Nabaizaleok / Iritzia

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Momento crucial

La sociedad sólo pide que intenten un acuerdo para sacar a su España del alma de la calamidad económica.

Puede estar ocurriendo algo insólito: que un líder nacionalista, Josep Antoni Duran Lleida, se convierta en el único hombre de Estado que nos queda. Algo intuye la sociedad española, y por eso le otorga una alta valoración política. Se le escucha en el Congreso o en sus declaraciones públicas, y no parece un dirigente de partido. Parece un mediador. Está en las antípodas de Zapatero, pero no tiene inconveniente en arrimar el hombro y ofrecerse para acuerdos concretos, con tal de salvar el difícil momento que vive el país. Le separan cientos de millas de Rajoy, pero se reúne con él para tratar de entenderse y sondear si es posible trabar el pacto de Estado que siempre preconizó.

Pero, ay, los dirigentes españoles no tienen su mentalidad. Lo vimos ayer, en los fogonazos dialécticos del presidente del Gobierno y el jefe de la oposición en la sesión de control: no existe el menor indicio de complicidad entre ambos. Por razones electorales o falta de química personal, sólo aspiran a destrozarse. No se aproximan. No dialogan. Disparan. Embisten el uno contra el otro, como en las peleas de vecindad: a ver quién dice la palabra más sonora. Son insensibles ante esa elemental demanda de que traten de entenderse. La sociedad les pide muy poco: sólo que intenten un acuerdo para sacar a su España del alma de la calamidad económica. Pero se impone la necesidad recíproca de ver derrotado al adversario. Sigo exclamando ¡qué desgracia de país!

Así se destrozará el buen clima que, por fin, asoma después del vértigo: mejora la calificación crediticia cuando parecía que se cerraban todas las puertas; Elena Salgado catequizó al Financial Times; convencen las propuestas del Gobierno, aunque sean teóricas y aunque el Gabinete carezca de credibilidad para ponerlas en marcha; hay entendimiento entre los agentes sociales; se logra un pacto de contención de salarios; hay clima para aceptar medidas de dureza… Desde que empezó la crisis, no hubo un momento tan favorable para acometer reformas y tomar impulso. ¿Serán capaces esos dos señores de transformar esa nueva corriente en estímulos para salir de la postración? Por lo oído ayer en el Congreso, en absoluto. Rajoy y Soraya, frente a Zapatero y De la Vega, sólo pretenden demostrar que el Gobierno no sirve. Zapatero y De la Vega, frente a Rajoy y Soraya, sólo quieren cerrarles el acceso al poder.

Egoísta. Lamentable. Sólo nos faltan por ver estos detalles: 1. Que Zapatero, por no dar oxígeno a Rajoy, se encierre en su verdad, termine por convertirla en mesiánica, y no acepte una idea de la oposición. Ni siquiera de Duran. 2. Que Mariano Rajoy, en una nueva embestida, termine por dañar la credibilidad exterior de España, con tal de demostrar que Zapatero es un desastre. Ante esos peligros, sólo se puede advertir: de poco sirve que mejore la calificación de España, si desde dentro se anuncia el descalabro nacional.

Fernando Anega en La Vanguardia

febrero 11, 2010 - Posted by | Fernando Ónega | , , , , , ,

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