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El juicio que nunca debía haber comenzado

Así lo entendió también la Fiscalía, que no vio pruebas de cargo suficientes para enjuiciar a las diez personas sentadas en el banquillo por el ‘caso Egunkaria’, con peticiones de cárcel absurdas: redondeando, entre 13 y 30 años, si sumamos peticiones por diversos presuntos delitos. Pero el juez instructor ha discrepado de la Fiscalía.

No me gustaba la línea editorial del periódico cerrado por el juez; no compartía su forma de seleccionar las noticias; no me parecía que el modo de darlas fuese adecuado en absoluto; dejé de comprar nuestro único diario en euskara relativamente pronto. Sin embargo, lo que se ha hecho con los diez encausados es una barbaridad, y atenta frontalmente, en mi opinión, contra los usos democráticos que deben imperar en un Estado de Derecho. No se puede cerrar un diario, ni éste ni ningún otro, si las pruebas son tan endebles que hasta el fiscal retira la acusación contra los imputados y solicita el archivo de la causa. No se puede cerrar un diario, y esperar a que pasen los años, como en este caso ha sucedido, sabiendo que ese cierre ‘provisional’, hasta la redacción de la sentencia, oculta en realidad el hundimiento definitivo de la empresa editora. No se puede permitir una discrecionalidad de tal envergadura. Mucho menos si no hay forma, ni fuerza, ni ganas, de exigir responsabilidades a nadie, si resulta que luego las cosas no eran como se pensaba. A veces, ciertas decisiones salen demasiado baratas.

Las imágenes del director del periódico, Martxelo Otamendi, cuando quedó libre tras las detenciones, hace varios años, se me quedaron grabadas. Una persona con la cara desencajada, intentando buscar una explicación sobre lo que había sucedido con él. Dos versiones contrapuestas sobre su detención: la suya propia, y la oficial. Caso cerrado, el del trato recibido en el calabozo, pero no enterrado. Caso no enterrado en este universo del euskara tan reducido, en donde al final acabamos conociéndonos todos con más o menos detalle. Caso lleno de sospechas, con una versión oficial que muy pocos de quienes conocen a estas personas han creído nunca.

Ahora se sientan ante el juez y comienza la intriga. Vamos a ver qué tipo de doctrina se aplica en esta ocasión, porque pareciera que los juzgados quieren imitar, a veces, al camarote de los hermanos Marx, haciendo suya la máxima de Groucho: «¿No le gustan mis principios? Ningún problema: tengo otros». Y así, en ocasiones aparece la ‘doctrina Parot’, luego la ‘doctrina Botín’, más tarde la ‘doctrina Ibarretxe’, después viene Camps, todo de sobresalto en sobresalto, mientras miramos, ya con dolor en el cuello de tantas vueltas, la partida de pinpón que se traen el Supremo y el Constitucional entre ellos. Ése es también el contexto de la justicia en España. Quizás se pueda aplicar la ‘doctrina Campelo’, devoto seguidor del juez Marlon y persona -al tiempo que juez- de enorme y fecunda imaginación. A lo mejor sería lo más adecuado en esta ocasión: Marlon intentó hace un par de años, inútilmente, hay que decirlo, localizar a Dios mediante un requerimiento judicial en Nebraska, y como no lo encontraba, desistió de forma oficial en el empeño. Supongo que creó jurisprudencia. Quizás, si hubiera buscado en la Audiencia Nacional, habría encontrado alguna pista. Porque, no sé, me da la impresión de que encontrar a Dios va a resultar más fácil a este paso que dar con alguna prueba sólida contra los encausados. Así que a ver de qué echamos mano en esta ocasión y qué encontramos en el sombrero, procurando que el trabajo neuronal no se resienta demasiado.

La lucha contra el terrorismo, ampliando sospechas y buscando responsables en círculos cada vez más alejados de quienes empuñan de forma directa las armas tiene, a la par que una virtud (se trata de afrontar en toda su complejidad lo que no es sino un problema complejo), un enorme peligro: el de traspasar en demasiadas ocasiones, y con demasiada facilidad, unas líneas que son borrosas, de tal modo que la responsabilidad del delito acabe engullendo ‘todo lo que suene a’. Se acaba identificando así el magma terrorista con lo que en muchas ocasiones no es sino la ladera hacia la que se habría deslizado si no hubiera solidificado antes. No todo es ETA. El ‘caso Egunkaria’ se ha vivido aquí de ese modo, incluso por personas, como el que suscribe, que se han mantenido a una distancia prudencial y no se han identificado para nada con aquellas páginas, por más que en sus inicios apoyasen, incluso económicamente, el nacimiento del diario, como lo hicieron otros miles de personas por amor a la lengua.

No vale todo en la lucha contra el terrorismo. No valen los atajos, ni valen las presunciones sin fundamento. El ‘caso Egunkaria’ se ha desinflado con el tiempo, y esperemos, por el bien de todos, y por la salud de la propia democracia, que se acabe pinchando del todo. La libertad de información, el derecho a expresar la opinión, y poder hacerlo, además, en euskara, son unos valores de tal magnitud, que cualquier titubeo en su defensa acabará teniendo consecuencias negativas en nuestra propia convivencia. Y sería conveniente que eso se viese también desde Madrid, aunque sea una capital lejana.

Pello Salaburu.

diciembre 17, 2009 - Posted by | Pello Salaburu | , , , ,

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