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El “engaño” es el principal obstáculo para avanzar en la realización del ideal democrático

Recuperamos la entrevista que realizó Jurdan Arretxe al profesor Pako Garmendia para  el Grupo  Noticias el 04-01-2010, y que constituye un buen ejercicio de pedagogía de los valores democráticos en unos momentos en que son arrumbados demasiadas veces por oportunismos sectarios.

“La democracia a debate” es el título que, editado por Ostoa en la colección Etikarte de la Fundación Oreki, incluye dos trabajos de actualidad: “Demokraziaz euskal herrietatik” y “Democracia representativa, participación social y democracia participativa” escritos, respectivamente, por Pako Garmendia y José María Setién Alberro.

Jurdan Arretxe (J.A.): ¿Qué diferencia observa entre sus primeros alumnos universitarios del inicio de la transición y los actuales?

Pako Garmendia (P.G.): Los estudiantes de Sociología y Ciencias Políticas de mediados de los años 70 se sentían de manera más generalizada como parte de la vanguardia que debía cambiar las cosas del mundo que habían heredado. Los actuales también sueñan con mejorar esta sociedad, pero no se sienten tan protagonistas y aspiran más a una gestión profesional de su vocación.

(J.A.): ¿Quiere decir que los estudiantes se han vuelto más conservadores?

(P.G.): La realidad social de la que parten es muy distinta. Hace 35 años era notable el porcentaje del alumnado que debía trabajar para costearse sus estudios, lo que hoy raramente ocurre. La situación política es también distinta. La salida del franquismo era una oportunidad para protagonizar el cambio político, haciendo real el sueño democrático … Actualmente el estudiantado se define por un “sin más”, es decir sin aquel plus de decisión protagonista que se atribuía la generación de los jóvenes en los 70.

(J.A.): ¿Falta de entusiasmo democrático…?

(P.G.): Entonces la palabra democracia significaba la negación de todas las cosas malas del franquismo. Hoy los jóvenes tienen la experiencia de la práctica democrática, con sus contradicciones, sus luces y sus sombras. Junto a la ilusión, propia de la juventud, hay escarmiento y aprendizaje desde el conocimiento de los problemas reales …

(J.A.): ¿… p.e. la crisis actual?

Efectivamente ésta que estamos viviendo será a buen seguro la crisis más democrática de la historia, porque los que la han provocado y se han aprovechado de ella, han contado con la colaboración de muchísimos millones de personas que han sucumbido al señuelo de hacerse ricos en el mercado inmobiliario sin generar riqueza.

(J.A.): O sea que la democracia no nos protege de ser engañados …

(P.G.): El engaño es el principal obstáculo que debe superarse día a día para avanzar en la realización del ideal democrático.

(J.A.): ¿En qué consiste dicho ideal?

(P.G.): Hacer de cada persona un ciudadano que ejerce como sujeto libre, consciente, responsable y solidario en las cuestiones que afectan a su ciudadanía.

(J.A.): ¿Qué cuestiones son esas?

(P.G.): Principalmente las referidas a las condiciones públicas de las relaciones económicas, culturales y políticas entre personas y pueblos …

(J.A.): En sociedades tan complejas como la nuestra, ¿es posible una tal participación libre, consciente y responsable de tod@s?

(P.G.): Es la aspiración democrática …

(J.A.): ¿Se ha alcanzado alguna vez tal aspiración …?

(P.G.): “La” democracia no ha existido, tal como acertadamente señaló M. Weber. Pero disponemos de experiencias históricas diversas en las que ese ideal ha tenido una vigencia mayor o menor. Aprendiendo de ellas pueden evitarse muchos engaños …

(J.A.): ¿Cree que puede tener algún valor p.e. la experiencia democrática de la Atenas de Pericles para afrontar los retos de una sociedad tan  compleja como la nuestra de hoy?

(P.G.): Las experiencias de Atenas, al igual que las de los valles suizos o pirenaicos, especialmente los vascos, u otras como las de las variadas revoluciones democráticas modernas, enseñan mucho a quienes estén dispuestos a aprender.

