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Yolanda Barcina y el nacionalismo ‘sectario’

Nada más ser elegida presidenta de Unión del Pueblo Navarro, Yolanda Barcina hizo pública su particular conjura contra el nacionalismo vasco y dijo: “No es de recibo el pensamiento único y sectario de los nacionalistas”. Ese día, y en apariciones públicas posteriores, afirmó que buscará puntos de encuentro sólo “con los partidos que crean en el Amejoramiento y la Constitución” y lanzó un guante envenenado al PSN, exigiéndole que renuncie para siempre a pactar con “los nacionalistas”, y por tanto a articular la mayoría institucional alternativa a UPN existente en Navarra.

Las palabras de Yolanda Barcina no son cuestión baladí, tratándose de la sucesora de Miguel Sanz, y con toda seguridad futura candidata de UPN a la presidencia del Gobierno. Aunque tampoco sorprenden. La derecha navarra ha basado su proyecto político en la negación de la pluralidad de esta comunidad, la deslegitimación y la erradicación de sus raíces vascas. Pero, ciertamente, ha crecido siempre gracias a la claudicación ideológica y estratégica del PSN, que una y otra vez ha sacrificado sus postulados de progreso y la vocación natural de una parte importante de sus votantes a hacer valer la mayoría plural que reflejan las urnas. Ahora, la flamante presidenta de UPN pide a los socialistas que den un paso más, y abracen definitivamente su proyecto excluyente bajo el inapelable argumento del supremo interés nacional.

Precisamente porque Navarra es plural y se caracteriza por la riqueza de matices y contrastes en todos los ámbitos de la acción colectiva. En Navarra coexistimos dos opciones políticas legítimas contrapuestas: la de aquellos que quieren una Navarra organizada políticamente de forma diferenciada del resto de territorios vascos, y la de quienes entendemos que Nafarroa es una parte fundamental de Euskal Herria y defendemos la creación de un marco jurídico-político común entre todos los vascos.

Un gran dirigente que aspire a liderar Navarra debe saber concitar estas ideas y respetar la existencia de un nacionalismo vasco con solera, que desde hace décadas forma parte de la conciencia colectiva y el acervo político de esta comunidad. Debe proteger el euskera, lengua propia, y comprender y encauzar una visión del mundo expresada en el amor a la cultura vasca y el sentimiento de pertenencia a este pueblo, que es intrínseco a la identidad de Navarra.

Sin embargo, que la máxima dirigente del partido más votado en Navarra rechace a priori el acuerdo en las grandes cuestiones con quienes no comparten su visión de esta comunidad y condicione la interlocución y el diálogo al acatamiento de unas leyes en cuya reforma, aunque fuera sólo por razones democráticas, deberíamos coincidir todos los partidos navarros, es un mal comienzo. Más, si esta negativa al acuerdo se acompaña de una acusación gratuita de sectarismo a la otra parte, con la pretensión de trasladar a la sociedad que la distancia de fondo entre el proyecto de UPN y el de fuerzas como EA o NaBai no es de índole ideológica y legítima, sino de naturaleza ética y democrática. Eso sí es inducir al pensamiento único, señora Barcina.

Puede decirse que la fama le precede a la presidenta de UPN, que en la gestión municipal ha destacado por su afán desmedido de generar discordia, crear confrontación y poner trabas a toda iniciativa popular que no concuerde con sus ideas. Como alcaldesa, la señora Barcina ha contribuido activamente a dividir la sociedad en tirios y troyanos, haciéndose valedora de posiciones de la extrema derecha, a veces incluso resistiéndose al propio cumplimiento de la ley en cuestiones como la rotulación bilingüe de las calles o la sustitución de los símbolos franquistas.

Su primer discurso, basado en el maniqueísmo (la verdad es España, la mentira Euskal Herria) y en la negación de toda legitimidad a quienes, teniendo el mismo derecho a defender nuestro proyecto y nuestras propuestas en las instituciones, discrepamos de ella, supone, lamentablemente, un mal augurio para las relaciones entre las distintas sensibilidades presentes en Navarra.

A estas alturas es muy obvio que el nacionalismo español ha convertido la ilegalización en una herramienta electoral para alcanzar sus fines políticos, y la deleznable violencia de ETA en argumento de excepción para justificar en Euskal Herria una unidad de acción impensable en otros puntos del Estado. Estrategia cuyos réditos revierten principalmente en la derecha más autoritaria. Basta comprobar el fruto que ha reportado a la propia Yolanda Barcina sus advertencias al PSN nada más conocer los resultados electorales en la capital navarra.

Pero más allá del juego de las mayorías y los pactos de Gobierno entre UPN y PSN, y ahora entre PSE y PP en la Comunidad Autónoma Vasca, hay un importante elenco de problemas sociales concretos y de grandes cuestiones políticas pendientes de solución, que sólo podremos resolver profundizando en el diálogo y ampliando la democracia. Conflictos, retos, necesidades para cuya resolución la dialéctica de la confrontación, y la lógica de los vencedores y los vencidos, tan habitual en la política navarra, no sirve. Como afirma el filósofo Jürgen Habermas, “el diálogo constituye la forma ideal de comunicación. Y no hay posible situación de diálogo si los sujetos no se reconocen mutuamente la plena igualdad de seres libres y responsables”.

El propósito de hacer avanzar a esta comunidad conlleva el compromiso de renunciar a la imposición y sustituirla por el entendimiento y el ejercicio democrático serio y sin tabúes. Así, y como representante nacionalista vasco, le hago llegar a la nueva presidenta de UPN la siguiente propuesta: ¿se atreve a promover la eliminación de todas las trabas y argucias legales que limitan que la ciudadanía navarra pueda decidir libre y democráticamente su futuro? ¿Está dispuesta ella y su partido a desarrollar todos los instrumentos de que dispone Navarra, de acuerdo a sus derechos históricos, para profundizar en nuestra capacidad de autogobierno y poder responder mejor a la coyuntura actual? ¿Sería capaz de defender el respeto de los derechos humanos siempre y en todos los casos, venga de donde venga su vulneración? Por último, ¿está de acuerdo con que Navarra debe ser lo que los navarros quieran que sea?

Por nuestra parte, sí. Estamos dispuestos a sondear las posibilidades de alcanzar el consenso en éstas y otras grandes cuestiones y a coadyuvar para crear las mimbres de una convivencia en paz, una sociedad reconciliada y una igualdad de oportunidades y un respeto real entre todos los proyectos.

Maiorga Ramírez

noviembre 12, 2009 - Posted by | Maiorga Ramírez | , , , ,

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