de su país. ¿Portugal, supercomunidad autónoma del Sistema Ibérico? No, gracias.

También parecen haber llegado a la conclusión de que Madrid no debiera monopolizar por más tiempo la relación entre los dos países. Por ello han escogido Barcelona. Con cautela, con prudencia (hace unas semanas, temían que la celebración del foro coincidiese con la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut) y sin ganas de alimentar fantasías sobre 1640. Catalunya les interesa. El 30% del negocio comercial con España se genera en Catalunya. Simpatía con pies de plomo. A los portugueses les incomoda mucho sentirse utilizados en las densas querellas hispánicas. Salvo rectificación de última hora, la respuesta del Gobierno de la España plural ha sido la de no enviar a ningún ministro al encuentro de Barcelona. Movimiento en el interior del movimiento.

Enric Juliana en La Vanguardia.

febrero 28, 2010 - Posted by | Enric Juliana | , , ,

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