Nabaizaleok / Iritzia

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Ni letra… ni música

SI algún responsable de RTVE pensó que poniendo sordina al ambiente del estadio de Mestalla en el instante que se interpretara el himno español hacía un favor a la imagen de la Corona o a la unidad del Estado, desafinó por completo. El día después de la final de la Copa del Rey de fútbol, el “error humano” en la retransmisión del partido tuvo tanta relevancia como la exhibición del Barcelona en el campo o el despliegue de la afición del Athletic en la grada. Esas notas que no escucharon en directo los espectadores de La 1 -en ETB 1 sonó íntegro- provocaron la destitución del director de Deportes, no se sabe bien si por no cumplir con su cometido profesional o como chivo expiatorio de una maniobra de ocultación mal diseñada. Porque en el instante en el que iba a sonar el himno, La 1 prefirió conectar con Bilbao y Barcelona, mientras en el estadio los silbidos por parte de las dos aficiones eran tan atronadores que acallaban la megafonía. Este instante del partido, el de la simbología y la respuesta de los espectadores, ya estaba medido de antemano. No es la primera vez que Juan Carlos I es recibido con una sonora pitada en uno de estos espectáculos de masas (ya pasó en la final en la que intervino Osasuna) y de la nutrida concentración de vascos y catalanes en Valencia sólo quedaba la duda de hasta dónde podían disparar el audímetro. Tratar de ocultar esa contestación o ese rechazo a una simbología con la que la mayoría de los allí reunidos no se siente identificado es enmascarar una parte de la realidad. Pero es eso, una parte en un contexto muy determinado y así hay que tomarlo, aunque cabe esperar el mismo respeto al himno de España, a la ikurriña y la senyera cuando ondean lejos de sus fronteras, o al himno de Turquía (silbado con fuerza en Madrid en un reciente partido de la Selección española de fútbol) como una cuestión de civismo en un acto público. No son datos para un plebiscito, pero escenifica bien esa fisura política que, en otros ámbitos, se trata de minimizar. Otra cosa es poner en contradicción a quienes organizan una fiesta o hacen centenares de kilómetros para animar a su equipo en su lucha por un título que patrocina la institución a la que silban con energía: son las licencias que se permite un fenómeno social como el fútbol, aunque parezcan irracionales. El hecho es que a un himno que no tiene letra, el miércoles le cortaron también la música. Fue un gol en propia puerta. 

DNN

noviembre 12, 2009 - Posted by | Diario de Noticias de Navarra | , , , , , , ,

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