(J.A.): Aún siendo los problemas tan diferentes

(P.G.): Hay tres cuestiones que nos son comunes y son básicas: de qué vivir, para qué vivir y cómo convivir. Las condiciones públicas de la convivencia afectan a las tres cuestiones. Y hay condiciones en las que se realiza mejor o peor el ideal democrático.

(J.A.): ¿Cómo puede juzgarse una experiencia como más democrática que otra?

(P.G.): Analizando y comparando la práctica social de los ciudadanos en los procesos de debate, decisión, ejecución y control de las condiciones públicas de sus relaciones con los demás ciudadanos y con el resto de comunidades …

(J.A.): Por ejemplo, ¿el respeto a la voluntad de la mayoría sería un indicador positivo de la buena democracia?

(P.G.): Entre diferentes opciones, es natural preferir y respetar la que concite la voluntad del mayor número posible de personas. Pero, siendo condición necesaria en muchos casos, no es suficiente para garantizar su carácter democrático. Si una mayoría, por amplia que sea, decide eliminar a la minoría o restringir sectariamente sus derechos, tal decisión es un atentado en toda regla al ideal democrático, que aspira a que cada ciudadano ejerza su condición de tal incluso desde la oposición.

(J.A.): ¿No es acaso una exigencia democrática la obediencia a las decisiones que el pueblo adopta por mayoría?

(P.G.): Imagínese que en cualquier municipio la mayoría decide que en su territorio sólo se podrá ver el canal de TV que está controlado por el gobierno municipal que representa al 51% de los ciudadanos; tal decisión sería contraria a la participación libre, consciente y responsable de todos los ciudadanos sobre las cuestiones que atañen a su convivencia.

(J.A.): Y ¿si una minoría quiere sabotear los procesos democráticos …?

(P.G.): Este es el talón de Aquiles de la democracia: ¿cómo afrontar democráticamente los desafíos antidemocráticos internos y externos?

(J.A.): Hay un problema previo: ¿quién distingue lo que es un desafío democrático de otro antidemocrático?

(P.G.): Haciendo posible la participación de todos los afectados por el desafío planteado y permitiendo la inclusión de cuantas opciones ciudadanas se planteen en relación a dicho desafío.

(J.A.): Por ejemplo, la consulta planteada por el Gobierno del Lehendakari Ibarretxe en la pasada legislatura fue considerada por unos como un proyecto democrático y por otros como un desafío antidemocrático? Cómo puede resolverse democráticamente una cuestión de esta naturaleza.

(P.G.): No es posible hacerlo sin permitir la libre expresión de los ciudadanos, pero favoreciendo las diferentes opciones susceptibles de ser deseadas por la ciudadanía …, aunque algunas de esas opciones sean las defendidas por fascistas, golpistas o milicias terroristas …

(J.A.): Considera que no es democrático el modo en que actúa la Justicia española al impedir que puedan concurrir a las elecciones determinadas opciones políticas …

(P.G.): Personalmente considero que el estilo Garzón de interferir judicialmente en los procesos democráticos que afectan a España y a Euskadi es un grave error, no sé si debido a la inexperiencia que a todos nos afecta o a razones más graves.

(J.A.): ¿Puede concretar más?

(P.G.): Es evidente que en la vida política de España y de Euskadi han intervenido e intervienen grupos que creen más en la fuerza de la coacción que en la dialéctica democrática de la integración popular. ETA y GAL son dos ejemplos. Y siendo importante su modo de intervención armada, no lo es menos la presión directa e indirecta que ejercen sus mentores para poner a su servicio instituciones culturales, económicas y políticas de la sociedad organizada. La existencia real y probada de dichas presiones no debiera bastar para eliminar a esas instituciones del juego democrático, siempre que se ajusten a las reglas establecidas.

(J.A.): ¿Y si no se está de acuerdo con las reglas de juego establecidas…?

