Nabaizaleok / Iritzia

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La trampa de tus ojos

El niño sale del cuadro y da la bienvenida a un grupo de escolares en el palacio Strozzi de Florencia. Los adolescentes italianos son tan nerviosos como los de cualquier otro lugar del mundo, pero en vez de exclamar ¡jo, cómo mola!, aún dicen ¡guarda che bello!, meciendo la ele geminada. Primer apunte en la libreta: de una nación cuyos jóvenes no se avergüenzan de decir en voz alta que una cosa es bella hay que seguir esperando cosas buenas, por ásperas que sean las crónicas sobre el hombre que gobierna en Roma.

El niño del cuadro es catalán y también sabe pronunciar la ele larga, aunque sin tanto balanceo, sin dejarse ir, puesto que su creador nació en Puigcerdà, recio enclave carolingio. El niño que atraviesa el marco es la obra más conocida de Pere Borrell del Caso (1835-1910), pintor que tuvo sus más y sus menos con la Llotja de Barcelona y acabó fundando su propia escuela. El cuadro se titula Escapando de la crítica y este invierno preside en Florencia una aconsejable exposición sobre el arte del trampantojo. Ni que decir tiene que los italianos se lo pasan en grande, puesto que las astucias del trompe l’oeil les resultan muy familiares aunque su idioma, flexible y cordial con las palabras extranjeras, no haya generado un nombre propio para la vieja técnica del engaño pictórico. Lo dicen a la francesa manera, dejándose ir, meciéndose. En castellano les daría miedo. Trampantojo es el abrupto despertar de un noble visigodo que ha estado a punto de sucumbir al enredo. Es una palabra orgullosa.

El colosal palacio Strozzi además de alzarse como uno de los edificios más contundentes del Renacimiento es también un trompe l’oeil. Es más grande que el palacio Vecchio de los Medici pero parece más pequeño. Sin una gran plaza enfrente, carece de la perspectiva necesaria para mostrar cuál llegó a ser la relación de fuerzas entre las dos familias más potentes de Florencia a finales del siglo XV. Los Strozzi, banqueros en Nápoles, tenían dinero más que suficiente para construir una mole imponente, pero los Medici, dueños del poder político, urbanizaban.

Luz y perspectiva son las claves del engaño pictórico.

Un saber antiguo. Un rudimentario conocimiento del circuito neuronal: nuestros ojos acaban viendo aquello que desean ver. El artista debe sugerirlo, propiciarlo, hacerlo inevitable. Se trata de resolver con gracia el frágil equilibrio entre la curiosidad y lo desconocido. Por eso el trampantojo entusiasma tanto a los italianos, pueblo en cuyo córtex cerebral está inscrito que las cosas acaban siendo aquello que parecen. Luigi Pirandello escribió algo al respecto.

En la psicología española, más que un entretenimiento, más que una ironía, el trampantojo es un reto: a ver si caigo en el engaño, a ver si soy capaz de descubrirlo. El engaño visual en España no es un juego filosófico, es una tensión. Una tensión perpetua.

El nudo argumental de la política española gira ahora mismo sobre la posibilidad de un trampantojo; de un espectacular trompe l’oeil a finales de año. Dentro de unos meses, las estadísticas comenzarán a enviar mensajes levemente positivos sobre la evolución de la economía. Primero será un ligero pálpito, después una señal más fuerte. En diciembre habrá indicios de un ligero crecimiento estadístico del producto interior bruto. El Gobierno lo sabe y por ello ha acentuado en las últimas semanas un cierto discurso pesimista. Andan con pies de plomo. Nadie puede acusar hoy a la vicepresidenta Elena Salgado de ser una mujer que se deje arrastrar fácilmente por el triunfalismo. Teresiana y taciturna, parece llevarse bien con la adversidad. El propio presidente del Gobierno transmite ahora mensajes de una mayor aceptación de la crisis, súbito realismo que desespera a los incondicionales que aún quisieran verle montado a lomos del pertinaz optimismo. Zapatero ha decepcionado a mucha gente, pero no es Mr. Bean. Señores, el Gobierno está preparando una astucia pictórica. Fíjense en el cuadro de Pere Borrell: a mayor oscuridad, más fuerza de la luz Más verosilimitud de la perspectiva. Más verdad. El niño sale del cuadro gracias al empuje que le proporciona la iluminación. Esa es hoy la estrategia de José Luis Rodríguez Zapatero, acuciado por las encuestas y por los deseos de su esposa de abandonar la Moncloa en 2012. Ha mandado apagar las luces del optimismo para que los datos positivos generen una mayor ilusión. Una ilusión óptica. Sí, los especialistas coinciden en señalar que esa previsible mejora difícilmente va a crear empleo, dada la gravedad de la avería del modelo económico español. Una falsa perspectiva, sí, pero el ojo humano siempre acaba viendo aquello que desea ver, mientras el pincel del artista sea hábil con el juego de la luz y las sombras.

La sensación de que estamos saliendo del marco oscuro será el gran tema, cuando ya se haya despejado la embarazosa incógnita catalana y se avecinen las elecciones locales y autonómicas. ¿Una ilusión imposible en una sociedad aparentemente poco dada a los juegos teatrales de Pirandello? No caigamos en el tópico. España también es un país de trampantojos.

Ya para ir acabando, observe el lector estos otros contrastes en el fondo del lienzo: somos antinucleares, pero acaba de estallar una competición por el cementerio de residuos radiactivos; sentimos repugnancia ante la palabra discriminación, pero la mayoría sabe que en Vic late una verdad; vivimos en uno de los países más descentralizados del mundo (dicen), pero sus poderes se excitan como una damisela ante un ratón cuando un alcalde intenta salir del cuadro. Escapando de la crítica.

Enric Juliana en La Vanguardia.

enero 25, 2010 - Posted by | Enric Juliana | , , ,

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