Nabaizaleok / Iritzia

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¡Ay, si fuera virgen!

Qué pena que Zapatero no esté virgen! Si no tuviera tanta biografía política detrás, ayer habría quedado como un innovador europeo. No ofreció muchas medidas concretas para presidir la Unión, ya se sabe que no es lo suyo, pero dejó una filosofía encantadora, llena de horizontes bellísimos de pactos, coches eléctricos, justicia social, mujeres bien tratadas, cohesión social y ciudadanos europeos. La suya es una socialdemocracia blanda, nada agresiva, pero llena de objetivos nobles, que quedan bien en los discursos y hacen decir a los conservadores que no son otra cosa que proclamaciones etéreas.

Lo mejor de Zapatero es que se ha tomado en serio la presidencia europea. Tan en serio, que nadie diría que asume un turno de seis meses, del que lleva consumida casi la sexta parte. Cuando dibuja el nuevo horizonte de la Unión, habla de metas tan ambiciosas que requieren plazos de ejecución de varios años, alguna de un cuarto de siglo, toda una generación. Por eso creo que ayer no se presentó en el Parlamento Europeo como un administrador provisional; se presentó como el fundador de una nueva era. Tiene tanta esperanza en la semilla que deje sembrada en su mandato, que sospecho que sueña en un antes y un después de su presidencia. Antes era una Europa tecnocrática, economicista, vulgar. En junio estarán sentadas las bases de una Europa más limpia, más integrada, con menos dependencia energética y más independiente: una Europa que “apueste por sí misma”.

¿Quiero decir que ayer volvió a asomar el adanista que conocemos aquí? Naturalmente. Las esencias nunca se pierden. Forman parte de su personalidad y querrá comenzar la historia en cada misión que se le encomiende. Si entra a negociar con ETA, será el pacificador. Si trata el problema territorial de España, se propone resolverlo para veinticinco años. Si quiere hacer frente a la crisis, aspira a cambiar el modelo económico. Y si ahora preside Europa, anhela que a partir de su mandato la Unión empiece a ser protagonista en el mundo. Está tan convencido de esto, que incluso ayer confiaba en que Europa haría un gran papel en la crisis humana de Haití.

Esa cualidad suya, tan válida para crear ilusiones, quizá sea, sin embargo, su mayor enemigo. A los analistas les hace preguntarse de dónde saca tanto voluntarismo, si en España no ha dado tan buenos resultados. A otros dirigentes de la Unión quizá les moleste ver que anda por ahí otro líder que los quiere superar en proyectos y ambiciones. Y molesta, sobre todo, a la inmensa mayoría conservadora, que no deja de ver a Zapatero como un superviviente, por no decir una reliquia, de un socialismo en extinción. Por eso digo que es una pena que no llegue virgen a la presidencia. Si fuera un desconocido, habría hecho un hermoso discurso. Como ya no tiene secretos ni dentro ni fuera, corre el mismo riesgo que Obama: ser sólo un discurso. El tiempo dirá.

Fernando Onega en La Vanguardia

enero 22, 2010 - Posted by | Fernando Ónega | , ,

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