Nabaizaleok / Iritzia

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El derecho al debate

El primer paso de una Catalunya más digna, más caritativa, más justa y, sin ninguna duda, más bella.

Todo está dicho por ambas partes. Tanto es así, que incluso algún protaurino de boca desbocada, rodeado de los sospechosos habituales, ha llegado a comparar a los que luchamos contra las corridas de toros con Hitler. El mundo al revés, que diría el sabio, los que aman la tortura y la muerte comparando a los defensores de los animales con los nazis. Más allá del gusto por banalizar al peor criminal de la historia, usándolo para cualquier pegote –propio de quienes no son inequívocamente sensibles a la historia trágica de Europa–, la cuestión ya no tiene debate. O uno se mantiene en el lado del mundo que gusta de la tortura, adornándola con todo tipo de justificaciones que aguantan lo que aguanta la conciencia; o uno se mantiene en el lado del mundo que lucha, sencillamente, por un gramo más de caridad. No valen los argumentos estéticos, los familiares –aquello de que “mi papá me llevaba a los toros”, pues ¡crece de una vez!–, los de la tradición, porque ninguna tradición puede sustentar la maldad, ni cualquier otro argumento que intente justificar aquello que es injustificable. Lo único que aguanta es reconocer, para uno mismo, que gusta de la estética de la muerte, sin importarle el dolor que representa. Y ese argumento sólo lo puede sostener un Hemingway, que pasaba de todo. Los otros, ni se atreven. De ahí que intenten alambicadas argumentaciones como la de la defensa de la libertad, como si la libertad no se sustentara, por suerte, en prohibir lo malvado. “Es la civilización, estúpido”, que diríamos parafraseando al estratega de Bill Clinton, James Carville. Es decir, es avanzar por los estrechos y lentos caminos de una sociedad mejor. Basar una fiesta pública en una horrible tortura de un animal noble, sencillamente nos hace peores como sociedad, ergo, peores personas.

Argumentos a un lado, lo que hoy se debate es el derecho a debatir sobre las corridas. Tengo la plena confianza de que este derecho democrático fundamental no será hurtado por los lobbies taurinos, cuya desenfrenada campaña sobre los diputados sólo es equiparable al miedo que tienen, no en vano saben que son los últimos dinosaurios de este patético jurásico. Los toros están en absoluta decadencia, incluso allí donde tienen más vigor, y en zonas como Catalunya, sencillamente están al borde de la desaparición. La iniciativa legislativa popular llega, pues, con el debate maduro en la calle, con la voluntad popular absolutamente mayoritaria y con la convicción de que tenemos un Parlament que no impide el ejercicio de la democracia. Si hoy el Parlament no permitiera el debate sobre los toros, sería, como dice la Plataforma Prou, “una vergüenza internacional”. Esperemos, pues, que esa vergüenza no se produzca, y que hoy sea el primer paso de una Catalunya más digna, más caritativa, más justa y, sin ninguna duda, más bella.

Pilar Rahola.

diciembre 19, 2009 - Posted by | Pilar Rahola | , ,

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