Nabaizaleok / Iritzia

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La identidad entre deber y desear ser

Llevo varios días intentando entender de qué trataba exactamente el enfrentamiento entre Patxi López y Joseba Egibar ante la diputación permanente del Parlamento Vasco el pasado día 28 de Enero. Iba de identidades, eso si que me quedó claro. ¿Pero que se dijo exactamente y que quisieron trasmitirnos? Aunque siempre es oportuno aclarar algún concepto, temo que no sea suficiente para diluir los antagonismos, porque en el fondo el debate tiene algo de absurdo. Veamos.
A lo largo del tiempo las peculiaridades vascas, la extensión de su territorio, sus características humanas, culturales, económicas y políticas, formas de gobierno, régimen jurídico interno etc. han ido evolucionando, cambiando al ritmo de fenómenos similares que afectaban a otros pueblos cércanos y menos cercanos y que han marcado nuestro devenir histórico. Las mezclas y mestizajes han sido la tónica hasta llegar al país que somos hoy. Por lo tanto su identidad colectiva o nacional si se quiere ha sido siempre provisional, coyuntural. Si admitimos que eso es una constante en la historia de todos los pueblos de la humanidad, no se entiende que se esta queriendo decir cuando se trata de identidad nacional puesto que esta en permanente mutación. Por lo tanto ¿Existe la identidad nacional vasca? ¿Cual es y de que elementos esta compuesta? Si esta es cambiante, en perpetua mutación ¿en que momento de su historia nos detenemos para consignarla, para hacerla perenne, para elevarla a icono identitario?
En Francia, en estos momentos, por iniciativa del gobierno se esta debatiendo de un modo organizado sobre la identidad nacional francesa, seguramente, aunque no se quiera reconocer, como consecuencia de las dificultades de integración que encuentran varias generaciones de inmigrantes de origen árabe. Debate cuya oportunidad y metodología han sido cuestionadas por numerosos sectores de la sociedad que han visto en su potenciación un oportunismo racista, por parte del gobierno con fines electorales. En Euskadi parece que el significado del debate sobre la identidad es otro porque al final, integrados o no, asimilados o no, lo único que sabemos con seguridad es que es nacional quien posee un documento que le reconoce dicha condición, sea cual sea su manera de sentirse vasco o/y español, o sencillamente ni lo uno ni lo otro, y tanto aquí como en el país vecino la identidad nacional es ante todo una categoría político-administrativa como en cualquier otro estado democrático del mundo donde el atributo de ciudadano nacional se despacha a base de consideraciones de oportunidad. Luego la identidad nacional tiene algo de contingente y de arbitrario al ser los gobiernos quienes sobre la base de consideraciones discrecionales fabrican esas identidades nacionales de un modo permanente desde un punto de vista de la legalidad. Porque al final la nacionalidad es un estatus legal que nada tiene que ver ni con nuestra psique, ni ideologías, ni lengua, no posee ningún contenido individual, ni define a nadie en lo que cada uno de nosotros somos de singular. A diferencia de lo que ocurre en Francia en Euskadi estaríamos hablando de que un sector de la población, aunque este aspecto es de momento especulativo ya que sus habitantes nunca han sido consultados de manera expresa sobre este punto concreto, quisiera ver extendido un carné de identidad como atributo de pertenencia legal y administrativa a un país distinto.
En Francia para algunos habría más franceses de los debidos. En España habría más españoles que lo que desearían algunos. Pero este problema no surge de una supuesta facilidad con la que habríamos naturalizado a nuestros inmigrantes, si no del agravio de algunos españoles que lo fueron siempre y que ahora lo cuestionan. En Francia la crisis de la identidad podría estar gestándose al considerarse que algunos franceses no cumplen con su deber. Es España se trataría de saber si todos los que lo son, desean seguir siéndolo. En Francia el problema es quien cumple con el deber nacional. En España se trata de establecer el grado de deseo exigible de ser nacional para pertenecer a una comunidad nacional.
Las identidades nacionales legales fijan los derechos y deberes que te corresponden y de ellas no hay que esperar mucho más. Sin embargo las identidades culturales y lingüísticas ocupan otro status en la organización societaria y requieren de dispositivos más etéreos, menos coercitivos y más evolutivos… puesto que lo que esta en juego es la interacción, la mezcla, la creación de la sociedad tolerante, cohesionada. Esta exigencia deja mucho que desear por la insuficiente compenetración entre el nivel político/administrativo con el lingüístico/cultural. La superposición sutil y democrática de ambos planos se alcanza a condición de no desequilibrar los derechos de la identidad lingüística y cultural de cada colectivo poseedor de una misma identidad político-administrativa.
