Nabaizaleok / Iritzia

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El partido del sinsentido.

Lo votan cuatro gatos, el problema es que imponen sus consignas a la mayoría ciudadana.

Hay una diferencia entre la radicalidad y el sinsentido. Es decir, habitan muchos pueblos entre una actitud ideológica radical –cuya música disonante no tiene por qué impedir un sentido profundo de las cosas– y confundir la radicalidad con la falta de sentido común. Es cierto que la política tiene un fuelle generoso, y que todo cabe en la vía parlamentaria, incluso el ridículo más estentóreo, pero también es cierto que cabe reclamar algo de sentido común a quienes dicen representar al común de los ciudadanos. O no, porque ya dijo el genial autor de Largo viaje hacia la noche, el dramaturgo Eugene O”Neill, que “creer en el sentido común es la primera falta de sentido común”.

A pesar de ello una, en su ingenuidad, ha llegado a creer que un partido de gobierno (tanto, que lleva toda la vida disfrutando de las mieles del poder en Barcelona) debe albergar un cierto pragmatismo racional, una cierta capacidad de aunar sus eslóganes ideológicos con la realidad ciudadana. Debe, o debería, porque a tenor de las acciones que reiteradamente lleva a cabo ICV en el Gobierno catalán, cualquier esperanza de sentido común se va literalmente al traste.

Ahora toca hundir las últimas posibilidades de que se rebajara drásticamente el impuesto de sucesiones, una de las ignominias impositivas más severas que sufren los catalanes. Este impuesto no sólo es injusto desde la comparativa territorial, sino que es un auténtico martillo que destruye patrimonios y el trabajo, a veces muy modesto, de toda una vida. Es un impuesto contra la gente, contra los padres que dejan su legado a los hijos, contra la herencia entendida como un esfuerzo legado a los propios. Este impuesto es, lisa y llanamente, una maldad. Y parecía que finalmente el tripartito, gracias al esfuerzo del conseller Castells, que hizo malabarismos para cuadrar los números, sería sensible al unánime grito ciudadano, y lo reduciría a la nada. Pero no. Ha llegado otra vez ICV y usando su nimia representación, tan bien situada en el poder, ha conseguido un apaño que no resuelve el agravio. Lo peor es que estos tipos se llenan la boca hablando de justicia y el resto de palabras bonitas que intentan monopolizar, y sin embargo son los artífices de mantener esta monumental injusticia social.

Otra vez, pues, ICV hará honor a su deriva ideológica e intentará frenar un instrumento que ayuda a construir una sociedad mejor. Como ya ha hecho con algunas de las grandes infraestructuras, o con la buena imagen de la policía catalana, arrastrada por el lodo de su pésimo conseller. No es un partido radical. Es un partido que ha perdido el sentido común, y que navega entre consignas a la búsqueda de la idea perdida. Lo votan cuatro gatos. El problema es que esos cuatro gatos imponen sus consignas a la mayoría ciudadana. Montilla, you have a problem. Y ese problema se llama ICV.

Pilar Rahola.

diciembre 17, 2009 - Posted by | Pilar Rahola | , , , ,

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