Nabaizaleok / Iritzia

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Escarmientos

A López de Uralde, el de Greenpeace, le han castigado por malo y sobre todo por burlarse del sistema, de las convenciones, del teatro social de los poderosos, por sacar de la calle la protesta legítima y necesaria contra el cambio climático y meterla en los palacios, donde los amos están a salvo; por ser un símbolo de todas las protestas pacíficas, pero notorias, contra los abusos de quienes sostienen y se benefician con largueza de un sistema económico que cuando hace aguas, como acaba de hacer, paga la clase social de los paganos, que no es precisamente la que se beneficia de las ayudas gubernamentales a la crisisquecrisis.

Con Greenpeace sucede algo curioso. Es gente aguerrida, osada e imaginativa. Lo de colarse en la cena de gala de los daneses estuvo muy bien. Ahora reforzarán las medidas de seguridad de los fastos nefastos y harán bien. Que se molesten e incordien entre ellos. Les tocarán las partes nobles con guante blanco. Lo malo, y más que previsible, es que esas medidas de seguridad irán rebotando hacia abajo hasta convertir esto en un andar con las manos arriba. Las protestas pacíficas van a verse muy recortadas. Son un blanco fácil para las arbitrariedades policiales.

Los de Greenpeace hacen lo que mucha más gente quisiera hacer. Esto es, que cuentan con un apoyo sentimental e ideológico, económico también, aunque menos de lo que necesitan, de un sector importante de la población. Se les considera una especie de moscas cojoneras que si no logran impedirlo del todo, molestan lo que pueden el normal funcionamiento del expolio ampliamente consentido, ya sea en el Pacífico Sur -caza de ballenas o talas masivas para andamios de rascacielos japoneses, según describía Luis Sepúlveda en uno de sus vigorosos relatos- o en el Atlántico Norte. Molestan. No llegan ni siquiera a ser el David de Goliat, porque cuando a Goliat se le va la mano, aplasta al David de turno y si no pasa nada, pasa poco.

¿Recuerdan ustedes la voladura por parte de los servicios secretos franceses del Rainbow Warrior en los mares del Sur? No cayó mucho peso de la ley sobre los responsables. Como mucho algo de caspa legal mezclada con confetis en el hombro de los funcionarios criminales y adheridos.

Ahora, como es más que posible que las acusaciones que pesan sobre los activistas detenidos en Dinamarca no se sostengan, los daneses han castigado a López de Uralde con dureza y han destapado una de sus vergüenzas nacionales: la inseguridad jurídica. Otro paraíso democrático, europeo, que enseña los calzones: no es oro todo lo que reluce, y por lo que a seguridad jurídica, Dinamarca está a la altura de cualquier país bananero. Es de carcajada. Detenciones incomunicadas o semi comunicadas, ausencia de información sobre la propia situación e indefensión por tanto, poca o nula asistencia letrada, lo mismo por la pavada de la representación diplomática a la que un carcelero hacía callar cuando le daba la gana… De traca. Les trataron como a perros o peor que a perros. Eso decía López de Uralde.

López de Uralde, junto a otros tres activistas de Greenpeace, se ha pasado 21 días encarcelado en pésimas condiciones, pero su situación tampoco ha levantado protestas generalizadas de las habituales cabezas pensantes de la democracia. Quien se siente identificado con el sistema protocolar que adorna como espumillón navideño al sistema económico y al de las preeminencias políticas, ha visto en el gesto de López de Uralde una agresión que merecía castigo inmediato, no fuese a ser que la ley no les diera su merecido, es decir, su verdadero merecido, palo de escarmiento, y que los de Greenpeace se hayan metido por una gatera legal, uno de esos vacíos que los magistrados represores no puedan retorcer y convertir en arenas movedizas. Y en consecuencia, esa detención y ese trato abusivos les ha parecido estupendamente, que sepa lo que es bueno.

En el otro extremo, allí, en la Araucanía chilena, cerca de Temuco, la patria chica de Pablo Neruda, donde éste aprendió lo que era la lluvia, está detenido un enemigo de la sociedad, eso decía el cretino del fiscal: el escritor vasco Asel Luzarraga, a quien relacionan con un atentado con bomba a dependencias oficiales (el burdo montaje policial no está bien construido todavía) con la agravante de haber apoyado a la dignísima activista mapuche Juana Calfunao, condenada y perseguida por la defensa de los derechos del pueblo mapuche, que hizo lo que muchos hubiesen querido hacer.

Las noticias oficiales chilenas son confusas y contradictorias, pero malintencionadas, como todas las que se urden al amparo de la propaganda negra, y si no se refirieran al encarcelamiento de Asel Luzarraga, darían más risa que otra cosa. Basta leerlas con detenimiento para darse cuenta de la inconsistencia de las acusaciones y de la voluntad de dar un escarmiento a los extranjeros que se inmiscuyen en las chapuzas nacionales. Hay que pintar al detenido como un peligroso anarquista, ¡qué horror! El fondo del asunto: los testigos de los abusos que en el Chile de Bachelet sigue padeciendo el pueblo mapuche y sus líderes resultan molestos.

La región mapuche y sus habitantes, las comunidades mapuches, está cubierta por un espeso manto de desinformación. Sigue vigente el ladrido de Pinochet: “¡Aquí no hay mapuches, aquí hay chilenos!”. Ahí, en Araucanía, periodistas, fotógrafos y escritores que no comulguen con las ruedas de molino oficiales no son bien vistos. Los solidarios suelen sobrar cuando el objeto de su atención no es el que se lleva. Y para asuntos de indigenismo, Chile no es el mejor escenario de América Latina. El de Asel Luzarraga no es el primer caso de detenciones y expulsiones de periodistas extranjeros en la región. Nadie es bien visto si no es en calidad de turista beato, o si con su trabajo dudosamente informativo no echa combustible a la industria turística y dice lo que los posaderos quieren que se diga en beneficio de su caja registradora.

Miguel Sánchez-Ostiz

enero 11, 2010 - Posted by | Miguel Sánchez-Ostiz | , , , , , , , , , ,

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