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La sutileza de Vinyoli

Su poesía nunca me falla, como si tuviera el don de transformarse según la cadencia de cada instante.

Soy lectora de Joan Vinyoli desde siempre, incluso desde las épocas en que su poesía intimista conectaba mal con el hambre de compromiso político que caracterizó los gustos del antifranquismo. Eran los tiempos del “tomar partido, partido hasta mancharse” de José Agustín Goytisolo, que Paco Ibáñez cantaba con su voz rota. O los tiempos de las “fábricas” de Miquel Martí i Pol, cuyas poesías de combate alimentaban nuestro despertar resistente. Las canciones, los libros, las películas –de arte y ensayo, por supuesto–, la poesía, todo tenía que tener un mensaje, todo debía estar sujeto a las tormentosas contingencias de la realidad que nos pesaba cual una losa, y no cabían los gustos pequeñoburgueses de las simples emociones.

Probablemente forjé ahí, en mi heterodoxia sensitiva, parte de mi carácter indómito, y también ahí aprendí a nadar contracorriente, sin morir en el intento. Me gustaba Joan Vinyoli, sus sutiles universos, su mundo frágil, más allá de los asfixiantes mundos terrenales, su delicada lírica, entre tanta épica trascendente. Era un poeta más allá del momento, pura metáfora del vivir. “Amb ulls encesos cal entrar / dins la nit del misteri, / perquè el secret, així com l´aire / que bat als ulls, penetri fins al cor”. Y, por ello mismo, siempre fue un fiel compañero de viaje, en los tiempos gritados y en los tiempos serenados, en los amores y en los adioses, en la adolescencia revuelta, y en la madurez tranquilizada. A lo largo de las vidas que voy viviendo, su poesía nunca me ha fallado, como si tuviera el don de transformarse según la cadencia de cada instante. Así son los grandes poetas, cazadores de pompas de jabón que congelan para siempre. Sense and sensibility concentrados en la mínima cantidad de palabras. La poesía es la música de las palabras.

Leo la buena noticia de la mano de Rosa Maria Piñol: acaba de publicarse una nueva biografía de Joan Vinyoli, en el 25.º aniversario de su muerte, titulada La bastida del somnis. La ha escrito Pep Solà, cuyo amor poético no es incompatible con su carrera de ciencias exactas. Y hago un paréntesis. No me sorprende comprobar, nuevamente, que los matemáticos son los más “literarios” de los estudiosos de ciencias, y que abundan los lectores de poesía.

¿Por qué? Probablemente porque, si la poesía es la música de las palabras, las matemáticas son la poesía de la ciencia. Así pues, Vinyoli reaparece en este libro que pretende reconstruir su densa experiencia vital a través de sus intensos poemas. Personalmente, será una lectura anhelada, para estos días robados a la agenda, y una excusa para volver al poeta otra vez. Otra vez que será, como siempre…, la primera vez. “Vindran els Foscs a dir que no som res, / i no som res excepte el guspireig / d’aquesta hora viscuda amb tant de pes”.

La gran poesía siempre retorna, más allá de las prisas y los olvidos…

Pilar Rahola

diciembre 8, 2009 - Posted by | Pilar Rahola

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