Nabaizaleok / Iritzia

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Realismos

Recogiendo el mensaje del rey, la senyera del pacto, CiU tiene en sus manos el futuro inmediato del PSOE.

Hoy vamos a hablar de la política politizada. De la política en sí misma, sin aditivos metafóricos, que en Madrid, si te descuidas, te pueden conducir más allá de los límites de un razonable costumbrismo. Por tanto, sólo diré que el día era ayer espléndido, el cielo velazqueño, y que este fin de semana Madrid parece una gran ciudad europea (una vez al año no hace daño), entregada a cinco ferias de arte y a doscientas exposiciones en la órbita de Arco.

Al grano. El debate del miércoles en el Congreso de los Diputados ha introducido importantes modificaciones tácticas en el tablero. Es del todo falso que el debate no haya servido para nada. Como también es falso que el mensaje del Rey en favor de un amplio acuerdo haya quedado en agua de borrajas. Falso. El mensaje de don Juan Carlos se ha instalado en el centro del ágora y no es previsible que se mueva de ahí mientras dure la crisis. Con una interpretación republicana del artículo 56 de la Constitución, que le atribuye la función de moderar y arbitrar, el Monarca ha reactivado el mito que dio forma a la restauración democrática de 1977: el consenso como método para vivir mejor y no volver a las andadas. Conviene recordarlo.

Portugal vivió tres años antes, en 1974, un corte brusco con el pasado. España, no, en parte como consecuencia del inesperado golpe democrático portugués. Un putsch que asustó a Washington al ver soldados de la OTAN con claveles rojos en la boca de los fusiles y cómo Angola y Mozambique pasaban a la órbita soviética. A mitad de los años setenta, todo el flanco sur de la OTAN estaba en riesgo. Portugal, España, Italia y Grecia. ¿Curioso, no? Los países que ahora inquietan a la ortodoxia monetaria alemana. Los PIGS tan denostados por la prensa anglosajona. Países con economías hoy muy endeudadas, porque resolvieron (cada uno a su manera) las contradicciones de la Guerra Fría mediante una acelerada propulsión del bienestar material. Consenso para vivir mejor y no volver a las andadas. Ese es el mito fundacional de la democracia española y su vigencia explica por qué las palabras del Rey han sido tan bien acogidas por la gente de la calle. Todos los líderes políticos lo saben.

El debate del miércoles en el Congreso giró, por tanto, alrededor de un único eje: el pacto. General o parcial; verdadero o simulado. Y se movió el tablero. Como consecuencia del regio mensaje, por la innegable astucia táctica del PSOE (que no desea un acuerdo de máximos, que le obligaría a adoptar una impopular política de severidad y sacrificios), y por la inteligencia operativa de Convergència i Unió, que ha decidido convertirse en el partido del Rey mientras aún se celebran consultas soberanistas en tierra carolingia. Catalunya siempre ha sido un país irónico. Bueno, eso del partido del Rey es una exageración. CiU ha calibrado correctamente la debilidad objetiva de Rodríguez Zapatero y ha decidido generar una nueva coyuntura política española para llegar a las elecciones catalanas en plena forma: con la bandera mítica del consenso, con el respetable estandarte de la gobernabilidad, con el apreciado banderín del sentido común y con la posibilidad de arruinar a Zapatero – dejándole solo-antes de las decisivas elecciones locales y autonómicas de 2011, en las que la socialdemocracia española se jugará su futuro a quince años vista.

Sin el gesto de CiU (rápidamente secundado por el PNV, que ya abrió camino apoyando los presupuestos generales del Estado de este año), Zapatero habría salido destrozado del debate del miércoles. Desdibujado el semestre europeo, vulnerable en el exterior (la deuda pública se está colocando bien, pero pueden surgir nuevas turbulencias), bloqueado en el interior, tenso con los sindicatos, castigado por las encuestas (índice de desconfianza del 76%), y con el prestigio literalmente carbonizado en la vasta España central, el presidente se ha salvado gracias a la dialéctica del pacto, que el PP hostigará con prudencia, si Mariano Rajoy mantiene la sangre fría.

Estamos ante lo que los italianos llaman una decantazione.Un tránsito. Una dinámica espera. Una búsqueda de tiempos mejores, que Zapatero ha encargado a un singular triunvirato. Su composición (Elena Salgado, José Blanco y Miguel Sebastián) preanuncia cambios en el Gobierno (¿en noviembre, tras las elecciones catalanas?) y nos explica que una de sus funciones principales será la de actuar de comité de enlace con CiU. ¿Por qué nos lo explica? Porque hay dos ausencias. En el nuevo estado mayor del zapaterismo no están ni la vicepresidenta primera María Teresa Fernández de la Vega, ni Celestino Corbacho, ministro de Trabajo, en teoría necesario en toda negociación sobre la crisis. De la Vega es la interlocutora habitual del presidente José Montilla y Corbacho forma parte de la dirección del PSC. Comunicaciones cortadas con el Palau de la Generalitat y con la calle Nicaragua. (“¿Houston?, ¿Houston? Responda, Houston…”). Maquiavelismo leonés. Gambito de caballo que convierte al PSC en el definitivo eslabón débil. En la pieza a sacrificar. Y el lector perdonará, porque al final se han escapado unas metáforas.

Enric Juliana en la Vanguardia.

febrero 21, 2010 - Posted by | Enric Juliana | , , , ,

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