(P.G.): La regla de oro en democracia es tan simple de enunciar como difícil de aplicar: libertad para ejercer responsablemente en condiciones públicas iguales los derechos reconocidos a todas las personas y a todos los pueblos. La constitución democrática de una comunidad política dada, más que en la letra escrita de un texto, se halla en el conjunto de instituciones que garantizan a cada persona ejercer la ciudadanía que le corresponde en libertad y en igualdad. El Reino Unido no dispone de un texto constitucional como el de Francia o Alemania, es una Monarquía Parlamentaria, en la que la titularidad de la Monarquía y la suprema autoridad de la Iglesia anglicana recaen en la misma persona… y, sin embargo, cuenta con un conjunto de instituciones que lo hacen más democrático que otros países con constitución republicana laica.

(J.A.): Por qué considera que es “más democrática”

(P.G.): Porque, de hecho, ha garantizado más práctica democrática a sus ciudadanos durante más tiempo …,

(J.A.): ¿En qué aspectos?

(P.G.): En un mayor respeto a la división de poderes a favor de los derechos de los ciudadanos. También en la organización más libre, responsable y dinámica de la sociedad civil organizada, p.e. en el ámbito de las universidades y de instituciones para el desarrollo del conocimiento. Igualmente en la organización de la comunicación, siendo la BBC un ejemplo de rigor profesional en la búsqueda y en la gestión de la información. Algo así no se improvisa.

(J.A.): ¿Y qué tiene que ver el conocimiento y la comunicación con la democracia…?

(P.G.): Con la calidad de la democracia, muchísimo. Personas ignorantes o mal informadas difícilmente pueden participar de forma responsable al debatir y decidir sobre las cuestiones que les afectan

(J.A.): ¿Puede la mayoría conocer en detalle los contenidos técnicos de problemas como el trasporte, la energía, la sanidad…?

(P.G.): Éste es uno de los grandes retos de la democracia. La gestión de la complejidad de nuestro mundo requiere de especialistas. Pero en democracia la responsabilidad de elegir a quienes deben dirigir a los gestores es de todos y cada uno de los ciudadanos. La responsabilidad no puede delegarse en democracia.

(J.A.): De qué estamos más ayunos para avanzar por la senda democrática: ¿de técnica o de ética?

(P.G.): La técnica sin ética es como un coche sin conductor. Pero un conductor sin vehículo no llega a ninguna parte. Personalmente creo que estamos más ayunos de fe y de valores, pero tampoco andamos sobrados de conocimiento y de experiencia práctica

(J.A.): ¿Fe en qué?

(P.G.): Fe en cada otra persona, en cada vecino, en cuanto sujeto con derecho a ejercer su protagonismo personal en condiciones públicas iguales a las mías y a las de todos los demás vecinos. Fe en la igual dignidad de cada persona para ejercer su libertad individual y colectiva.

–        La “pecera” en la que vivimos, ¿hay que llamarla “democracia” o “partitocracia”?

–       Mi percepción es que hemos confundido la convivencia democrática con la organización social de los egoísmos corporativos. Hoy prima el “qué hay de lo mío”, relegando a un plano residual “el bien común” que nos afecta a todos. Los partidos, los sindicatos, los grupos organizados, cuando confunden su parte con el todo, se convierten en simples maquinarias para administrar el poder al servicio de sus intereses excluyentes. Pero sin una organización plural de instituciones políticas, sociales y culturales que den expresión a la complejidad de nuestra sociedad, no será posible avanzar por la senda de la democracia. El secreto está en la unión, en contra de la unidad impuesta y del antagonismo egoísta.

–       A veces el parlamento de turno parece un plató de TV

–       O al revés … Desde la perspectiva genuinamente democrática, las decisiones que afectan a la comunidad deben ser planteadas, debatidas, clarificadas, decididas y controladas por los ciudadanos en debate público abierto (parlamentos, asambleas, juntas etc.). Hoy, gracias a los nuevos medios de comunicación, existen grandes posibilidades para que los foros de encuentro razonado y crítico se amplíen. Pero, a veces, se tiene la impresión de que se reducen sectariamente debido a la gestión partidista de los medios de comunicación, incluso de los públicos.