Dicho de otro modo los estados pluriculturales y plurilingües tienen que cumplir también. No se puede ir a un choque de identidades. El conflicto de legitimidades nacionales se exacerba cuando se pretende presionar sobre un plano para alterar el complejo equilibrio del otro. Casi nunca los encajes estatales coinciden con los culturales y lingüísticos. Su remedio es el pacto interno a cada estado para salvar la riqueza y variedad que atesora, desde luego ya no es la hora de crear nuevos estados que reproducirían al revés las taras de las que se ha pretendido huir, creando otra mitad de la población descontenta, o obligada a desplazarse a otro espacio mas conforme con su identidad cultural y/o lingüística que nunca encontrará en ninguna parte. Una confrontación de identidades nacionales en el terreno de las esencias solo se resuelve con la desaparición de la otra parte, lo que en principio nadie puede querer en conciencia. Es mas practico quedarse con todas las identidades que a lo largo de nuestras vidas nos han ido conformándonos sin tener que renunciar a ninguna. Porque ninguna se tiene que imponer a nadie, la identidad escogida se adhiere a ella libremente. Las identidades se escogen no se heredan y son pactos íntimos e individuales con nuestros recorridos vitales Casi siempre los dilemas se dirimen en el campo de la memoria, que ningún proyecto superior o colectivo debe de violentar.
Lo que nos acorre a menudo es que carecemos de esa empatía que nos permitiría a ponernos en el lugar del otro, a interrogarnos sobre las emociones y sentimientos del prójimo. No existen sociedades lingüística y culturalmente hegemónicas y las que se han intentado hacer sobre esas bases lo intentaron por la vía de la represión y la tiranía. Pero hay que hablarlo, contrastarlo y convencer nunca imponer y apostar por el desarrollo imparable de esa magnifica sensación de pertenecer a una formidable aventura humana.
¿Y si lo que encierra al otro en su identidad rígida y cerrada es nuestra manera de mirarla? Como eso es a menudo así, nuestra mirada también puede liberar al otro de sus estrecheces. La identidad no es un estamento inmutable, que se da una vez por todas es algo vivo y mutante. Nada nos limitaría tanto como refugiarnos en un pasado idealizado y paralizante. Los dilemas de carácter identitario se dirimen en el campo de la memoria individual, que ningún proyecto superior o memora colectiva impuesto debe de violentar. Quizás no sea fortuito que la palabra española acuerdo sirva tanto para expresar el acto de memorizar como para el de pactar. Aprovechémoslo.
Condorcet el principal artífice de la transformación de un sin fin de medidas de peso, distancia, etc. de origen feudal del Antiguo Régimen en el sistema decimal actual, gritaba en la Asamblea Legislativa revolucionaria de 1792 al despedirse de los dos astrónomos que iban a medir físicamente un meridiano terrestre: “Id al encuentro de la medida para todos los hombres para todos los tiempos.”. En esa época se inventó la patria, la nación, al individuo y los derechos, desde entonces intentamos no defraudar a los padres de la Libertad. Y poco más nos legaron para construir el concepto de identidad nacional, que tanto nos confunde y desorienta como tampoco los Enciclopedistas tuvieron tiempo de relacionar esa identidad con la agricultura y sus técnicas. Luego en la diputación permanente del Parlamento Vasco estaba cantado el recurso a transposiciones metafóricas que acabaron en el onírico y sugerente mundo de los peces de colores. Su contradictor acababa de invocar el sinsabor del pienso de los peces que nos condena a una identidad insípida, sosa, desindividualizada y carente de personalidad con un carné equivocado en el bolsillo. Nadie entendió nada. Unos días después, para ser exactos el miércoles 3 de Febrero de 2010, la agencia EFE a las 07:41, comunicaba el despacho siguiente.:” Un hombre de 35 años fue detenido ayer por la Ertzaintza en Villabona, acusado de intentar robar en un almacén de piensos de la localidad, según informó Interior. Los agentes acudieron al negocio después de que un vecino alertara a las 2.00 horas de que un individuo había tratado de entrar en él, aunque no pudo. Sin embargo, dos horas después volvió a intentarlo y fue arrestado”. ¿Victima del síndrome de abstinencia identitaria? Supongo.

Jose Luis Gómez Llanos en su blog La Atalaya Política

febrero 24, 2010 - Posted by | Jose Luis Gómez Llanos | , , , , , , , ,

1 comentario »

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    Comentario por youtube | abril 3, 2010


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