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Salud mental y responsabilidad pública

LA visión y el tratamiento de las enfermedades mentales han variado a lo largo de la historia y según las civilizaciones. Así, la avanzada medicina árabe de la que disfrutaron durante la Edad Media y su conocimiento en el trato a los enfermos mentales posibilitó la apertura del primer hospital psiquiátrico del mundo en Valencia. Después de ese paréntesis, el desconocimiento científico, la ignorancia generalizada, los prejuicios religiosos y sociales han conllevado un considerable retraso en el tratamiento de la salud mental, provocando enorme sufrimiento en las personas que padecen trastornos mentales y su entorno familiar. Estamos todavía en pañales si comparamos con los avances en investigación y tratamiento de otras enfermedades.

En Navarra la reforma psiquiátrica de 1986 fue el motor de una mejora sustancial en la atención a las personas con enfermedades mentales hasta entonces recluidas en el antiguo manicomio de Pamplona para equiparar la respuesta sanitaria y social a otras enfermedades y problemáticas. El avance más significativo de las últimas décadas ha sido el desarrollo de fármacos con alta capacidad de contención de los síntomas, lo que ha posibilitado una mayor socialización de los afectados. Otros avances importantes tienen que ver con el soporte externo de la red de Salud Mental integrada en el sistema sanitario público, la incorporación de dispositivos de atención infanto-juvenil y en los últimos años el reconocimiento de prestaciones sociales y servicios cuya gestión es casi íntegramente concertada.

Reconociendo dichos avances hay que denunciar por persistentes e importantes las carencias y deficiencias que seguimos arrastrando. La salud mental en Navarra evidencia la falta de inversión presupuestaria en la adecuación del sistema sanitario y del sistema de protección públicos para atender una compleja realidad que es responsabilidad de todos. Es patente la escasez de recursos económicos, personal especializado y saturación de los dispositivos de atención, carencias que se intentan paliar con el recurso farmacológico. Destaca la imparable privatización del tratamiento de la salud mental como consecuencia de éstos y de otros factores como el aumento de la población en Navarra y nuestro modelo social de producción y consumo. La pérdida de la salud mental es el resultado de la interacción de diversos factores internos y externos. Entre el 25 y el 30% de la población ve su salud mental afectada a lo largo de su existencia, especialmente y de forma grave las personas con predisposición y vulnerabilidad.

La endémica falta de adecuación de los recursos a las necesidades cobra relieve en situaciones como el ingreso hospitalario de pacientes con episodios agudos, la derivación de jóvenes con trastornos mentales graves hacia recursos de rehabilitación, ocupacionales o laborales insuficientes e importantes para evitar el agravamiento de las enfermedades y el temprano deterioro de los afectados. Es llamativa nuestra prolongada insuficiencia de plazas residenciales y de hospitalización de larga estancia que hace inviable una atención preferente y especializada a los casos más complejos con pluripatologías, consumos o retraso mental. Es lamentable que a los reclusos enfermos en la cárcel de Pamplona se les siga privando de atención psiquiátrica. La prevención y detección precoz de trastornos mentales graves en la población de riesgo brilla por su ausencia y es determinante para mejorar la salud mental y el bienestar social, además de ahorrar importantes recursos económicos.

Hasta hace pocos años la salud mental era una cuestión de beneficencia. Su incorporación tardía a la organización del estado social ha coincidido con el desmantelamiento del sector público y en Navarra con el alejamiento de la convergencia social con Europa y la bajada del porcentaje del PIB dedicado al gasto sanitario público. Hemos retrocedido y adolecemos del conocido vicio de la mala gestión que soluciona lo más fácil y aparca lo más difícil o complejo. Se persiste en soluciones fallidas y compartimentadas que no dan una respuesta global a problemáticas como la salud mental que exige procedimientos de actuación flexibles, ágiles y coordinados sobre los afectados y su entorno. Aquí el gobierno de lo público va muy por detrás de las necesidades ciudadanas.

En sociedades como la nuestra que se rigen por el modelo de pacto social, la salud ha ido cobrando un peso importante entre las tareas del Estado y en la organización de una Comunidad Foral con plenas competencias para la planificación y desarrollo de políticas sanitarias, sociales y educativas. Contamos con la Hacienda Foral para sostener esas políticas y con la potestad de acordar medidas globales y efectivas para la salud mental con los sectores profesionales y sociales, tanto en la prevención como en el tratamiento y rehabilitación que su pérdida conlleva. Hemos sido pioneros en materia de sanidad pública y servicios sociales y debemos recuperar posiciones perdidas frente a otras comunidades que han ido invirtiendo y dotándose de recursos multiprofesionales para adecuar la respuesta al peso que tiene la salud mental.

Tenemos capacidad para superar lo que hay y solucionar con efectividad la atención a la salud mental en Navarra con aceptable calidad de vida para las personas afectadas y su entorno. Entendemos como medidas necesarias la puesta en marcha y permanencia de programas de prevención de riesgos y de sensibilización, coordinación ágil en las actuaciones sanitarias, sociales, educativas y judiciales; el enfoque psíquico en el procedimiento de reconocimiento de la situación de dependencia; individualización en los tratamientos de las personas enfermas; actuaciones de soporte a su entorno más próximo; asesoramiento y medidas de respiro para las familias. Las personas con trastornos mentales graves deben contar con garantías ante la necesidad de hospitalización en unidades de agudos, unidades de larga estancia, plazas en residencia asistida; dispositivos de rehabilitación, ocupacionales, laborales y de ocio que en estos casos son de vital importancia.

Algunas de estas medidas existen de forma insuficiente y parcial. La salud mental tiene que lograr espacio en la agenda de prioridades con carácter multidisciplinar y dinámica circular. Sería oportuno revisar decisiones y recursos asignados por la Administración foral a su sostenimiento. Incidimos en la necesidad de mayor responsabilidad directa del sector público, impulso de la sensibilización social y cooperación de los medios de comunicación en la transmisión de esta realidad que requiere esfuerzos conjuntos para superar el reto que representa.

Foro Iruña

noviembre 13, 2009 - Posted by | Foro Iruña | , , , , , , , , , , ,

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