–       ¿Quien hace la ley, hace la trampa?En este sentido, Juan Carlos I dijo en su discurso de Nochebuena que “la Constitución garantiza un amplio abanico de derechos y libertades, fundamenta una avanzada articulación de nuestra rica diversidad territorial, y nos dota de instituciones que son claves para la estabilidad y convivencia democráticas, y el buen funcionamiento del conjunto de España”. ¿Muchas veces esto no oculta la responsabilidad de los gobernantes tras un papel? Es decir, hay veces que no da la sensación de que la mera existencia de un documento legal garantice su respeto y correcto cumplimiento…

La democracia no es cuestión de papeles o de proclamas altisonantes, sino proceso social práctico. Si se acepta o no el ejercicio libre y responsable de los derechos de ciudadanía y si se respeta o no la voluntad popular que se manifiesta en dicho ejercicio, se comprueba en el comportamiento.

–       ¿La democracia nos representa o participamos en ella?

–       No hay más democracia que la que nosotros mismos construimos, presentamos y representamos. Los sujetos de la democracia somos nosotros mismos. Si nosotros fuésemos el resultado de la democracia, ya no sería democracia, sino simple dictadura.

–       A falta de más consultas vinculantes, los gobernantes utilizan mucho esa herramienta de conocimiento de la opinión pública que son las encuestas. ¿Qué trascendencia hay que darle al último Euskobarómetro?

–       Las encuestas como la del Euskobarometro tienen las limitaciones propias de cualquier diálogo que parte de unas preguntas previamente establecidas. Pero esa limitación puede darse también en cualquier “consulta vinculante” que se haga a toda la ciudadanía. La libertad de preguntar es tan o más importante que la libertad de respuesta en una democracia. Por eso es fundamental la participación activa en el cuestionamiento crítico de lo que hacemos y dejamos de hacer. En el Euskobarómetro del que me habla hay dos aspectos que deben diferenciarse: los datos (condiconados por las preguntas) y su interpretación. Desde un punto de vista democrático son preocupantes los dos.

–       Esandakoarekin argi dago Euskadin ez gabiltzala oso osasuntsu, kasu hortan: ¿cuáles son los pasos que habría que dar para fortalecer nuestra democracia?

–       Aunque parece que quiere olvidarse, nuestra situación democrática padece todavía en exceso de la herencia de cuarenta años de franquismo. Algunos que se dicen ´demócratas´ recuerdan la dictadura franquista como época de “placidez”. Y no pocos antifranquistas creyeron que bastaba dar la vuelta al calcetín para alcanzar la democracia. Son dos de las confusiones que deben superarse en las nuevas generaciones para asumir el reto de la reconstrucción democrática de las relaciones entre personas y pueblos.

–       Muchos hablan de ella, pero pocos saben definirla. ¿Qué es la “normalidad democrática”?

La normalidad democrática radica en que las normas de la convivencia están sujetas a la crítica, a la revisión y al reajuste, con el peligro de reducir o empeorar su cantidad o calidad democráticas, pero con la posibilidad de ampliar y mejorarlas. Y el árbitro de dicho proceso debe ser la ciudadanía que ejerce libremente sus opciones, sin otro límite que el debate democrático civilizado y la aceptación de las decisiones adoptadas en conformidad con las reglas al uso en los sistemas democráticos avanzados.

Pako Garmendia, Doctor en Teoría Política por la Universidad Ludwig Maximilian de Munich, Catedrático de la Universidad de Deusto, es Profesor de “Ideas e Instituciones Políticas” desde mediados de los años 70, los del inicio de la transición de la dictadura franquista a la democracia. Ése ha sido uno de los temas centrales de su docencia .

enero 15, 2010 - Posted by | Pako Garmendia | , , , , , , ,

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